143 Cañada de las Ánimas, 13 de diciembre, 1830
Se lo contó entero, en el poyete del patio, con el frío entrando por las mangas.
Y el contrato de arrendamiento de marzo del noventa y siete.
Gaspar la escuchó sin interrumpir ni una vez.
Cuando terminó, se quedó mirando el suelo un rato largo.
—Entonces mi padre lleva treinta años pagando por una cosa que no hizo.
—Sí.
—Y se lo hicieron creer.
—Sí.