La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 33. Lera
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33. Lera

LERA

—¡ R iver! —Se me hace un nudo en la garganta mientras corro hacia él.

El fae está flácido cuando lo pongo boca arriba; su piel, fría y húmeda al tacto.

Incluso sin los conocimientos de medicina de Shade, soy muy consciente de que no hay nada bueno en el pulso rápido y superficial de River ni en el sutil cambio en su aroma a bosque.

La magia bulle en mi interior, pero el impetuoso cordón de plata es tan inútil como un martillo—.

Maldito cabrón —le digo a River con los dientes apretados—.

¿Tenías que pararte a charlar con todas las malditas fregonas de camino aquí?

No hay respuesta. Ni de River, ni de Shade, que me observa con una curiosidad confusa.

—¿Por qué no cambia Shade? —le exijo a Gavriel, que se encoge de hombros con aire de disculpa e ignorancia—. Iré a ver si encuentro algo —dice, alejándose con cuidado del lobo.

Mi mente va a mil por hora. Cojo la navaja de repuesto de River y le corto el maldito abrigo; la suntuosa tela hecha a medida cae al suelo en tiras inútiles.

Espero encontrar la herida reabierta, pero no me mancho las manos de sangre fresca; lo que sea que esté matando a River lo está haciendo desde dentro.

Entonces lo veo. El ancho pecho desnudo de River solo se eleva por un lado mientras toma alientos entrecortados y dificultosos.

Se me revuelve el estómago, y una náusea me invade con tal fuerza que Shade se pone en pie de inmediato y me lame la nuca con su cálida lengua mientras yo consigo controlar mis rebeldes entrañas.

—No soy yo quien necesita ayuda, Shade. —Dentro de mí, mi magia se azota contra sus ataduras con una desesperación brutal.

Me cuesta todo lo que tengo no coger a River y dejar que mi díscola magia haga algo, cualquier cosa, todo…

y destruir cualquier oportunidad que le quede a mi compañero para sobrevivir.

Respira, Lera. Me obligo a apartar la vista del pecho deformado de River. Respira.

Sigo arrodillada junto a River cuando el alegre tintineo de unas campanillas anuncia nuevas llegadas, y las maldiciones de Coal y su olor metálico confirman su presencia un instante después.

Por la forma en que el cuero negro y desgarrado y el pelo del guerrero están apelmazados de sangre y sudor, supongo que su viaje fuera de las murallas no ha sido menos accidentado que nuestro propio desastre.

—La Guardia Nocturna le ha prendido fuego a la arena y ahora tiene rehenes en el Gran…

—Coal se interrumpe al percatarse tanto del cuerpo inconsciente de River como de mi mano brillante que flota junto a su hombro.

Su voz baja a un tono de mando tranquilo y grave—.

Contenga su magia, mortal. Dígame qué ha pasado.

—Tiene razón, Chica Lila —dice Tye, apareciendo detrás de Coal con una mirada amable en sus ojos verdes—. Puedes matarlo con esa magia con la misma rapidez con la que podrías ayudarlo.

—River ya se las está apañando bastante bien para morirse por su cuenta.

—Me aparto de River para cederle mi sitio a Coal, quien se apresura a examinar los daños con el ojo experto de un guerrero.

Tengo la boca seca y enredo la mano en el pelaje de Shade para consolarme.

Respiro en oleadas entrecortadas—. Shade no quiere cambiar para ayudarlo, y no sé por qué.

Aunque, tal y como va el día, probablemente sea culpa mía.

Coal desliza la palma de la mano por el pecho de River. —Tiene un pulmón colapsado. Hay aire o sangre atrapada ahí dentro, presionándolo como una esponja.

Se me hace un nudo en la garganta. Puede que eso también lo haya hecho yo, al pensar que había detenido la hemorragia cuando en realidad solo la había redirigido. He hecho más mal que bien.

—Nada de lo que ha pasado hoy es culpa tuya, Chica Lila —dice Tye en voz baja, en desacuerdo con el tono creciente de mis pensamientos.

El uniforme de Tye, antaño impoluto, está cubierto de jirones y hollín, y un trozo de su manga está arrancado, dejando ver una carne ampollada e irritada.

