120 Puesto de Cazalla, 1 de diciembre, 1920
—¿Qué vio?
—Una bota. —Kiko se limpió la cara con la manga—. Una bota de mujer, de campo, del pie derecho, con el cordón rojo. Y bajé la lona y me fui a mi casa y vomité en la cuneta de la Nava, y desde ese día no he dormido una noche entera.
El abogado le puso la mano en el brazo.
Adela no dijo nada durante veinte segundos, que en una sala de declaración es una eternidad.
—¿Quién le devolvió el coche en el cruce? —preguntó por fin.
—Ella.