La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 25. Lera
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25. Lera

LERA

— G racias a todos por venir a las primeras Pruebas de Proeza que se celebran en la Academia Great Falls —retumba la complacida voz de Sage por las gradas abarrotadas del estadio.

Cientos de personas ataviadas con todo tipo de lujos llenan las gradas, mientras guardias y sirvientes patrullan los pasillos para asegurarse de que a nadie importante le falten copas de vino con las que combatir el calor.

Algunos sirvientes personales protegen a sus señores del sol con sombrillas desde las gradas; otros agitan abanicos vistosamente pintados.

Sobre nuestras cabezas, bandadas de pájaros sobrevuelan el estadio en círculos, quizás atraídos por el sol de la tarde que centellea en la arena.

A unos diez metros frente a mí, equipos de atletas de las Pruebas de Proeza de todos los colores desfilan por la arena, y cada reino celebra la presencia de los suyos con música y vítores.

El clamor de los aplausos y las voces que se alzan en el aire es ensordecedor, pero incompleto para mis oídos inmortales, pues tanto Coal como River brillan por su ausencia.

Coal ha desaparecido antes en una misión absurda para encontrar él solo la guarida de la Guardia Nocturna, mientras que River…

No sé adónde ha ido, solo que quería estar lejos de mí.

Hemos terminado.

Mis dedos se curvan sobre mi vientre, con el pecho oprimido mientras las palabras se repiten una y otra vez en mi mente, quemándome en cada ocasión. Hemos terminado. Hemos terminado.

Todo porque cometí un error. Porque no hablé con él cuando él creía que debía hacerlo. ¿Qué pensaría River si supiera todas las demás decisiones que he tomado en los últimos meses? Algunas buenas, otras no. Todas mías.

—No podía decirlo en serio. —Arisha me toca el muslo; su mano asoma de un espantoso vestido amarillo que la hace parecer un girasol encrespado. Pasea su distraída mirada azul por la multitud—. Y en cuanto recupere la memoria… ¡Ah, para ya! Apenas puedo ver con tanto pelo en la boca.

—¿Qué…? Ah. —Frunzo el ceño al mirar al lobo de Shade.

Su hocico negro está hundido en mi regazo como si buscara golosinas, y su cola levantada golpea a Arisha en la cara con cada sacudida.

Habría esperado que el fae hubiera adoptado ya su forma feérica, pero aquí estamos.

Sigue en forma de lobo. Lleva demasiado tiempo en forma de lobo.

Agarro a Shade por el pescuezo e intento, sin éxito, arrastrarlo a un lugar más conveniente.

La gente a mi alrededor se aparta a pesar de lo apretados que estamos.

Me muevo para interponerme en el camino de la cola y mi voz suena amarga a pesar de mis esfuerzos.

—Una vez que recuperen la memoria… ¿sabemos cómo la recuperan exactamente?

¿O algo sobre esas barreras que se supone que debemos reparar?

Porque ahora mismo, mi mejor plan es sentarme de brazos cruzados a esperar que ocurra una desgracia.

Mis propias palabras me recuerdan que debo inspeccionar las gradas abarrotadas, aunque no encuentro nada fuera de lo normal, salvo por el número de pájaros y miembros de la realeza.

Y por la gran variedad de modas deslumbrantes, desde una mujer enorme con un vestido negro informe y lo que parece un frutero de verdad en la cabeza, hasta una familia entera de chicas rubias y risueñas, al menos seis, con vestidos a juego de tul rosa, y su delgaducho padre encogido en medio de ellas.

Pero todos palidecen en comparación con Tye, que bota sobre las puntas de los pies al borde de la arena, con sus ojos esmeralda encendidos.

Con un uniforme atlético especial y dorado ciñendo su musculoso cuerpo y su pelo de fuego atrapando la luz del sol, el fae emana una confianza que rivaliza con la de River al cruzar un salón del trono; un hecho que no pasa desapercibido para los muchísimos ojos que observan sin pestañear cada uno de sus gráciles movimientos.

