La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 34. Lera
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34. Lera

LERA

T ras meses separados, la primera sacudida del vínculo quíntuple cae sobre mí como un rayo; la magia me recorre cada nervio y cada fibra de mi ser.

Ardiente. Despertándome. Haciendo que cada uno de mis sentidos se eleve tan alto que siento la gota de humedad en los babeantes colmillos del lobo y huelo las encuadernaciones de cuero de cada volumen de la enorme biblioteca de Gavriel.

Y la propia magia, el haz de poder trenzado que se enrosca en mi núcleo, ruge mientras salta hacia sus compañeros.

Las hebras de magia de los cinco chocan entre sí como amantes decididos a aparearse con una fuerza capaz de destrozar un dormitorio. Magia embistiendo contra magia, una y otra vez.

Chocando, pero sin conectarse. Sin entrelazarse como deberían.

Algo va mal. Algo va muy mal.

Siento la horrible comprensión latiendo dentro del vínculo, sin saber si proviene de mí o de uno de los otros.

No puedo hablar. No puedo moverme mientras las hebras de nuestra magia se enredan y luchan; el vínculo quíntuple que suele sincronizar nuestros cinco corazones para que latan al unísono, ahora se atacaba a sí mismo. Amenazando con hacer pedazos mi núcleo.

El suave pinchazo de los dientes de Shade me recuerda la advertencia de Coal. La conexión quíntuple no puede funcionar sin la forma feérica de Shade, y él no está aquí. No va a venir.

Ahora que sé qué buscar, veo la magia plateada de Shade —normalmente ansiosa por reunir todas las hebras en una manada— gruñéndole al poder menguante de River.

La mano de Tye tiembla en la mía, y su rostro y el de Coal están tan tensos que se les marcan las venas en el cuello mientras luchan por mantener a raya la magia inconexa para que no explote con la fuerza suficiente para destruir la propia Academia.

En cuanto a River… El comandante del quinceto, que suele dirigir la conexión con la soltura de un maestro, se está replegando sobre sí mismo, protegiendo sus heridas en lugar de invitar a la magia del quinceto a aliviarlas.

El pánico me inunda, mi corazón se acelera como si estuviera en medio de un combate.

Con Shade atacando a River, y Coal y Tye haciendo todo lo posible para evitar una explosión, yo soy la única que queda.

Soy una tejedora que se supone que es capaz de atar las hebras de magia en nudos de gran poder, y ni siquiera puedo desenredar los hilos.

Tenemos que separarnos , grita mi alma en el vínculo.

Esto no funciona. Tenemos que separarnos.

Arréglalo , llega la respuesta sin palabras, transportada en la tensa magia púrpura de Coal. Arréglalo. Arréglalo tú.

¡No puedo arreglarlo! Y estoy demasiado aterrada para intentarlo.

Me paraliza lo que podría pasar si lo hago.

Mis intentos de arreglar las cosas hoy solo han tenido consecuencias que podrían acabar con el mundo y con el quinceto.

Intento tomar una bocanada de aire temblorosa, pero no consigo que mi cuerpo se mueva.

Así como tampoco puedo obligar a la magia a obedecer mi voluntad.

Ni razonar con el instinto lupino de Shade. ¿Qué me queda?

La única opción que me queda se me ocurre con una lenta y angustiosa congoja.

Porque lo único que me queda por hacer es…

parar. Dejar de coaccionar. Dejar de fingir.

Dejar de ocultar mis fracasos y aceptar cualquier juicio que los varones emitan.

Los velos y las mentiras que los siguieron destrozaron nuestro quinceto; quizás la confianza y la verdad, por sombrías que sean, puedan hacer volver a Shade.

Solo que ahora es un juego de todo o nada, y cualquier cosa que diga llegará a todos los varones a la vez.

Todo ha sido culpa mía , susurra mi alma, y el regusto de mi miedo y soledad se filtra en el vínculo entre nosotros.

Perdí el control de mi caballo y rompí la tablilla rúnica que nos separó.

Y luego perdí el control de mi magia e incendié la arena.

Fui yo, no la Guardia Nocturna, la que hirió a tanta gente.

Herí a River también. Intentaba curarlo y no sabía que estaba haciendo más mal que bien.

Fui el eslabón débil todo el tiempo. Yo.

Y entenderé que de ahora en adelante no queráis confiarme ni siquiera una tetera hirviendo.

