La campana sumergida 93 Cañada de las Ánimas, 20 de noviembre, 2130
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93 Cañada de las Ánimas, 20 de noviembre, 2130

Salieron al patio a por leña y se quedaron parados en el frío, mirando la ladera de enfrente, donde brillaba la única luz del valle.

—Mi padre trabajó allí de joven —dijo Gaspar—. Luego se puso por su cuenta con las cien vacas de mi abuelo y nos fue bien. Es la única cosa que hizo bien mi padre.

Adela sintió que se le cerraba la garganta.

—Gaspar.

—¿Qué?

—Nada.

Él se giró para mirarla y estaban demasiado cerca, y ella no se apartó, y lo que pasó después fue tan lento que a los dos les dio tiempo a decidirlo.