La campaña de los difuntos 40. La Estrella #2
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40. La Estrella #2

En la sala hubo un ruido.

—Que conste en acta que declino la candidatura —dijo, mirando al frente— por indicación del señor alcalde.

Y se sentó.

Ceferino no levantó la vista del papel. Escribió durante unos segundos y luego leyó en alto lo que había escrito, como hacen los secretarios cuando quieren que una cosa quede exactamente como es:

—«Manifiesta la señora Requena que declina la candidatura, haciendo constar el motivo alegado por la interesada.» —Se ajustó las gafas—. Salvo error u omisión.

—Conforme —dijo Herminia.

—Declinada la candidatura de la señora Requena, y de conformidad con lo dispuesto en la legislación electoral, corresponde la condición de candidata a la siguiente de la lista. Doña Macarena Salcedo Vela. ¿Acepta la candidatura?

Y yo dije que sí.

La votación fue nominal y en alto, como se hace.

Requena Lillo, Herminia: Macarena Salcedo Vela.

Salcedo Vela, Macarena: Macarena Salcedo Vela.

Peinado Cañete, Rufino: Macarena Salcedo Vela.

Ballesteros Utiel, Consuelo: Macarena Salcedo Vela.

Utrera Chinchilla, Gabino: Macarena Salcedo Vela.

Lodares Serrano, Óscar: Óscar Lodares Serrano.

Ruipérez Chaparro, Torcuato: Óscar Lodares Serrano.

Cinco a dos.

Y antes de la proclamación, con el resultado ya cantado, Óscar Lodares Serrano pidió la palabra.

Ceferino levantó la vista. En una sesión constitutiva no hay turno de intervenciones: se constituye, se elige y se acabó.

—No hay debate, señor concejal.

—Ya lo sé —dijo Lodares—. Pido que conste una manifestación. Treinta segundos.

Y Ceferino, que lleva veintiséis años en esto y que sabe perfectamente que negarle a un concejal que conste una manifestación es lo único que le puede costar un recurso, dijo:

—Conste.

Lodares se levantó. No sacó papel. Habló mirando al frente, no a mí.

—Que esta Corporación se constituye con un censo de doscientos cincuenta y dos habitantes sobre el que este concejal tiene presentado escrito de fecha 17 de mayo, pendiente de resolución en vía contencioso-administrativa.

Que lo hago constar sin poner en duda la validez de nada de lo que se ha hecho aquí esta mañana, que es válido.

Y que lo hago constar para que dentro de dos años, cuando se resuelva, esté escrito el día en que se dijo.

Pausa.

—Y que felicito a la señora alcaldesa.

Se sentó.

Cuarenta y una personas y seis concejales oyeron aquello y ni una sola se movió, y yo, de pie, con la banda todavía en la mano de Herminia, entendí dos cosas a la vez.

La primera es que aquel hombre acababa de hacer, en treinta segundos y con una educación exquisita, la única cosa que puede hacer un derrotado: dejar constancia.

Y la segunda es que lo había redactado. Palabra por palabra. Un hombre que se prepara treinta segundos de intervención para un pleno de un municipio de doscientos y pico vecinos, sabiendo que va a perder cinco a dos y que no lo va a votar nadie, no es un oportunista de Madrid.

Es un vecino.

—Queda hecha constar la manifestación —dijo Ceferino, escribiendo—. Sin más.

Prometí el cargo con la mantilla de mi madre puesta, con la fórmula que viene en el Real Decreto, y cuando dije la palabra honor sonó lo que suena esa palabra en mi boca, y a mí me sonó a tarifa.

Ceferino me entregó el bastón de mando, que es de madera oscura con dos borlas y un casquillo de plata, y que lo tuvo Eleuterio Pastrana veintiocho años.

Herminia se levantó, cogió la banda de la vitrina —la banda es de Terio, es la que llevaba en el andén el miércoles que yo llegué — y me la puso ella, por encima del hombro, ajustándola en la cadera con las dos manos, como se ajusta un vestido a una novia.

No dijo nada.

Pero antes de soltarla me estiró la costura del hombro con dos dedos, sin pedir permiso, igual que me la estiró en el portal del ayuntamiento la noche del pregón, y eso fue lo único que aquella mujer y yo nos dijimos en toda la mañana.

