67 Cazalla de la Sierra, 6 de noviembre, 0900
—Un aparato así lo pones en un árbol, lo dejas quince días grabando y vuelves a por la tarjeta —explicó Bruno Salcedo por teléfono—. Ella tenía manía de poner siempre dos: una a la vista y otra escondida. Decía que la primera era para los murciélagos y la segunda para los ladrones.