La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 23. Lera
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23. Lera

LERA

S e me seca la boca. Absorta en el ataque de Zake y el regreso de los recuerdos de Tye, no había pensado en detalles sin importancia como las normas de la Academia. Normas que River ya incumplió por mí una vez y que no tiene intención de volver a transgredir.

Mi mirada recorre la sala y veo a Coal, tenso contra la pared, con sus ojos azules nublados por pensamientos que, sin duda, son muy parecidos a los míos.

De pie y con las manos a la espalda, River muestra en su rostro cincelado una mezcla de dolor y resolución tan densa como un muro de piedra.

Sage da saltitos sobre las puntas de los pies, prácticamente vibrando de alegría. Y Tye...

Repantigado en uno de los sillones de cuero de Sage, con la chaqueta almidonada de su uniforme de la Destreza doblada con esmero sobre un brazo del sillón, Tye se sirve una copa del vino más caro de la habitación.

Cuando todas las miradas se posan en él, se mete un trozo de queso en la boca y brinda por mí con la copa de cristal que sostiene en la mano.

—Bueno. Si ya habéis terminado de hablar... ¿quieres casarte conmigo, Lera?

—¿Qué? —Oigo la palabra y estoy casi segura de que la he dicho yo.

Tye se traga el queso.

—Te he pedido que te cases conmigo. Di que sí.

—¿Sí? —Me sacudo igual que lo hace el lobo de Shade para espantar una mosca—. ¿Qué...?

—El primer «sí» era suficiente. —Dándole otro sorbo al vino, Tye se vuelve hacia el director—.

Parece que lady Leralynn ahora es «familiar de un competidor de la Destreza».

A menos que quiera que los dos nos marchemos de la competición, la muchacha se queda donde está.

O en mi dormitorio. Eso sería preferible, la verdad.

Por primera vez desde que conozco a Sage, nos quedamos los dos igual de boquiabiertos, mientras que River parpadea con los ojos como platos en una buena imitación de Arisha. Tye me guiña un ojo, y sus ojos verdes relucen con una autosatisfacción felina.

Deja la copa, se levanta con elegancia y me tiende la mano.

—¿Nos vamos, Chica de las Lilas? Dentro de unas horas inauguro las Pruebas de la Destreza con una exhibición y puedes verme mientras me preparo.

Le aprieto su mano fuerte y callosa y por fin recupero la entereza que anoche parecía haber perdido.

—Ahora te alcanzo —le digo a Tye, y me giro para encararme con River—. Antes me gustaría hablar en privado con el comandante River, si le parece bien.

Igualando la espalda recta y la potente zancada de River, lo sigo fuera del despacho de Sage hasta el mismo pasillo ancho e iluminado con velas al que escapé ayer, con los retratos de directores y reyes juzgando cada uno de mis pasos.

Ayer, este falso refugio me llevó directamente a la trampa de Zake.

Espero que la incursión de hoy termine mejor. Haré que termine mejor.

—Tendría que haber acudido a ti ayer —le digo a River sin esperar a sus preguntas—. Te debía una explicación. Ocultarte el ataque estuvo mal. Y lo siento.

River se vuelve y me sujeta la cara y luego los brazos, con las mejillas encendidas.

—¿Estás bien, Leralynn? —exige—. ¿Estás herida? —El miedo desenfrenado en sus ojos rebota por mi cuerpo y me sacude hasta la médula. Es todo lo que estaba ocultando en el despacho de Sage y más—. ¿Ese cabrón...?

—Me dio unos cuantos golpes. Luego recordé que sabía luchar, pero, River...

—Gracias a los astros. —River exhala y la esperanza me llena el pecho.

Entonces se aparta tan rápido que trastabillo.

La ira impregna su aroma a bosque, su ancho pecho, cada ángulo esculpido de su rostro, y se alza entre nosotros, tan espesa e impenetrable como cualquier muro—.

¿Por qué, Leralynn? —pregunta River—. Sabías que lo único que podría volverme más loco de preocupación que verte salir corriendo del escenario del examen sería el silencio que respondía a cada una de esas preguntas.

Sabías lo que me haría enterarme —de segunda mano— de que te habían atacado.

¿Qué he hecho para merecer tan poca confianza por tu parte?

—Yo...

—¿Acaso te importo lo más mínimo?

Trago saliva y le pongo la mano en el brazo musculoso. Noto sus músculos duros como el acero bajo la gruesa chaqueta de lana, pero él se aparta de un respingo. Tengo la boca seca, las palabras que esperaba que aparecieran milagrosamente se niegan a cooperar.

—No sé por dónde empezar. Sea lo que sea lo que crees que ha pasado en el último día...

—Basta. —River retrocede un paso y su voz queda resuena como un puñetazo en el estómago—. No quiero una explicación.