Después se apartó y se sentó en su sitio, que a partir de aquel momento era el de primera teniente de alcalde.

Yo me quedé de pie con la banda de un muerto puesta, delante de todo el pueblo, mirando a la mujer que llevaba treinta años haciendo el trabajo de este pueblo y que acababa de renunciar a ser su alcaldesa por indicación de un cenicero.

Y ahora es cuando tengo que decir lo que pienso de aquello, porque si no, este capítulo no vale nada.

Herminia Requena no declinó por miedo ni por fe.

Declinó porque el sábado anterior, en un despacho vacío con una linterna, leyó cuatro folios grapados con la firma de Eleuterio Pastrana y una sociedad de caza, y entendió en aquel momento que ella había sido, durante treinta años, la persona que le llevaba los papeles a un hombre que le iba a vender el monte a los de fuera.

Una mujer así, en un pueblo así, tiene exactamente dos opciones: contarlo o dejar que lo lleve otra.

Me lo dejó a mí.

Y me lo dejó, además, con la única frase que en este pueblo no admite discusión: por indicación del señor alcalde.

En la mesa presidencial, encima del faldón verde, alguien había puesto el micro.

El Elvis. El Shure cromado de la Orquesta Marabú, con la rejilla abollada por el lado izquierdo, en su pie de mesa.

Lo había subido Jandro aquella mañana del trastero, sin que nadie se lo mandara, y lo había enchufado al equipo del salón de plenos, que es el del bingo.

—¿Y eso? —le dije después.

—Para las comunicaciones oficiales —dijo el chaval.

Y en un botijo, al lado, había un ramo de claveles.

Los había teñido Rufo con tinta china el jueves, para el entierro, y sobraron, y alguien los puso allí.

Son negros.

Y esa es la fotografía de aquel día, y no hay ninguna porque nadie hizo ninguna: una mujer de cincuenta y ocho años con la mantilla de su madre, la banda de un muerto, un bastón de mando de veintiocho años, un micrófono de orquesta de verbena y un botijo con claveles negros.

Aquel aplauso lo llevaba esperando desde los diecisiete años.

Llegó con veinte días de retraso y veintiocho firmas.

En mi oficio, a eso se le llama éxito.

AYUNTAMIENTO DE VALDESTRELLA (CUENCA)

ACTA DE LA SESIÓN ORDINARIA DE COMUNICACIÓN CON EL SR. ALCALDE Nº 4

En Valdestrella, siendo las diez horas del día 7 de junio, se reúnen en el Salón de Plenos de esta Casa Consistorial cuarenta y un vecinos, según relación que se adjunta como anexo I, a instancia de escrito presentado por seis de ellos con fecha 3 de junio, que asimismo se une.

Actúa como canal Dña. Macarena Salcedo Vela, concejala electa. Actúa como fedatario el Secretario-Interventor que suscribe.

ORDEN DEL DÍA

Único. Manifestaciones del Sr. Alcalde con carácter previo a la sesión constitutiva de la Corporación.

DESARROLLO DE LA SESIÓN

Formulada la pregunta en los términos que constan, el canal procede.

La planchette se desplaza y se detiene sobre la letra Ñ.

(Se hace constar que la planchette permanece inmóvil sobre dicha letra durante un intervalo aproximado de once segundos, con las manos de los asistentes a la vista.)

(Se hace constar que dos asistentes abandonan la mesa.)

(Se hace constar que la letra Ñ no forma parte del orden del día.)

(Se hace constar la manifestación de la Sra. Jueza de Paz, Dña. Otilia Cañas Utiel, en el sentido de que lo anterior no le consta.)

Reanudada la sesión, la planchette señala, por su orden, las letras:

L-A-E-S-T-R-E-L-L-A

(Se hace constar que esta Secretaría no entra a valorar el significado de lo anterior, por exceder de su competencia.)

ACUERDOS

No procede la adopción de acuerdos, por tratarse de sesión de carácter informativo previa a la sesión constitutiva.

Sin más asuntos que tratar, se levanta la sesión siendo las diez horas y cuarenta minutos, con el visto bueno del canal.

V.º B.º El canal. — El Secretario-Interventor.