La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 20. Lera
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20. Lera

LERA

A hora que Coal y Zake se han marchado, seguidos por Rabbit, me vuelvo hacia Tye, casi con miedo de lo que podría encontrar.

El feérico está arrodillado en el suelo, con los hombros agitándose debajo de su camisa dorada empapada de sudor y la cabeza gacha, como si estuviera rezando.

La sangre se le ha secado en regueros de color marrón rojizo por la mandíbula y el cuello, una visión que me hiela la sangre en las venas.

―¿Tye?

No responde, y me doy cuenta por primera vez de que un leve temblor le sacude todo el cuerpo.

Me acerco a él y me arrodillo a su lado, sin importarme apenas que esté desnuda de cintura para arriba, ni que la última vez que hablamos fuera para escupirnos veneno el uno al otro.

Lo único que me importa es si está bien, si el alma de Tye sigue ahí dentro.

Le cojo las ásperas mejillas con las manos, le levanto la cabeza…

y ahogo un grito. Sus ojos esmeralda se clavan en los míos con tal intensidad que no podría apartar la mirada aunque quisiera.

Están inyectados en sangre, ferozmente lúcidos y anegados en lágrimas.

―Perdóname ―grazna.

―¿Por…?

―Perdóname, Chica Lila.

―¿Qué…? ―Las palabras se me atascan, se me acelera el corazón. El nombre con el que Tye solía llamarme en Lunos me acaricia la piel, palpitando con significado―. ¿Cómo me has llamado?

Sacude la cabeza para soltarse de mis manos, duda un instante y luego me las coge con tanta fuerza que me crujen los nudillos.

―Lo he recordado ―susurra Tye―. Y he estado intentando averiguar por qué lo hiciste, por qué luchaste contra Zake para protegerme. No me merecía nada de eso.

Me muerdo el labio para reprimir las lágrimas repentinas y un alivio casi insoportable me inunda el cuerpo.

Demasiado para creerlo. Con todo lo que acaba de pasar, es muy posible que la única forma de que el amuleto hubiera superado los recuerdos de Tye habría sido matándolo.

El corazón se me acelera con el pánico tardío de lo cerca que podríamos haber estado de eso.

Tye vuelve a bajar la barbilla hasta el pecho.

―Lo recuerdo todo. Recuerdo haber deseado a la cadete que creía que eras, recuerdo haberte visto caer de las gradas, recuerdo haber elegido las Pruebas de Destreza por encima de tu palabra.

―Cada palabra que susurra le provoca una mueca de dolor―.

Lo recuerdo todo, Lera. Y aceptaré cualquier castigo que se te ocurra.

―Tye. ―Trago saliva; me duele el corazón por él. Por nosotros. Como el feérico se niega a levantar la vista del suelo, vuelvo a cogerle la cara y le perfilo los pómulos, el ángulo cuadrado de su mandíbula―. La magia…

―¡Debería haber luchado con más fuerza! ―Tye niega con la cabeza y su pelo rojizo se agita violentamente de un lado a otro. Las lágrimas le brillan en las mejillas, atrapando los destellos de la luz de las antorchas del pasillo―. Te he fallado, Chica Lila. Y casi nos cuesta todo a todos.

Le seco las lágrimas con el dorso de la mano y el feérico inmortal bajo mi tacto se estremece con cada caricia.

Tye me mira y, por fin, veo el más leve atisbo de una sonrisa en sus hermosos ojos.

Antes de que pueda volver a encerrarse en sí mismo, le echo los brazos alrededor de sus cálidos hombros y me refugio en su aroma a pino y cítricos y en su fuerza aterciopelada.

El latido de su corazón contra sus costillas es tan potente que siento cada pulsación vibrar a través de mi propio cuerpo.

Una vez. Dos. Entonces, los fuertes brazos del feérico se cierran con fuerza a mi alrededor, aplastándome contra él.

―No voy a soltarte, Chica Lila. ―Las palabras susurradas me alborotan el pelo, haciéndome cosquillas en la nuca―. Jamás.

* * *

―¡Miaaaau! ―Saltando desde lo alto de una estantería, Esbirro se agarra al hombro desnudo de Tye ―la túnica del feérico ahora me cubre a mí― y trepa por su piel.

Varios de los preciados libros de Gavriel, desde los que el gato se ha impulsado, caen al suelo de la biblioteca en una cascada de estruendos que hacen que Rabbit se acurruque más en un rincón.

Denganza, Tye agarra al gatito naranja por el pellejo del cuello y lo sostiene a distancia, con el pequeño fardo de pelo bufando y arañando el aire con intención demoníaca.

―Voy a matarlo ―dice. Son las primeras palabras que pronuncia desde que lo puse de pie en aquel armario polvoriento y casi lo arrastré hasta aquí.

―¿De verdad? ―pregunta Gavriel, con sus cálidos ojos marrones esperanzados―. La verdad es que sería un gran favor a la humanidad.

