La campana sumergida 167 Sevilla I, 22 de diciembre, 1100
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167 Sevilla I, 22 de diciembre, 1100

—¿Y el veneno?

Reyes se encogió de hombros, y aquel gesto fue lo único de toda la mañana que a Adela le pareció verdaderamente frío.

—Ustedes necesitaban una historia. Yo se la di. —Miró la pared—. Una bióloga del lince, un envenenador, un accidente. Lo habrían firmado en tres semanas.

—Murieron seis animales y un lince con collar.

—Ya.

—Se llamaba Herrumbre.

Reyes Bocanegra la miró como si le hubieran hablado en otro idioma.