69 Cazalla de la Sierra, 8 de noviembre, 2100
La sierra en noviembre se queda sin gente a las nueve. Adela cenó de pie, en la cocina del piso que le habían dado sobre el puesto, una lata de atún y dos rebanadas.
Cuarenta años. Divorciada desde los treinta y cinco de un hombre correcto que quería vivir en Madrid. Ocho traslados. Un piso con muebles del Estado.
Se asomó al balcón. Olía a leña y a montanera empezada.
Pensó, sin quererlo, en un hombre sentado en un poyete con las manos entre las rodillas mientras le levantaban las tablas del pajar.
Cerró la ventana.