La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 35. Lera
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35. Lera

LERA

S iete.

La biblioteca gira a mi alrededor, los libros y los rostros pasan como destellos confusos, y salgo del quinto dando un traspié para apoyar la cadera en una de las robustas mesas de madera de Gavriel.

El duro borde de la mesa se me clava en el trasero, dándome algo pequeño y concreto en lo que centrarme.

Lo cual es bueno. Porque si no estuviera prestando atención al borde de la mesa, tendría que pensar en los siete latidos que he sentido reverberar a través del vínculo del quinto.

El de Coal. El de Tye. El de Shade. El de River. El mío. Y el de los dos corazoncitos que laten tan deprisa dentro de mi vientre.

A mi alrededor, el mundo se mueve a cámara lenta.

Gavriel se lleva la mano a la boca mientras mira fijamente a los varones ahora revelados.

A pocos pasos, Coal, que se había desmayado al darse cuenta de la verdad, se remueve e intenta ponerse de rodillas antes de volver a desplomarse en el suelo.

Su piel, normalmente bronceada, está inquietantemente pálida, y su pelo rubio, alborotado.

Tye permanece inmóvil, con sus ojos esmeralda brillando con una mezcla de alegría, aprensión y demasiadas emociones para poder leerlas.

Sin embargo, son Shade y River quienes captan mi atención.

Agachado junto a River, aún inconsciente, Shade me mira fijamente mientras su magia plateada fluye sobre la herida del comandante. Sus ojos dorados se encuentran con los míos con una intensidad casi física.

Abiertos de par en par. Desconcertados. Posesivos… Y llenos de ese reconocimiento que me atraviesa el alma y que he echado tanto de menos en los últimos meses. Sí , susurra la magia en mi interior, haciéndome cosquillas en la piel desde dentro. Sí. Él. Pareja.

Me humedezco los labios secos. El largo pelo negro de Shade le cae alrededor del rostro, enmarcando unos pómulos altos, una mandíbula afilada y unos labios carnosos que invitan a ser besados.

Con el sol del atardecer entrando a raudales por la ventana y perfilando a la perfección los músculos de su torso desnudo, el varón es tan hermoso como depredador. Y, una vez más, mío.

—¿Shade? —susurro.

—Cachorra. —El varón alarga una mano temblorosa hacia mí—. Soy… La fae que vi en el bosque… Una parte de mí sabía que eras tú.

—Tu lobo siempre lo supo.

Shade se apoya sobre una rodilla, con las fosas nasales dilatadas, dando la impresión de que está a punto de llevarme en volandas a la orilla de aquel arroyo para el segundo asalto, aunque también hay algo atormentado en su mirada—.

Sí. Lo sabía. Necesitábamos estar contigo con cada fibra de nuestro ser, pero solo el lobo podía hacerlo realidad. —Aprieta la mandíbula—. Yo…

River suelta un gemido de dolor desde el suelo, haciendo que Shade dé un respingo. Con una maldición, vuelve a inclinarse sobre su paciente, con su magia y su concentración ahora totalmente centradas en su trabajo.

Cierto. Trago saliva. Llevo meses esperando sentir los brazos de Shade a mi alrededor, así que puedo esperar un poco más, sobre todo cuando la supervivencia de River pende de un hilo.

Tye se aclara la garganta—. Bueno, parece que ya sabemos por qué el lobo de Shade estaba más irritante de lo habitual.

El pequeño saco de pulgas debió de oler a los cachorros y decidió tomarse la protección de Lera por su propia zarpa.

—Cruzando la habitación hacia mí, Tye me agarra por las caderas y me levanta con facilidad para sentarme en una alta mesa de escritura.

La nueva posición no nos deja exactamente a la misma altura, pero casi, y el aroma a pino y cítricos del varón me acaricia con suavidad.

Su rostro, afilado y hermoso, está tentadoramente cerca.

A pesar de su desenfado, con su pendiente de plata brillando con descaro a la luz del sol, puedo ver sus pecas más marcadas.

El pulso martilleando en su garganta—. Creo que este es el mejor regalo de las Estrellas, mi lila.

O su mayor broma. Probablemente ambas cosas, pero a mí me vale cualquiera de las dos.

Sus palabras me llegan como a través de una neblina. Cachorros. Latidos. Dentro de mí.

El pánico finalmente me sube por la garganta, acelerándome la respiración. Estoy embarazada. Estrellas. Estoy embarazada y River está inconsciente, y la Guardia Nocturna tiene a los reyes del mundo mortal como rehenes. La magia anda suelta en el reino humano.

—Dijiste que era imposible, Shade. —La voz de Coal está tan llena de pánico como mis propios pensamientos, las palabras resonando cada vez más fuerte con cada sílaba.

Ya de pie, el guerrero vestido de negro tiene un cuchillo en la mano, su respiración más acelerada de lo que he visto nunca, ni siquiera en batalla.

Con los ojos azules encendidos, se encara al sanador—.

Que su cuerpo no estaba preparado. Tú dijiste …

—Pues parece que me equivoqué —espeta Shade. Sus ojos dorados fulminan a Coal por un momento antes de volver a River, una compleja red de magia curativa plateada extendiéndose ahora por la piel del comandante.