Parpadeo. A una docena de metros pasillo abajo, un sirviente que lleva leña sale a toda prisa de uno de los muchos pasadizos y se escabulle por otro.

En algún lugar por encima de nosotros, un carpintero golpea con su martillo.

Todas son vistas y sonidos normales para una conversación que es de todo menos eso.

—¿No?

—No. —River niega con la cabeza y junta las manos firmemente a la espalda—. Ya no puedo más con esto.

—¿Con qué? —pregunto.

—Con estar contigo. —La voz de River baja hasta casi un susurro, sus ojos llenos de tormenta luchan con todas sus fuerzas por ocultar la vulnerabilidad que centellea en su interior—.

Y antes de que digas nada, soy muy consciente de que la proposición de Tye era simplemente una forma de mantenerte en la Academia.

Y no, él no es la razón por la que necesito alejarme.

Todo se reduce a la confianza, Leralynn.

No puedo estar con alguien que no confía en mí cuando las cosas de verdad importan.

Alguien en quien yo no puedo confiar a cambio.

Me clavo las uñas en las palmas de las manos, lo único que puedo hacer para no intentar tocarlo otra vez.

—Confío en ti, River.

—No. No, no lo haces. —Un músculo se contrae en la mandíbula de River—. Me he enterado esta mañana de que te habías peleado. Por Coal. Porque no has podido confiar en mí hasta que habéis estado todos reunidos, y tú estabas segura y curada.

Las palabras de River son un eco espeluznante de mis propios pensamientos de esta mañana, aunque las dice como si fueran algo malo.

Como si él mismo no vistiera la fuerza y la compostura como otras personas se visten con ropa.

Después de meses y meses de forjar mi propio camino, puede que no quiera pavonearme desnuda. Puede que tenga derecho a no hacerlo.

—Fue un mal día, River. —Oigo cómo se endurece mi voz—. Me atacaron . Dame un respiro...

—No te atacaron, tuviste una pelea —me espeta River, perdiendo el control.

Sin moverse, parece crecer por encima de mí, haciéndome luchar contra el impulso de dar un paso atrás—.

Como te pasa habitualmente. No soy tonto, así que no me hagas fingir que lo soy.

Tú y yo sabemos que tu repentina salida del estadio ayer no fue por el pánico a la pregunta del examen.

Además, si de verdad hubieras temido por tu seguridad, te habrías quedado donde estabas: a la vista de una docena de guardias y a un paso de mí.

Pero no lo hiciste. Lo que significa que no estabas huyendo del estadio, sino más bien hacia un lugar.

Te fuiste porque había un sitio —o alguien— que necesitabas ver.

Y mira por dónde, luego te enfrentas al único hombre que tiene información sobre el mismísimo ataque que te ha estado preocupando.

Maldita sea. —Sé cómo parece —digo, manteniendo un firme control sobre mi voz, a pesar de mi pulso acelerado—. Pero te equivocas.

—¿Ah, sí? ¿Dónde empiezan y terminan exactamente las mentiras?

—River se calla mientras un sirviente pasa a toda prisa con una bandeja repleta de botellas de vino vacías, y luego continúa en un murmullo áspero—.

Cada vez que pienso que hemos alcanzado un nuevo nivel de confianza, que hemos saltado una barrera que estoy seguro de que es la última, descubro que todavía me estás utilizando.

Me dijiste que aprender a leer era muy importante para ti, y te creí y te ayudé.

Pero entonces afirmaste que quedarte en el equipo de la Destreza era más vital que nada.

Violé todas las normas y reglamentos, cada ápice de mi propio código, para dejarte permanecer junto a la realeza como pediste.

Excepto que al final el equipo de la Destreza importaba bien poco; ya estabas en tu siguiente misión en solitario, apuntando a un aliado de la Guardia Nocturna del que no me dijiste nada.

¿Sabes lo que creo que pasó? Creo que viste a Zake, lo reconociste y decidiste ir a por él por tu cuenta en ese mismo instante, en lugar de decirme la verdad.

—No. —El corazón me martillea. Doy un paso adelante, aunque eso signifique tener que inclinar la cabeza hacia atrás para mantenerle la mirada a River—. No buscaba pelea, te lo juro, River. Intentaba evitarla. Intentaba protegerte.

—¿De qué? —Espera una respuesta que no puedo darle, y luego resopla suavemente—. Déjame adivinar, no puedes decírmelo. Pero te gustaría que confiara en que era importante. Que me convenciera de que no me has estado mintiendo con cada aliento durante meses y meses.

Abro la boca para rebatir la acusación, pero esta vez, cuando River levanta una mano para detenerme, la rotundidad de sus palabras golpea mi alma como un trozo de hielo.

—Te quiero, Leralynn. Y probablemente siempre te querré. Pero no puedo estar contigo. Lo nuestro se ha acabado.