27 Finca La Nava, 20 de octubre, 1230
El lince estaba a treinta metros de un cebo: media liebre abierta y espolvoreada de un granulado azulado.
Camacho lo señaló con el bolígrafo, sin tocarlo.
Adela miró el animal. Era más pequeño de lo que había imaginado, y los pinceles de las orejas se movían con el aire.
—¿Cuánto lleva muerto?
—Poco. Un día. Dos como mucho.
Ella hizo la cuenta en silencio. Sol llevaba muerta ocho.