—¿De quién es el cachor…? —empieza a preguntar Coal.

—No hay forma de saberlo. —Shade gruñe en voz baja—. Este sería un buen momento para que volvieras a tu característico silencio, Coal.

Mientras se aparta de Shade con un bufido de asco, la dura mirada de Coal recorre la biblioteca antes de posarse en mí…

, en mi vientre. Envaina su cuchillo y aparta a Tye para colocarse entre mis piernas, pasando las manos por mis hombros, mi caja torácica, mi vientre perfectamente plano, como si ya pudiera sentir algo ahí dentro.

Yo lo observo, su rostro escultural contraído por la concentración, sus anchos hombros tensos por la ansiedad.

Una calidez sigue el rastro de su tacto, sus palmas, muy callosas, extrañamente tranquilizadoras, aunque la expresión frenética de sus ojos celestes es cualquier cosa menos eso—. Necesitamos una partera.

—Estoy bastante segura de que el embarazo no funciona como tú crees, Coal —dice Tye con voz arrastrada desde la silla en la que se ha dejado caer—.

Esa parte no suele llegar hasta dentro de un ratito.

Y cuando llega, bueno, según mi experiencia, las parteras no son la clase de criaturas que se capturan en las sombras a punta de cuchillo.

Me sorprende sentir una risa que me burbujea en la garganta y tiro de la tensa boca de Coal hacia la mía para sofocarla…

—Ejem… —La discreta tos de Gavriel es el primer recordatorio de que no estamos solos, aunque no acierto a imaginar cómo he podido pasar por alto el rostro sonrojado del bibliotecario—.

Permítame expresar mi enhorabuena —dice, tartamudeando las palabras—.

Y, oh, tenga cuidado. Cosas así pueden hacer que uno pierda la cabeza por completo.

Tardo un momento en darme cuenta de que Gavriel no habla de mi embarazo, sino del amuleto roto que no recuerdo haber cogido. Colgando de un cordón de cuero, los dos trozos de piedra con inscripciones rúnicas parecen apagados e inofensivos, pero puedo sentir la confusa magia ondear en su interior.

—Quizá… voy a buscar a Arisha. —Sin esperar respuesta, Gavriel huye de su propia biblioteca, moviéndose más rápido de lo que habría creído capaz a un hombre cojo.

Todavía tengo la boca medio abierta para llamarlo —no es que supiera qué decir— cuando la puerta se cierra con el alegre tintineo de las campanillas.

Cierto. Me guardo el collar roto en el bolsillo, no sea que uno de los humanos lo coja.

Apartándose de mí con un gruñido impaciente, Coal se acerca a Shade y lo agarra del hombro—. Ella… quiero decir, ellos… Ellos… Que las Estrellas te lleven, haz algo .

—¡Basta! —Con un rugido de autoridad, Shade se incorpora, se gira y le agarra el cuello a Coal por delante.

Los dos varones se miran fijamente, la piel bronceada de Shade cubierta por un fino brillo de sudor, el pálido rostro de Coal oscureciéndose de furia.

Con la mano todavía en el cuello de Coal, Shade empuja al otro guerrero contra la pared de la biblioteca con fuerza suficiente para hacer que los libros cercanos caigan en cascada al suelo con un estruendo-golpe-estrépito que habría hecho gemir a Gavriel si estuviera aquí.

—No tengo tiempo para lidiar con tu crisis nerviosa, Coal.

—Shade se acerca tanto a la cara de Coal que apenas queda un centímetro de espacio entre ellos.

Shade es el segundo al mando del quinto, pero ejerce su autoridad tan raramente que hasta Coal se estremece ante la voz grave y potente del cambiante—.

Ni ahora ni en muchísimo tiempo. Así que cállate.

Ve a matar algo. Me da igual lo que hagas, siempre que no lo hagas aquí. ¿Entendido?

Toda la biblioteca parece contener la respiración mientras Coal retrae los labios para enseñar los caninos antes de apartar la mirada. Cuando Coal aparta la mano de Shade de un manotazo, los ojos del sanador lanzan un último destello antes de soltarlo.

—Iré a inspeccionar la zona —dice Coal, dirigiéndose a la entrada trasera de la biblioteca mientras mi propia mente por fin vuelve a funcionar.

Sí, estoy embarazada, pero en una fase tan temprana del proceso que solo el lobo de Shade pudo sentir las vidas que crecían.

Los cachorros están a salvo dentro de mí por ahora, y antes de ahogarme en la conmoción de lo que todo esto significa para el futuro, tengo que lidiar con el presente.

Un compañero de quinto que ayudar y un reino que liberar.

Tengo cosas que hacer para asegurarme de que los cachorros lleguen al tipo de mundo en el que quiero que vivan.

Como si hubiera leído los pensamientos que se arremolinan en mi rostro, Tye ha vuelto a mi lado y me aparta el pelo de las sienes. Levanto la mano, le aprieto el hombro y señalo con la cabeza la espalda de Coal, que se aleja—. Creo que necesita más compañía que yo ahora mismo. O al menos un niñero.