La campana sumergida 59 Residencia San Benito, Cazalla, 3 de noviembre, 1600
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59 Residencia San Benito, Cazalla, 3 de noviembre, 1600

Sebastián Marín Rodrigo tenía setenta y seis años y una memoria que se le había ido cayendo por el camino desde hacía cuatro. Estaba junto a la ventana, con una manta en las rodillas y las manos grandes y quietas.

Adela se sentó a su lado sin uniformar la voz.

—Buenas tardes, don Sebastián.

Él la miró un rato largo, buscándole la cara a alguien.

Luego se agarró al brazo del sillón y dijo, muy claro y muy alto:

—Dile a Fermín que yo no fui. Que la mía era del veinte. Díselo.