La Campana de la Verdad (Power of Five 7) 11. Lera
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11. Lera

LERA

M i espalda se arquea mientras la polla increíblemente grande de River embiste con fuerza y profundidad en mi interior.

Me aferro desesperadamente al borde del escritorio para sostenerme.

Su descomunal tamaño me abruma por un instante y concentra todo mi ser en la polla dura, caliente y resbaladiza que late con potencia dentro de mi estrecho canal.

Y entonces empieza a bombear.

Adentro y afuera, adentro y afuera, la cabeza de la polla de River se desliza a través de mí, derritiendo mis huesos hasta convertirlos en un metal maleable y candente.

Mi coño se aprieta alrededor de su palpitante intrusión; mi canal primero trata de contener la gran fuerza que hay en mi interior, para luego incitarla.

El calor se acumula en mi sexo y hace hervir mi sangre; mi necesidad crece. Y crece.

El escritorio de River cruje bajo sus potentes embestidas. A través de la ventana abierta, el clamor de los estudiantes que se llaman unos a otros en el patio y los ásperos ruidos de las obras son un lejano recordatorio de dónde estamos. De quién es River cuando no está en esta habitación conmigo.

Esto solo provoca una nueva punzada de necesidad en mi interior, y me arqueo, instando a River a ir más rápido. Más fuerte.

En lugar de ceder a mi exigencia, el hombre inspira bruscamente y me sujeta las caderas con una firmeza implacable que envía su propio mensaje. Me tomará por quien soy, y me dará también a quien es él. Un comandante. Un guerrero. Un rey inmortal que no recuerda ser, aunque su cuerpo sí lo haga.

Un gimoteo se escapa de mis labios y se convierte en un gemido desesperado.

Cada parte que la polla de River toca se vuelve más sensible, más hambrienta.

Incluso con sus manos sobre mí, mi trasero se levanta para recibir sus poderosas caderas cuando se estrellan contra mí, mientras que el chap, chap, chap de su pesado saco llega una fracción de segundo después. Otra vez. Y otra.

Con la polla todavía moviéndose en mi interior, River inclina su cuerpo sobre el mío.

Su duro pecho presiona mi espalda y sus manos se deslizan a lo largo de mis brazos extendidos mientras su aroma a madera acaricia mi nariz.

Presionada entre el peso del cuerpo caliente de River y la fría e inflexible madera de su escritorio, siento la extraña combinación de estar atrapada y a salvo, capturada y saboreada.

Entonces los caninos de River rozan mi cuello y mis pensamientos se detienen.

—Te quiero, Leralynn —me susurra al oído—. A ti. Tal y como eres.

Antes de que pueda responder, nos separa lo justo para deslizar su mano por debajo de mis caderas y trazar con sus dedos el capuchón que rodea mi clítoris hinchado.

Explosiones de sensación recorren mi núcleo, atormentando mis muslos, los dedos de mis pies y mi columna hasta que me quedo sin aliento.

La combinación de la polla, los dientes y los dedos de River es como un conjunto de grilletes ardientes de los que no puedo escapar ni soportar un instante más.

El filo del placer que se acerca se cierne ante mí, tan tentador como aterrador por su caída cósmica.

Por el hecho de que, bajo el hábil mando de River, no tengo control alguno sobre lo que está por venir.

—River. —Su nombre es un susurro entrecortado en mis labios, y no sé si le estoy suplicando un respiro o que acelere. Mis músculos se contraen, mi canal se aprieta alrededor de su miembro mientras la creciente sensación sube más y más alto y…

El hombre me clava los dientes en el cuello justo cuando su pulgar me roza el clítoris expuesto.

Todos los músculos de mi cuerpo se contraen sobre mi sexo palpitante en una explosión de placer abrasador.

Grito, y la otra mano de River me tapa la boca antes de que el sonido pueda llegar demasiado lejos.

La contención, sus cálidos y callosos dedos que huelen a mi propia excitación, no hacen más que intensificar las oleadas de espasmos que sacuden mi cuerpo.

Jadeo, estremeciéndome bajo el pesado cuerpo de River, mientras cada nervio de mi interior se dispara y el mundo se fragmenta a mi alrededor.

Alrededor de la dureza de River. Una y otra vez, hasta que mis piernas flaquean.

Vuelvo en mí lentamente, consciente primero del liso escritorio bajo mi mejilla, luego de la firme presión de los dedos de River masajeando la parte baja de mi espalda, y finalmente de la brumosa constatación de que la gran polla del hombre sigue dura y latiendo dentro de mí.

Lo que significa… Lo que significa que River no ha hecho más que empezar, mientras yo soy un charco jadeante de músculos agotados y un sexo sensible.

Parpadeando para volver a la realidad, me doy cuenta de que River me ha abierto más los muslos, y las nalgas de mi trasero se separan con un sonido húmedo.