A diferencia de mí, él debe de haberse quedado en la arena para ayudar a los humanos a escapar de las llamas…

y el brillo atormentado de sus ojos dice que no todos lo consiguieron—.

Pero cuando encuentre al bastardo de la Guardia Nocturna lo bastante temerario como para haberle prendido fuego a un estadio lleno de atletas y familias inocentes, le arrancaré la piel a tiras.

Mi corazón da un vuelco y la verdad se escabulle de mi lengua. —Puede que haya sido un accidente. —Me aclaro la garganta—. Quiero decir, su plan era atacar durante la ceremonia de clausura. ¿Por qué cambiarlo?

—Probablemente porque se enteraron de que habían capturado a Zake y de que estaba largando —dice Coal.

Tye hace una mueca al mover el brazo. —Me importa poco por qué lo hicieron, solo que paguen por ello. —La cara del fae se suaviza al fijarse en la mía. Acercándose a mí, me tiende la palma de la mano—. Ven aquí, muchacha. Nosotros…

¡GRRRRRRRRRRRR!

Shade, que hace un momento estaba pegado a mi pierna, salta para interponerse entre Tye y yo. El pelo del lomo del lobo se eriza, tieso como las púas de un puercoespín. Retrae los belfos para mostrar unos caninos babeantes y el gruñido grave que retumba en su pecho promete una lucha a muerte.

Tye se detiene.

Coal se pone en cuclillas de un salto, con las manos preparadas mientras se gira hacia el sonido y se interpone entre River y la amenaza. Los músculos de Shade se tensan y dobla ligeramente las patas delanteras para prepararse para saltar. Su mirada se fija en la yugular de Coal.

Con el rostro letalmente calmado, Coal da un rápido giro de muñeca y desliza un cuchillo hasta su palma. —Póngase detrás de mí, mortal —ordena con esa quietud espeluznante que envía esquirlas de hielo a través de mi sangre—. Despacio.

—No. —Trago saliva y levanto las manos con las palmas hacia arriba en un intento de detener la locura.

Y es una locura. River, inconsciente. Shade y Coal, listos para atacarse el uno al otro.

Mi quinteto, haciéndose pedazos cuando debería estar uniéndose—.

Shade no me está haciendo daño, Coal. No va a hacerle daño a nadie.

—En eso estamos de acuerdo —dice Coal, moviéndose lentamente alrededor del lobo—.

Porque voy a maniatar a ese saco de pulgas antes de que tenga la oportunidad.

Y lo mantendré así hasta que el maldito cabrón cambie.

—Su penetrante mirada azul se vuelve hacia Shade—.

¿Ha olvidado lo que se siente al perder a un compañero de quinteto?

—gruñe Coal al lobo; los caninos de ambos faes reflejan la luz del sol—.

Unos minutos más y va a recibir el recordatorio de su vida.

Detrás de los dos faes enfrentados, River parece demasiado quieto y grisáceo, su pecho se estremece de forma irregular mientras intenta tomar alientos sibilantes. El pánico se agita en mi pulso y hace que me tiemblen las manos. Así no. No es así como va a terminar.

—Basta —grito. Me sorprende tanto como a los faes que la habitación se silencie de inmediato, y los latidos de mi corazón parecen resonar en las paredes.

Sin darme tiempo a reconsiderarlo, meto la mano directamente en las fauces babeantes de Shade, y sus afilados dientes se apoyan ahora en mi delicada muñeca—.

Nadie va a morder ni a amordazar a nadie —digo, rogando a las estrellas que esté en lo cierto.

El lobo y Coal gruñen en una desaprobación gemela.

Retiro la mano lo justo para rodear con los dedos los afiladísimos dientes de Shade y extiendo la otra hacia Tye, que duda solo un instante antes de agarrarla y extender la suya hacia Coal.

—No podemos conectar con un lobo —dice Coal.

—No tenemos elección —respondo—. Por favor, Coal.

El guerrero rubio aprieta la mandíbula una vez, sin apartar los ojos de Shade mientras agarra el antebrazo de Tye y el de River. El brazo de este último cuelga flácido en su agarre.