La campaña de los difuntos 41. El formato #2
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41. El formato #2

Los veintisiete no se pueden dar de baja de golpe. Veintisiete defunciones no comunicadas que aparecen todas juntas en el Registro Civil de un municipio de doscientos cincuenta y dos habitantes es un expediente, una comisión y probablemente una visita de la Guardia Civil.

De modo que se hace despacio.

Cuatro o cinco al año. Con su certificado, con su inscripción y con su baja en el padrón. Los que tienen pensión, los últimos, y los que no dan nada, los primeros.

Esa regla la puso Ceferino y es de una lógica que no admite discusión: si se va la pensión, se va el dinero, y el dinero hace falta hasta que el programa esté rodado.

Herminia sacó una hoja y fue haciendo la lista por orden.

Primero Álvaro, que no da nada. Después los tres de la residencia, que dan plaza pero la plaza se puede sustituir con vivos. Después los de las tarjetas sanitarias. Y al final, en la última columna, los diecinueve que cobran.

—Rosario Salcedo va aquí —dijo Herminia, y puso el bolígrafo en la última columna.

Y levantó la vista.

Estábamos los cuatro en la mesa camilla de aquella mujer, con las faldas puestas y el brasero debajo, en la cocina de su casa.

Yo llevaba once semanas con una cosa dicha en una iglesia vacía: que iba a inscribirla. Se lo había dicho a Sagrario y me lo había dicho a mí, y me lo había repetido en el coche y en la cama unas cuantas veces.

Tenía delante el momento exacto de hacerlo. Cuatro personas, una hoja, un bolígrafo y una alcaldesa que puede decirle a la jueza de paz de su municipio que abra el libro y escriba una fecha.

Y lo que dije fue:

—Donde toque.

Herminia no me miró. Escribió el nombre en la última columna, con las demás, y siguió con la lista.

Y Ceferino, que es el hombre más educado que he conocido, hizo lo único que se le puede reprochar en toda esta historia, que fue callarse.

La pensión de mi madre son novecientos veintiséis euros al mes. Es de las más altas de la lista, porque mi padre cotizó treinta y un años en la azucarera y ella cobra la viudedad con el complemento.

Novecientos veintiséis euros al mes por trece meses.

Mi madre va a estar muerta oficialmente en 2031.

Sale a once mil quinientos euros al año. Eso es lo que vale, al cambio de este pueblo, la fecha en una piedra.

Nicasio ya ha inscrito a cinco.

Y por cada baja, un alta.

Porque el programa tiene plantilla, y la plantilla necesita estar cerca, y en este pueblo hay doce casas cerradas en la calle de la Tercia.

Marta se empadronó en octubre. El técnico de sonido, en noviembre.

Jandro, que ya tiene dieciocho, está contratado como responsable de redes y sigue viviendo con su abuela.

Ocho altas en cinco meses.

—A ver si me aclaro —me dijo Ceferino aquella tarde, con la calculadora de propaganda—. Que vamos a ir quitando muertos y poniendo vivos.

—Uno por uno.

—Uno por uno —repitió, y se quedó un rato con el bolígrafo en el aire—. Igual que cuando te trajeron a ti.

Lodares tiene su acta y va a todos los plenos.

En diciembre le llegó una carta de Alcores Media ofreciéndole participar en el programa, en una sección fija de cuatro minutos, como voz crítica. Le pusieron nombre y todo: «el escéptico».

Se lo enseñó a Rufo en el bar, delante de tres personas. Lo leyó, lo dobló en cuatro y se lo guardó en el bolsillo interior.

No ha contestado.

Su recurso contencioso-administrativo por la certificación del padrón sigue vivo en el juzgado de Cuenca. Va por el segundo trámite. Le han dicho que puede tardar dos años.

Y a mí, cada vez que me lo cruzo en la plaza, me da los buenos días.

Y ahora lo del nombre.

El formato lo bautizaron ellos en la segunda reunión, y lo pusieron encima de la mesa como quien pone una cosa que ya está decidida.

EN TRÁNSITO CON MACA DE ESPAÑA.

—Ese nombre es de aquí —dije.

—Ese nombre es suyo —dijo Poli—. Lo dijo usted en la radio.

—Lo dijo un vecino en un bar.

Poli me miró con la cara con la que me lleva mirando cuarenta años.

—Macarena, eso ya da igual.

En el contrato de cesión de imagen, en la cláusula quinta, viene la fórmula con la que la productora certifica que la cedente ha revisado y aprobado los materiales promocionales.

Dice: conformado por la cedente, visto y saludado.

Lo puso una abogada de Madrid que no ha estado en este pueblo en su vida, y que lo sacó de un modelo, y que no sabe que esas tres palabras las escribió a mano una señora de ochenta y cuatro años con la pluma de su marido muerto para certificar que un cadáver estaba vivo.

Yo lo leí en la notaría y no dije nada.

Y firmé.

El cartel lo montaron en marzo en la fachada del ayuntamiento, con permiso del pleno, cinco votos a favor y dos en contra.

Es de lona, mide seis metros por dos, y lleva mi cara —una nueva, de este año, sin retocar, que en eso me planté— y el nombre del programa en letras blancas sobre fondo morado.

Lo pusieron encima de la pancarta vieja del homenaje, que llevaba diez meses allí con la eñe de cinta aislante despegándose.

Debajo del todo, en la esquina de abajo a la derecha, donde ya no la ve nadie porque le pasa por delante el cableado del foco, está la placa de mármol que se descubrió el 22 de junio, en un acto pequeño y sin banda, y que dice:

A MACARENA SALCEDO VELA, «MACA DE ESPAÑA»

HIJA PREDILECTA DE VALDESTRELLA

Que era, por si alguien se ha perdido, el motivo por el que yo vine a este pueblo.

ALCORES MEDIA — PARRILLA DE OTOÑO

JUEVES · 23:15 · ESTRENO

EN TRÁNSITO CON MACA DE ESPAÑA

Cada jueves, en directo desde Valdestrella (Cuenca), Maca de España abre la casa donde vivió su madre para atender las llamadas de quienes buscan una respuesta al otro lado. Un pueblo de 260 habitantes, una alcaldesa que fue vidente, y una comunidad que ha aprendido a convivir con sus ausentes.

«No prometemos milagros. Prometemos compañía a las once y cuarto de la noche.»

Presenta: Macarena Salcedo. Dirección de contenidos: L. Ferrán.

Colaboración: Excmo. Ayuntamiento de Valdestrella · Fundación Záncara.

Consultas en directo: 806 45 12 30 · 1,45 €/min desde red fija · 1,89 €/min desde móvil · Mayores de 18 años · Servicio de ocio y entretenimeinto.