La campana sumergida 94 Cañada de las Ánimas, 20 de noviembre, 2200
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94 Cañada de las Ánimas, 20 de noviembre, 2200

Fue un beso corto, de gente mayor, con las manos frías y el olor a humo en la ropa.

Luego Adela se apartó dos pasos y se pasó la mano por la cara.

—No puedo.

—Ya lo sé.

—No lo sabes. —Cogió las llaves—. Hay una cosa de tu familia que está dentro de mi investigación y que yo no te puedo contar. Y hasta que pueda, esto no puede ser.

Gaspar se quedó quieto en el patio, con la leña en el brazo.

—Pues date prisa —dijo.