Por un momento, siento silencio. Sorpresa, mientras Tye y Coal procesan lo que he revelado. Luego, tensión. Confusión.

La magia naranja de Tye extiende una zarpa inquisitiva hacia mí.

La magia del lobo gruñe, arremetiendo contra la hebra extendida con tal violencia que Tye y Coal gruñen por el esfuerzo de contener el choque.

La de Tye se retira antes de que pueda determinar si es comprensión o decepción lo que envuelve sus pensamientos. O si me estoy cavando una fosa más profunda con cada respiración.

Pero, aunque así sea, tengo que seguir, tengo que abrir la siguiente trampilla de mi alma.

He sufrido , le digo al vínculo, obligándome a revivir una y otra vez el dolor punzante que sentía cada vez que los varones me miraban sin reconocerme estos últimos meses.

Intenté parecer fuerte, pero era un farol.

Una gota de humedad que no puedo controlar se desliza por mi mejilla.

Y tengo miedo , añado, mirando fijamente el pecho de River, ya sin engañarme con la certeza de que de alguna manera sanará.

Tengo tanto miedo de que vaya a morir por mi culpa.

Me detengo, con la respiración entrecortada, la verdad de mi alma desnuda ante el juicio.

En algún lugar del patio, uno de los feéricos está dando órdenes, la magia del viento amplifica su voz para que se oiga en todo el recinto de la Academia.

Quiere que los reyes que aún no están en el Gran Salón se den a conocer.

Que los escribas traigan pergamino y tinta para escribir.

Como telón de fondo de la exigencia, el campanario da las horas.

Y en la biblioteca, todo está en silencio.

Trago saliva y lleno el vínculo con la única verdad que me queda. Os quiero , le digo al vínculo, inundándolo con cada ápice de emoción sin filtrar. Os quiero, River y Coal, Tye y Shade. Y os necesito. Necesito al varón feérico, no solo al lobo. Necesito la conexión que somos nosotros.

El repentino destello de luz cegadora me habría hecho cerrar los ojos si pudiera parpadear. Pero no puedo.

Con Shade ahora sujetando mi mano, alto y de piel dorada, con el pelo negro suelto sobre sus anchos hombros desnudos, sus ojos amarillos fijos en los míos con ferocidad y protección, una nueva ola de poder recorre el vínculo al instante.

Shade está tan vivo, tan anhelado, que toda la habitación parece brillar con su presencia.

Las magias se alinean en una armonía familiar y perfecta que nos convierte en un quinceto.

Con la siguiente respiración, compartimos cada sensación.

Cada olor. Cada llamarada de amor que fluye por nuestra sangre.

Es el instinto, no el pensamiento, lo que me hace extender la mano hacia las hebras, tejiendo las cuerdas con ternura una alrededor de la otra en una trenza muy, muy apretada que reluce con impertinencia naranja y poder terrenal, con extraña fuerza púrpura y sanación plateada.

Siento que la magia de River se fortalece a medida que la aprieto más en el tejido, siento que su propio cuerpo comienza a cerrarse lentamente.

Un tirón de mi voluntad, y las hebras se aprietan al unísono, el mayor tsunami de magia hasta ahora recorriendo nuestro vínculo.

El amuleto que llevo al cuello se parte en dos y cae con estrépito al suelo.

Con la siguiente respiración, la marca en forma de copo de nieve del velo en el pecho de Shade se disuelve como la escarcha de un cristal caliente, y tengo la sensación de que no es la única.

Las lágrimas me escuecen en los ojos. No más velos, no más historias, no más mentiras.

Los varones de mi quinceto se muestran como los feéricos inmortales que son, el aura de poder que los rodea a juego con sus formas etéreas.

El tejido recién creado que conecta a nuestro quinceto se recoge, la tensión en él crece y crece hasta que la onda final de poder explota dentro de nosotros, dispersando todos los pensamientos.

De repente, ya no hay un yo. Ya no hay un ellos.

Solo hay un nosotros , nuestros corazones latiendo como una única gran fuerza.

Los siete .

Abro los ojos como platos al darme cuenta de lo que ha olido el lobo de Shade, de qué —de quién— ha estado defendiendo. El pensamiento me produce tal conmoción que no me doy cuenta de que el quinceto se ha separado hasta que veo a Coal mirando fijamente mi vientre.

Y entonces se desmaya.