La campana sumergida 49 Cañada de las Ánimas, 29 de octubre, 1700
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49 Cañada de las Ánimas, 29 de octubre, 1700

La finca de Gaspar eran ochenta y seis hectáreas de encinar prestado a los cerdos, un cortijo blanco de una sola planta y treinta y cuatro colmenas en la ribera.

Él estaba abriendo una puerta de alambre cuando llegó el coche.

—Otra vez usted.

—Otra vez yo. El lunes doce por la noche, ¿dónde estuvo?

Gaspar dejó el alambre.

—Subí a las colmenas a las siete. Bajé sobre las ocho y media. Cené en mi casa. Nadie me vio cenar, si es lo que va a preguntar. Vivo solo.

—¿Vio el coche de Marisol?

—Sí —dijo él, sin pensárselo—. Estaba aparcado donde lo encontré el martes.