―¡No! ―Arisha se lanza a por su bestia, con las trenzas y las gafas botando con ella.

Acercándose al gatito, que aún cuelga, con un largo y escultural brazo, Tye clava su mirada verde en la del monstruo de afiladas garras y gruñe, un sonido que brota de lo más profundo de su ancho pecho.

Esbirro deja de arañar el aire al instante; el diminuto gatito maúlla ahora piadosamente y se lame la nariz con una diminuta lengua rosa.

―Al gato no ―dice Tye, dejando a Esbirro de nuevo sobre los libros de Gavriel―. A Coal.

―Puedes intentarlo ―murmuro, casi riéndome al oír las propias palabras del guerrero salir de mi boca. Pero reír sería demasiado esfuerzo. Me duele todo. La espalda. La oreja. El corazón. Y eso antes incluso de que pueda empezar a analizar el desastroso lío con el que todavía tenemos que lidiar.

―Debería haber luchado ―masculla Tye―. Ese cabrón debería haber intervenido antes.

―¿El alma cándida que es Coal? ―Pongo la mano en la mejilla de Tye; su barba incipiente me raspa la piel. Mi voz se suaviza―. Coal sabía mucho de lo que estaba pasando en ese armario. Creo que… creo que en ese momento necesitaba que alguien confiara en mí más de lo que yo misma confiaba.

Tye se vuelve hacia mí y me mira a los ojos, al parecer, a regañadientes.

El verde esmeralda de su penetrante mirada es tan hermoso como su duro cuerpo, cada línea afilada con una perfección letal.

Si pensaba que el feérico era etéreo en Lunos, bajo la dura tutela de Han, ahora es un depredador encarnado.

―Así que, si perdonas a Coal, ¿crees que podrías llegar a… ?

―Tye. ―Levanto una ceja―. No hay nada que perdonar. Ya no.

Tye niega con la cabeza, encogiendo los hombros, y de los cuatro arañazos paralelos que Esbirro le ha dejado en la piel brotan diminutas gotas de sangre.

A nuestro alrededor, la biblioteca se queda en silencio; Gavriel deja su taza de té suavemente sobre la porcelana.

―Lo hiciste tú todo ―dice Tye―. Todo. Y yo intenté ponerte la zancadilla a cada paso.

―No en cada paso. ―Sentada en una silla a unos pasos de distancia, Arisha acaricia al impertinentemente ronroneante Esbirro―. Y luego hubo todas esas veces que no implicaron estar de pie de ninguna manera. Estoy bastante segura de que Lera disfrutó de esas.

―¿Por qué no estaban de pie? ―pregunta Rabbit, con los ojos marrones muy abiertos.

―Estoy intentando disculparme, si no os importa a los dos. ―Tye se gira para fulminar a Arisha con la mirada, entrecerrando los ojos―. Espera. ¿La Trenzas sabe…?

―Es un poco tarde para preguntar, ¿no crees? ―dice Arisha.

Empujo a Tye a una silla de madera y me subo a su regazo antes de que pueda protestar, rodeándole el cuello con mis brazos.

Sintiendo el martilleo de su corazón bajo mi cuerpo, presiono mi frente contra la suya.

Absorbo su delicioso calor, las motas plateadas de sus ojos.

―Simplemente le daremos tiempo, ¿vale? ―le digo.

Sonríe con un ligero matiz del antiguo Tye e inclina su boca hacia la mía.

―Me gustan tus orejas ―dice una vocecita desde el rincón. Tye se tensa contra mis labios cuando las palabras de Rabbit calan―. ¿Es verdad que pueden oírlo todo?

Apartándome del abrazo de Tye, comparto una mirada preocupada con el feérico antes de girar la cabeza hacia Gavriel, cuyo ceño fruncido refleja el pavor que empieza a gestarse en la boca de mi propio estómago.

La memoria de Coal ha regresado sin destruir su disfraz, pero las cosas están cambiando. ―¿Puedes ver las orejas de Tye, Rabbit?

―Ajá.

―Yo no. ―Gavriel niega con la cabeza―. Para mí, Tyelor no tiene un aspecto diferente al que siempre ha tenido. Aunque estoy más acostumbrado a ver al joven completamente vestido.

Rabbit se encoge de hombros, como si la noticia no tuviera la menor importancia para él. ―Siempre las he visto. Pero no me pareció muy inteligente decirlo. Como nadie más parecía verlas. Ni siquiera el maestro Shade, y él, ya sabéis… guau. ―Rabbit pone las manos como si fueran garras.

Tye me aprieta los hombros, luego se acerca para agacharse junto al chico flacucho, con Esbirro siguiéndole como una pequeña guardia de honor peluda. ―¿Qué crees que habría pasado si hubieras dicho algo? ―le pregunta Tye al chico, con su voz suave en total contradicción con su gran tamaño.

Rabbit baja la barbilla. ―Me habrían echado, y no tengo adónde ir.