Intento cerrar las piernas por instinto y no consigo más que una aceleración del pulso.

—Querías que te tomara por completo, Leralynn. —La voz grave de River y sus ásperas e irregulares respiraciones recorren mi espalda, haciendo que mi sangre cosquillee de emoción—. Y lo haré. Te tomaré por completo.

Antes de que pueda responder —no es que mi mente aletargada pudiera evocar algo que mis muslos traicioneramente húmedos no tacharan de mentira—, River moja un dedo en mi humedad y lo presiona con firmeza más allá del sensible borde de mi ano.

El dedo se desliza con facilidad y —aun mientras me retuerzo contra la intimidad de la intrusión— punzadas de una necesidad enloquecedora salen disparadas desde los nervios congestionados directamente hacia mi clítoris.

Íntimo. Sí. El acto es humillantemente íntimo, y, sin embargo, la presencia de River llena un vacío más profundo que el de mi sexo palpitante.

El hombre que tengo detrás no está jugando conmigo, no está simplemente retozando en la cama, sino que me está entregando la verdad absoluta de sus deseos.

No porque una magia lo obligue, sino porque quiere. Porque lo elige. Me elige a mí.

Puede que en su mente sea un hombre diferente, pero sus necesidades y placeres son los mismos que los de mi River.

Si cierro los ojos, casi puedo fingir que estamos de vuelta en Lunos, con River inclinándome sobre su enorme escritorio de roble y tomando exactamente lo que quiere, mostrándome en el proceso nuevas cotas de placer.

Confío en ese hombre con cada centímetro de mi cuerpo.

Debajo de mí, la punta roma del dedo de River traza de repente todo el contorno de mi capuchón, y el hinchado clítoris de su interior despierta con una magnífica sacudida.

Los dedos de mis pies se enroscan dentro de mis botas y, mientras inspiro bruscamente contra la floreciente sensación, el segundo dedo de River entra en mi ano, estirándome sigilosamente.

La urgencia que crece alrededor de mi clítoris hace que mis muslos aprieten las rodillas inflexibles de River, y mis pensamientos se centran implacablemente en el diminuto punto que controla mi cuerpo como un anzuelo.

Saber lo expuesta que estoy a River, lo completamente que estoy a sus órdenes, de alguna manera magnifica cada sensación, y mi cuerpo se excita cada vez más sin tener en cuenta el sentido común.

River vuelve a recorrer mi capuchón, rozando mi clítoris con demasiada ligereza. Cuando arqueo las caderas hacia él con exigencia, su polla y sus dedos se retiran de mí por completo, dejándome con un vacío devastador.

Gimoteo.

Y entonces siento la gran cabeza de la polla de River presionada contra mi ano.

Tras el vacío, la lenta entrada me llena de forma atroz.

Manteniendo quietas mis caderas respingonas, los fuertes pulgares de River se hunden en las carnosas curvas de mi trasero y frotan en pequeños y firmes círculos.

La presión, muy, muy profunda, roza el borde del dolor, que se transforma en placer fundido al liberar músculos que ni siquiera sabía que estaban tensos.

Mi cuerpo le da la bienvenida, aunque la plenitud de mi interior es suficiente para hacer que el mundo parpadee.

Moviendo las manos, River vuelve a encontrar los lados de mi clítoris, tocando las sensaciones de mi cuerpo como si fueran un instrumento musical.

Cuando los dedos de su mano libre se deslizan en mi resbaladizo canal, compensando la polla que llena mi ano, una renovada oleada de calor me recorre, haciéndome gemir contra el escritorio.

Mi sexo late hambriento, a ciegas. La lenta embestida, embestida, embestida de la polla de River parece tocar todos los nervios de mi cuerpo a la vez. Mis dedos arañan la mesa, mis piernas indefensas se doblan bajo su asalto.

River me embiste ahora con fuerza, cada golpe de sus caderas y de sus dedos impactando justo en el centro de mi clítoris hinchado.

Los nervios maltratados de mi canal y de mi ano aúllan con una sensación tan abrumadora que no sé cuánto más podré soportar.

Nuestras respiraciones son ásperas contra los muros de piedra; nuestros cuerpos se encuentran en un ritmo impetuoso y brusco, buscando sin pensar la liberación.

Un quejido primario se escapa de mis labios antes de que pueda evitarlo, mi cuerpo convulsionándose alrededor de los dedos de River, colisionando con las ondulaciones resonantes de su palpitante polla.

Sus embestidas se aceleran. Se endurecen. Más y más, hasta que mi sexo se convulsiona a su alrededor y sus propias respiraciones se convierten en gruñidos desesperados. Su control implacable envía temblor tras temblor a través de mí hasta que…

—Ahora, Leralynn —ordena el hombre, y los dos nos despeñamos juntos por el precipicio.