—De hecho, sí sabemos algo. —Arisha se acerca más a mí para que solo yo pueda oírla, con sus pecosas mejillas fruncidas en concentración.

Tengo que usar el pie para conseguir que el trasero de Shade se aparte lo suficiente para dejarle sitio—.

Coal consiguió que Zake admitiera que este Owalin y sus secuaces de la Guardia Nocturna han estado trasteando con las barreras mágicas, lo que no es información nueva, pero demuestra que tienen a alguien que sabe cómo manipularlas. Si encontramos a esa persona…

—Entonces quizá esa persona también pueda ayudarnos a quitar los velos de River y Shade —me froto la cara—. O al menos darnos información sobre cómo reparar la fuga mágica que vinimos a sellar.

—Una información que sin duda estará más que encantado de compartir —dice Arisha con una mueca de desánimo—. Me imagino que Coal tendrá que… ya sabes.

Le aprieto la pierna. —Nos ocuparemos del interrogatorio cuando tengamos a quién interrogar —digo, justo cuando otra ronda de aplausos atrae mi atención de nuevo al escenario.

Después de que el último de los diez equipos que desfilaban despeje la arena, un grupo de hombres vestidos de negro lleva una barra horizontal al centro del estadio mientras Tye —cuya ronda de exhibición abrirá oficialmente las pruebas— sumerge las manos en un cubo de tiza.

Al chocar las palmas y esparcir la tiza por los pliegues de sus callosidades, trocitos de polvo se elevan en el aire como copos de nieve y se posan en sus musculosos muslos.

La música se detiene. Los músculos de Tye se tensan en preparación para la carrera. En el silencio expectante, el crujido de las gradas y el graznido de los pájaros en lo alto son una lejanía irrelevante.

Crrrra, crrrra.

Suena un gong.

Tye salta hacia adelante, sus poderosas piernas impulsando su cuerpo con una gracia felina.

Cada paso, de una precisión medida y practicada, le permite alcanzar con facilidad su punto de despegue y saltar por los aires.

Agarrando la barra alta con suavidad, el cuerpo tenso de Tye gira a su alrededor en un borrón de color y músculo. Hermoso. Poderoso. Asombroso.

Al alcanzar el cénit de su giro, Tye suelta la barra y vuela como una pica por el aire, girando en un desafío a la gravedad y a las propias estrellas antes de volver a agarrar la barra como si nada de gran importancia acabara de ocurrir.

Los aplausos estallan en las gradas, junto con no pocos murmullos de descontento de los otros equipos.

Pero ni siquiera ellos pueden evitar mirar con envidiosa admiración.

Me doy cuenta de que Tye se merece esta notoriedad.

Se ha ganado este momento una y otra vez durante siglos, a pesar de que los que están en el poder se lo han arrebatado.

Si esta cosa buena sale de nuestro viaje al mundo mortal, quizá merezca la pena.

En la barra, Tye coge velocidad y vuelve a volar por los aires, con el cuerpo encogido en una bola compacta.

Tiras de lazos de seda que debe de haber llevado ocultas en el uniforme se liberan y siguen al fae por el aire.

Rojo y dorado y azul, todas ondeando como estandartes al viento, el zas, zas, zas de la tela cortando el aire es fuerte en el silencio contenido del estadio.

Aunque sé que es imposible desde varias gradas de distancia, estoy segura de que puedo oler el aroma a pino y cítricos de Tye, la euforia que emana de él es un vino embriagador que hace arder mi núcleo.

La magia dentro de mí se despierta, burbujeando y buscando la libertad, los hilos de poder clamando celosamente por su turno bajo los rayos del sol.

Parpadeo ante la oleada de sensaciones, con los sonidos a mi alrededor de repente lejanos, incapaces de competir con el infierno dentro de mi propio cuerpo.

La grada bajo mi trasero es dura, la madera ligeramente irregular, la seda de mi vestido escarlata es fría contra mi piel excepto donde el sol ha calentado la tela.