Tye niega con la cabeza y, de repente, veo al niño pequeño que fue, tanto en los recuerdos tejidos por el velo como en su propio pasado. Los malditos amuletos de velo no solo tejían disfraces, sino que explotaban cada dolor en su propio beneficio.

―El director Sage iba a echarme ―susurra Rabbit―. Antes de que llegarais vosotros y todos pensaran que el comandante River era el subdirector. Pero entonces River dijo que podía quedarme. Y todos le hicieron caso. Por favor, no le digas a River quién es.

Se me oprime el pecho.

Tye niega con la cabeza. ―No pasará, Rabbit. No lo permitiré, ¿de acuerdo?

―Rabbit. ―Me agacho también junto al niño; mi rodilla roza la de Tye―. ¿Puedes ver las orejas de Han?

―Claro ―dice Rabbit―. Pero parece humano.

―Eso es porque lo es. ―Entrando en la biblioteca, Coal nos examina con rostro sombrío, su moño rubio inusualmente alborotado y las manchas de sangre en sus manos claramente no suyas―. Diría que lamento interrumpir este festival de los sentimientos, pero no lo lamento en lo más mínimo.

―Un placer tenerte con nosotros, como siempre ―murmura Arisha.

Coal le lanza una mirada oscura y luego nos examina a todos; sus ojos azules anuncian el regreso a la realidad incluso antes de que hable.

― El maestro Zake resultó ser bastante cooperativo una vez que iniciamos una conversación.

Han es un cambiante, con el ser humano como su forma animal.

En resumidas cuentas, la Guardia Nocturna y sus esbirros ―lo que incluye a gran parte del nuevo personal de servizio― nos tienen rodeados.

El ataque se producirá durante las ceremonias de clausura de las Pruebas de Destreza, cuando todo el mundo esté en la arena para la entrega de premios.

―Tenías razón desde el principio, Chica Lila ―dice Tye―. Yo…

―Tienes que volver a las pruebas como un buen atleta ―le digo, sin creerme mis propias palabras.

Ignorando su cabeza que se sacude vigorosamente, me quito su camisa dorada de uniforme de la espalda y se la pongo en las manos―.

Yo ya no estoy en el equipo, quizá incluso fuera de la Academia si no encuentro la forma de evitarlo, así que serás el único que podrá permanecer cerca de la realeza.

Parece que al final vas a tener tus días de gloria girando en torno a una barra.

―Lera… ―dice Tye.

―Tiene razón. ―Coal me entrega su propia camisa manchada de sangre para reemplazar la de Tye; su torso desnudo y ondulante hace que Arisha aparte la vista poniendo los ojos en blanco―. Vete, Tye. Además, creo que la mortal quiere gritarme ahora mismo, y estás en medio.

Poniéndose el uniforme sobre su musculoso cuerpo, Tye le da una palmada en el hombro a Rabbit y se va, su mirada verde sosteniendo la mía hasta que la puerta finalmente se cierra tras él.

Cuando Tye se ha ido, Coal apoya el hombro en una estantería y arquea una ceja.

―Sí, me quedé de brazos cruzados viendo cómo esa escoria humana intentaba hacer picadillo contigo, y viceversa ―dice el feérico con calma―.

Y no, no vas a recibir una disculpa. Pero si te apetece pegarme por ello, ahora sería el momento más oportuno.

Genial.

Resoplo. ―Al contrario, Coal. Dado lo maravillosamente bien que ha salido todo, creo que simplemente me lo guardaré para usarlo en tus propias pesadillas.

―Alzo una ceja a juego con la suya; el calor me inunda el sexo a mi pesar―.

Pero ahora no. Solo quiero asegurarme de que tendré tiempo para disfrutarlo.

―Tienes una vena malvada a la altura de la de Esbirro.

―Sacudiendo su rubia cabeza, Coal me rodea con sus brazos, con sus labios suspendidos a un suspiro de los míos.

Sus dientes brillan, el azul de sus ojos arde―.

Me has dado un susto de muerte, mortal, así que no te extrañe que me tome un momento para asegurarme de que todos tus pedazos están en su sitio.

Un ruido de arcada exagerado suena al otro lado de la habitación, seguido rápidamente por Arisha y Gavriel sacando a Rabbit de la biblioteca.

Coal me pasa las manos por los costados con más presión de la necesaria y luego por la espalda, por debajo de su camisa, dudando sobre los verdugones que me ha dejado el cinturón de Zake. Reprimo un respingo, mirándolo fijamente a los ojos, retándolo a que diga algo.

―¿Falta algo?

―Está todo en su sitio ―dice con voz ronca.

Antes de que la última de las campanillas plateadas de la puerta termine de sonar, las fuertes manos de Coal se deslizan hasta agarrarme el trasero.

Levantándome sin esfuerzo hasta la altura de sus ojos, hunde su boca en la mía; la necesidad primigenia resuena a través del vínculo entre nosotros, haciéndome temer por el destino de la preciada biblioteca de Gavriel.