La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 21. Lera
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21. Lera

LERA

L as manos callosas de Tye se deslizan lentamente por mis brazos desnudos mientras los estira por encima de mi cabeza, apretándome contra la sábana.

El aroma a pino y cítricos del fae revolotea sobre mí, tan lleno de promesas traviesas como su brillante mirada esmeralda.

Unos músculos poderosos se flexionan bajo su piel cálida, su cuerpo desnudo es una obra de escultura, mientras un sonido similar a un ronroneo retumba en su pecho.

Mi corazón se acelera como respuesta, mi respiración es corta y superficial mientras una pequeña llama de deseo se concentra en mi bajo vientre.

El contraste del cuerpo caliente y pesado de Tye sobre mí y las sábanas frías bajo mi espalda desnuda hace que el hormigueo en mi piel sea aún más intenso. Más embriagador.

Con el velo de Tye rindiéndose a su voluntad y mi propio amuleto abandonado en el escritorio, el vínculo de apareamiento que tanto, tanto he echado de menos abruma cada fibra de mi ser. Mi compañero. Aquí. Tocándome. La pura dicha del momento es casi insoportable.

Al otro lado de la ventana, el sol empieza a asomar por el horizonte, acariciando los pinos y los robles con una suave calidez, mientras un halcón solitario da los buenos días al mundo.

Al colarse en el dormitorio, otro rayo de sol ilumina una franja en el suelo de piedra, pasando por encima del uniforme de Destreza de Tye para revelar las sombras de sus músculos cincelados.

Arqueo la espalda, empujándome contra la dureza de Tye, mis pechos desnudos y doloridos se ofrecen.

Los ojos de Tye siguen mis pezones. —Estrellas, cómo te he echado de menos —dice arrastrando las palabras en voz baja, colando las palabras por debajo de los suaves ronquidos de Arisha al otro lado del dormitorio.

La voz de Tye, musical por naturaleza, suena aún más melodiosa ahora que tiene la guardia baja—. Tanto, tantísimo.

—¿Sabes que le estás hablando a mi pecho, no?

—Oh, vaya que sí —agarrándome las muñecas con más fuerza, Tye pasa la nariz por la curva de mi pecho derecho y se lleva el pezón a su cálida boca.

Ahogo un grito; el chispazo que me produce el pezón al endurecerse se dispara directo a mi sexo húmedo.

El calor se vierte en mi sangre, mi pulso y mi respiración se cortan mientras oleadas de sensación atenazan la parte posterior de mis muslos.

Mis pechos. Mi monte de venus, ya palpitante.

Cuando choco con la verga erecta de Tye, tan grande y dura que puedo sentirla latir contra mi piel, se me hace la boca agua por la necesidad de metérmela en la boca.

Con las manos aún sujetando mis muñecas, Tye rodea mi pezón con la lengua, recorriendo la punta sin piedad.

A duras penas consigo reprimir un gemido. Mi mitad inferior se mueve hacia arriba y hacia abajo con avidez, buscando el contacto. Mis manos se aferran a las sábanas, el colchón gime siguiendo el ritmo constante de mi…

—¿Podríais buscaros otro sitio para eso? —sentándose en la cama con un gemido de frustración, Arisha palpa la mesa a su lado hasta que encuentra las gafas—. Soy mortal, no sorda.

Se me corta la respiración, el calor me incendia las mejillas. Sin embargo, cuando intento taparnos con las sábanas, descubro que el agarre de Tye en mis muñecas es tan insistente como siempre.

Alzando la cabeza hacia Arisha, el fae sonríe. Sus facciones afiladas y sus hoyuelos repentinos lo hacen injustamente guapo. —Puede que te guste mirar, trenzas. —Su lengua recorre sus dientes con deleite felino—. Nunca se sabe hasta que se prueba.

—No. Nooo, no, no. —Las palabras de Arisha se atropellan, e intento, sin éxito, darle un rodillazo en el trasero desnudo a Tye desde donde yazco debajo de él. A pesar de que acaba de ponerse las gafas, Arisha se tapa con las sábanas hasta la cabeza—. Te odio, Tyelor.

La sonrisa de Tye se ensancha, su pelo rojo le cae sobre la cara de una forma que sabe que es irresistible, lo que lo hace aún más irritante.

—Imposible. En serio, trenzas, no veo por qué querrías negarte el placer de mirar…

¡ay! —Soltándome las muñecas, Tye se frota el punto del cuello donde acabo de morderle —a la tercera va la vencida— y me fulmina con la mirada—. ¿A qué ha venido eso?

—¿En serio no lo sabes?

—Olvídalo. —Tye inclina la cabeza hacia el montón de sábanas que es Arisha—. Puedes fingir que no quieres mirarme, pero aún puedes disfrutar de la Chica Lila, ¿sabes? Creo que todos estamos de acuerdo en que ella parece etérea y no debería llevar ropa. Nunca.

—Poneos algo de ropa, por las estrellas —dice la voz grave de Coal desde la puerta.

Dando botes a una manzana roja en la palma de la mano, entra en la habitación y examina el lugar como si fuera el dueño.

Con el pelo rubio ya recogido en un moño pulcro, Coal lleva unos pantalones negros holgados y un jubón de cuero sin mangas que deja al descubierto los músculos fibrosos que se entrelazan bajo su piel.

Sus ojos azules y su rostro cincelado —con una mandíbula cuadrada y unos pómulos marcados devastadoramente seductores— están alarmantemente tensos.