La gente a mi alrededor apesta a perfume de rosas mezclado con especias desconocidas.

Shade gime; el aullido lupino se abre paso en mi conciencia aturdida. Eso y la llamada de extraños pájaros que se arremolinan a nuestro alrededor. Más que antes.

Crrrra, crrrra.

La multitud jadea de repente, luego estalla en gritos de deleite y aplausos.

—¡Lera! ¡Lera! —Arisha me agarra del brazo con fuerza suficiente para hacerme daño. A nuestro alrededor, la multitud se vuelve frenética de emoción, muchos de pie, los niños saltando para ver mejor—. Mira.

Al volver a mirar a Tye, siento que se me abren los ojos. Las cintas de seda de colores que flotan a su alrededor están ahora en llamas. A medida que el fae gira cada vez más rápido, los anillos de fuego le siguen como aros llameantes, cosa que el público cree que forma parte del espectáculo.

Excepto que sé que no lo son. Y si Tye tiene acceso a…

Jadeo. Los grilletes que sujetaban mi magia se abren de repente de forma casi dolorosa, y mi cuerpo se inunda con lo que se había estado acumulando justo bajo la superficie.

El corazón me late deprisa, la pequeña brisa es de repente demasiado caliente, mi vestido demasiado apretado.

—Lo ha hecho. —Agarro la muñeca de Arisha, mis palabras salen entrecortadas por el esfuerzo de mantener a raya el repentino tsunami de magia—.

Owalin ha liberado los grilletes de la magia.

—No. —Arisha niega con la cabeza violentamente—. No, es demasiado pronto. Zake le dijo a Coal que no sería hasta el final y solo es…

—Un inoportuno cambio de planes, entonces. —Me esfuerzo por calmar mi respiración—. Lo siento, Arisha. Y eso tampoco forma parte del espectáculo de Tye.

—Y eso tampoco, ¿verdad?

El pánico en la voz de Arisha me pone en pie antes de que vea adónde señala; mis ojos apenas captan un brillo metálico en las manos de Han.

Con su pálida mirada fija en los círculos de fuego que siguen a Tye, el apuesto rostro del entrenador de las Pruebas de Proeza está marcado por una sombría comprensión.

Puede que los mortales imaginen que las llamas son parte del espectáculo, pero él ha descubierto la verdad, y la recibe con un asesinato.

Deja que el cuchillo se deslice por completo en su palma, seguro de que nadie lo notará con todos los ojos puestos en su atleta estrella.

—¡Tye! —grito con todas mis fuerzas mientras me lanzo hacia adelante, abriéndome paso hasta la arena a través de las dos filas de espectadores que tengo delante—. ¡Tye, cuidado! —grito de nuevo, pisando pies y dedos reales con igual desconsideración—. ¡Tye!

Mis palabras se ahogan bajo los vítores de la multitud y la repentina llamada sincronizada de los pájaros que se posan uno a uno en los postes de las banderas que rodean la arena. Cuervos. Buitres. Un par de halcones.

Estoy todavía a cinco pasos de distancia cuando Tye suelta la barra, ofreciendo un último giro en el aire mientras se prepara para el aterrizaje.

Han echa hacia atrás su cuchillo arrojadizo y el metal lanza un último destello bajo el sol mientras lo lanza hacia mi compañero.

El corazón se me para, el estómago se me encoge de horror.

Sin más tiempo, me lanzo hacia adelante, corriendo para interponerme entre un Tye sonriente y triunfante y el arma que vuela hacia su corazón.

Demasiado lejos. Todavía estoy demasiado lejos, no importa cuánto se estire mi cuerpo.

Pero aun así lo intento. Sigo avanzando como si pudiera conquistar el tiempo y la distancia y… , y de repente, puedo.

No con mi cuerpo, sino con la magia, que se dispara con toda la desesperación de mi alma.

Y sin una pizca de control.