50 Cañada de las Ánimas, 29 de octubre, 1720
—¿Y no bajó a la ensenada?
—No.
—¿Por qué no?
Gaspar la miró como si la pregunta fuera nueva.
—Porque ella estaba trabajando. Si Sol dejaba el coche arriba es que estaba con los aparatos, y cuando está uno con los aparatos no quiere a nadie hablando al lado.
Adela pensó que aquello o era la verdad o era una manera muy elegante de decir una mentira.
—Voy a necesitar sus botas —dijo.