Mientras Coal va a cerrar la puerta, el lobo de Shade se cuela por delante del guerrero y entra al trote, con su larga cola gris levantada en señal de victoria.

Últimamente he visto más al lobo que a la forma fae de Shade, lo que debe de dejar al fae completamente desconcertado cada vez que vuelve a su cuerpo normal.

—¿Has oído hablar de llamar a la puerta? —apartando a Tye de un empujón, me envuelvo en la sábana mientras el fae desnudo se estira perezosamente y se desparrama sobre un trozo de sol.

—He oído vuestra cama chirriar desde la otra punta del pasillo, así que sabía que tú, al menos, estabas aquí. —Dándose la vuelta, Coal le lanza la manzana a la cama de Arisha y asiente para sí cuando el bulto bajo las sábanas chilla con indignación—. Las dos. Bien.

—Rrrrrrr. —Con un gruñido profundo en el pecho, Shade salta desde el suelo de una zancada, con su ojo dorado totalmente concentrado en la fruta circular que ahora rueda por las sábanas de Arisha.

—Shade, no. — Mis palabras coinciden con las patas de Shade posándose sobre el edredón de Arisha.

Las poderosas patas del lobo se apoyan contra la chica para coger impulso mientras corretea tras la escurridiza manzana.

Un instante después, Shade empuja el amasijo de Arisha y ropa de cama al suelo y, en un destello de caninos salivantes, se abalanza sobre la fruta.

Misión cumplida, el lobo se acomoda en el lugar cálido que Arisha ocupaba momentos antes para mascar ruidosamente su presa.

El thump, thump, thump de su cola contra el colchón añade el colofón del insulto mañanero.

Con una mano tapándome la boca y la otra sujetando la sábana, corro al lado de mi amiga. —Arisha, lo siento muchísimo.

—Malditos inmaduros, idiotas…, inmortales —dice Arisha, sacando la cabeza del embrollo como una cría feroz saliendo del cascarón y fulminando a todos con la mirada, con un halo de pelo castaño y encrespado alzándose a su alrededor—. ¿No podéis…?

—River está despierto y poniéndose al día a toda prisa. —Ignorando el balbuceo de Arisha, Coal apoya los hombros en la pared y me mira con gesto significativo—. A eso he venido. Por lo que parece, ¿no le dijo nada usted ayer después de huir de los exámenes?

La temperatura de la habitación cae en picado ante las palabras de Coal. La repentina tensión en mi columna vertebral es, al parecer, lo bastante evidente como para que ni siquiera Tye haga ningún comentario cuando dejo caer la sábana para empezar a vestirme.

—Estuvo ocupado ayer —digo.

Coal enarca una ceja, nada impresionado.

—Cuando le he mencionado que la había asaltado un sirviente llamado Zake después de huir de la arena, he pensado que iba a entrar en combustión allí mismo.

—Sus ojos azules me atraviesan con tal agudeza, que a duras penas consigo no retorcerme como un escarabajo clavado por un alfiler—.

Por si lo ha olvidado, mortal, necesitamos a River de nuestro lado.

Cientos de vidas humanas dependen de ello.

Típico de Coal, saber exactamente dónde clavar el cuchillo y luego retorcerlo.

—Creo que te prefería sin tus recuerdos —murmuro.

Al menos entonces, mis fracasos tenían un público más reducido.

En el mes que he estado sola, había olvidado que el apoyo de los faes venía con una buena dosis de supervisión.

Que, por mucho que afirmen lo contrario, aún tengo que demostrar mi valía como guerrera; mi único año de inmortalidad no puede competir con sus siglos de entrenamiento y lucha de élite.

Ahora que la conmoción inicial del regreso de los recuerdos se estaba desvaneciendo, las decisiones que he tomado —o he evitado tomar— se están desplegando con todas sus consecuencias.

La peor parte es que Coal tiene razón. La culpa me araña la piel mientras los últimos vestigios de negación dan paso a una oleada de náuseas.

River estuvo ocupado todo el día, primero con los exámenes de los cadetes y luego con reuniones con diversas delegaciones reales, pero me envió mensajes con Rabbit tres veces, pidiéndome que me reuniera con él en cuanto pudiera arañar unos minutos para sí.

Para que le explicara por qué había huido durante los exámenes. Para decirle si estaba bien.

—No sabía qué decirle. —Me sirvo agua de una jarra en un intento de asentar el estómago.

No funciona, ni para mi estómago ni para mi mente.

Pero es la verdad. River ha hecho tanto por mí —ha pasado horas dándome clases e incluso ha llegado a amañar los exámenes para asegurarse de que pudiera permanecer en la Academia durante las Pruebas de Destreza— y he huido de él.

Se me encoge el corazón al recordar su cara cuando hui del escenario.

Sorpresa, preocupación… dolor. Idear una forma de explicar mi comportamiento, y mucho más la identidad de Zake, sin activar el amuleto de River, había sido una montaña demasiado alta para que mi mente abrumada la conquistara—. Ayer no podía pensar.

Saltando de la cama de Arisha, el lobo trota hasta mí y se apoya en mi cuerpo, entrecerrando sus ojos dorados hacia Coal.

—¿Y pensaste que no decir nada funcionaría? —dice Coal.

Shade le enseña los dientes.

—Pensé que tendría la mente más despejada por la mañana. —Me froto la cara con las manos—. ¿Cómo de enfadado está River?

Cogiendo mis zapatos del suelo, Coal me los lanza a las manos. —Está a punto de descubrirlo por usted misma. Y ha perdido la oportunidad de hacerlo en sus propios términos.