91 Cazalla de la Sierra, 18 de noviembre, 1700
—Podemos decírselo —dijo Bermejo.
—Podemos, sí. —Adela se puso el abrigo—. Y en cuanto se lo digamos, va a subir a la Umbría a partirle la cara a un viejo de setenta y seis años, delante de testigos, y el abogado de esa gente va a tener un regalo de Reyes en noviembre.
—¿Entonces?
—Entonces me callo. Y me aguanto.
Bermejo la miró un momento más de la cuenta.
—Teniente, con todo el respeto: usted no se está callando sólo por el atestado.