La campana sumergida 92 Cañada de las Ánimas, 20 de noviembre, 1900
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92 Cañada de las Ánimas, 20 de noviembre, 1900

Fue a la finca con el pretexto de devolverle las botas.

Gaspar había hecho fuego en la chimenea de la cocina y tenía un puchero de garbanzos.

—Coma usted, teniente, que se va a caer.

—Adela.

—Adela. —Él sonrió por primera vez desde que se conocían—. Gaspar. Y ahora que ya nos tuteamos, siéntate.

Comieron garbanzos y hablaron de bellota, de la sequía, de un divorcio y de otro. Nada de moscas, ni de plomo, ni de latas de 1953.