9. Lera
LERA
B astardo. Bastardo. Bastardo.
Forcejeo contra el agarre inflexible de River, con su cuerpo cálido y duro como una roca apretado contra mi espalda.
Su pecho se agita, su aliento es rápido y caliente contra mi pelo, su pulso desbocado martillea en mi piel.
Crudo e incontenible, tan distinto del River controlado que conozco, que mis propios sentidos primarios escapan a mi control.
Iba a marcharme. Y ahora apenas puedo moverme, mis músculos se contraen por la tensión, el dolor y un repentino arrebato de excitación que odio tanto como lo odio a él ahora mismo. Quiero salir corriendo. Golpear a River con todas mis fuerzas. Quiero acostarme con él. Matarlo.
—Me has convertido en el hazmerreír. —Retuerzo la mano, tratando inútilmente de arañarle la piel de la muñeca.
—Necesitaba que lo entendieras. —La ira contenida en su voz entrecorta las palabras.
—¿Que soy un caso de caridad desagradecido que no sabe apreciar lo bueno ni aunque le dé en las narices?
—¡Que no voy a dejar que te marches de mi vida sin pelear hasta el final! —Tan de repente como me había agarrado, River me aparta de un empujón para apoyar las manos temblorosas en sus muslos. Sus fosas nasales se dilatan, y sus jadeos rápidos son tan impropios de él que me hacen trastabillar.
No marcharme de la Academia. De su vida .
Abro los ojos de par en par. La mirada cruda de River confirma lo que he oído. Su rostro ha palidecido, sus labios están apretados. Ha dicho más de lo que pretendía, y sabe que no puede retractarse.
Me sacudo, mientras mi mente me grita que no me crea ni una palabra.
Es un rey inmortal y yo una campesina. Una perdida que ha acabado en el palacio.
Sin la magia del vínculo, River no puede desearme, no puede sentir nada más que una mezcla de lástima e indulgencia.
Si desnudáramos nuestras almas hasta llegar a la verdad, yo no estoy destinada a ser la pareja de River: soy su proyecto.
Me escuecen los ojos.
Con un suave gruñido, River se incorpora bruscamente, con siglos de entrenamiento que le otorgan a su gran cuerpo el poder pulido de un depredador.
Antes de que pueda moverme, me agarra las caderas con sus manos duras, levantándome del suelo.
Mis piernas cuelgan sobre el suelo durante un confuso instante antes de sentarme en el borde de su alto escritorio.
Colocándose tan cerca de mí que mis muslos se abren para dar cabida a su cuerpo, el varón apoya descaradamente las palmas de las manos a cada lado de mi cara, apresando nuestras miradas con una fuerza de hierro.
—No eres un caso de caridad. —Escupe las palabras, que parecen humear en el aire cargado de tensión.
Fuera de la ventana, una nube se desplaza, un nuevo y diminuto rayo de sol se refleja ahora en los iris gris tormenta del varón.
Un músculo se contrae en su mandíbula cuadrada, cada línea de su rostro inquietantemente hermoso está llena de una intensidad salvaje—. Nunca lo has sido. Jamás.
—Entonces, ¿por qué…?
—Porque me he enamorado de ti, maldita sea. —River traga saliva, su mirada se precipita hacia el techo mientras respira profundamente. Desesperadamente—. Por mucho que he intentado que no ocurriera. Y ahora no puedo deshacerlo, joder. No puedo dejar que salgas por esa puerta y no vuelvas nunca.
Mi mente se queda en blanco.
—¿Leralynn? —River vuelve a tragar saliva, un sonido fuerte en la silenciosa habitación. Inclinando la cabeza, deja su boca suspendida a centímetros de la mía, su aroma a bosque me invade. Penetrante y peligroso, como el borde de un acantilado—. Di algo —susurra.
Tengo la boca seca, la sangre corre tan rápido por mis venas que el mundo se atenúa en los bordes.
Y, sin embargo, a pesar de todas las advertencias de mi mente a gritos, mi cuerpo se siente atraído hacia él.
Un ratón que camina voluntariamente hacia una trampa abierta que aún podría cerrarse de golpe.
River cierra su boca sobre la mía con un gemido.
Después de todas estas semanas sin su piel sobre la mía, el calor es embriagador, la presión de sus labios aterciopelados tan perfecta que no puedo evitar corresponder con un hambre propia.
Su lengua recorre mi labio inferior antes de deslizarse dentro con una confianza inmortal.
Una cascada de calor y poder se desliza desde mi boca hasta mis pezones erizados y mis muslos abiertos.
Mis sentidos se deleitan con la pausada exploración de River, su lengua recorriendo lentamente mi boca una, dos veces, antes de que el sensual beso se transforme en algo diferente.
Cogiéndome el pelo con la mano, él se hunde más en mí, una embestida primigenia, posesiva e inflexible, suficiente para dejar su alma al descubierto.
Mi respiración se entrecorta, mis manos se clavan en los hombros de River y luego se deslizan por su abultado pecho. Quiero más que un beso. Necesito más que un beso.
Los músculos de River se contraen y vibran bajo mi tacto, su pecho y abdomen se tensan más y más mientras mis dedos rodean el duro bulto que palpita bajo sus ajustados calzones.
Jadeando en busca de aire, aparta su boca de la mía, sus grandes pupilas febriles de una necesidad palpitante.
—Nosotros… no puedo. —Su voz suena entrecortada, como si estuviera llamando desde el fragor de la batalla.
Estamos cruzando una línea que, en el velado mundo de River, nunca antes hemos tocado: la última línea en la arena que el subdirector que habita en River sabe que está ahí—. Eres una alumna.
—Soy Leralynn. —Una presión que no sabía que se estaba acumulando en mi pecho se tensa y se rompe, derramándose en mi sangre hirviente.
Las mentiras, las medias verdades, las pretensiones y las suposiciones.
Las emociones me arrollan en una ola implacable, golpeando mi corazón hasta que todo se convierte en un único pensamiento claro—.
Soy Leralynn —digo de nuevo, mi voz llenándose de un poder que es de mi alma, no de la magia—.
No soy una alumna. No soy una dama. No soy nadie que creas que soy o que quieras que sea.
No soy nadie más que yo misma . Ténlo en cuenta cuando hagas tu movimiento, River, y asúmelo. Porque yo lo hago.
La mandíbula de River se tensa una vez.
Y entonces me desgarra la chaqueta del uniforme con tal fuerza que los botones tintinean al rebotar en los muros de piedra.