144 Cañada de las Ánimas, 13 de diciembre, 1900
Gaspar se levantó y entró en la casa. Volvió con dos vasos y una botella de aguardiente de Cazalla que debía de tener veinte años.
Llenó los dos vasos hasta la mitad.
—¿Se lo puedo decir a él?
—Todavía no. —Adela cogió el vaso—. Dame una semana. Y luego te prometo una cosa: que se lo digo yo, delante de ti, con el papel del juzgado en la mano y con su nombre escrito.
Gaspar chocó su vaso contra el de ella sin brindar.
—Una semana —dijo.