6. Lera
LERA
P ara cuando recojo un uniforme limpio de mi habitación y me arrastro hasta los baños antes del almuerzo, todo el mundo parece haberse enterado del nuevo cambio en el equipo de Destreza, y ni a una sola alma parece alegrarle la noticia.
—Lo amañó, que lo sepáis. —Las palabras de la chica, mezcladas con el aire vaporoso, parecían oprimirme desde todas las direcciones—. Katita no se encontraba bien anoche, así que, por supuesto, la de Osprey aprovechó la oportunidad.
—¿Y por qué Han le hizo caso a esa sarta de sandeces después de las mentiras que difundió sobre Tyelor? —responde otra chica.
—Quizá le ofreció algo. Ahí abajo. —La voz de la primera chica se vuelve un susurro—. Apostaría a que solo estará en el equipo el tiempo justo para que a cierto gallito se le baje el calentón.
Odiando mis oídos inmortales, me retuerzo mi pelo exasperantemente grueso en una trenza lo más rápido posible, termino de abrocharme la túnica y salgo a toda prisa de los baños al bochornoso aire exterior para el brevísimo paseo hasta el comedor, donde me espera la compañía de mis nuevos compañeros de equipo rodeándome una vez más.
No llevo ni medio día en el equipo de Destreza y ya echo de menos la compañía de Arisha y la brutalidad matutina de Coal.
Los altos edificios de piedra a cada lado del patio parecen estrecharse aún más, con ojos invisibles acechando desde cada ventana, esperando a que fracase.
—Lady Lera de Osprey. —La voz grave y satisfecha de Rik me sorprende por la espalda, haciéndome respingar.
Cuando él y Puckler me alcanzan a la sombra del imponente muro de la arena, nuestros uniformes idénticos me revuelven el estómago—.
Nos concederá, por supuesto, el honor de permitir que la escoltemos al comedor, ¿verdad?
Dado que mi última interacción significativa con los primos de la realeza de Katita implicó una pelea en el establo en la que uno de ellos intentó meterme un bocado de caballo en la boca, ni siquiera me molesto en fingir amabilidad y acelero el paso.
Puede que tenga que compartir mesa con esos cabrones, pero no tengo por qué respirar el mismo aire que ellos ni un momento más de lo necesario.
—Aunque la hazaña pueda parecer difícil, puedo apañármelas para encontrar el comedor sola.
Así que sean buenos perritos falderos y vayan corriendo a ver a Katita.
—¿Son esas formas de hablar a sus nuevos compañeros de equipo, por breve que sea el tiempo?
—A mi derecha, Puckler se acerca tanto que su brazo presiona el mío, mientras que su gemelo imita el movimiento al otro lado.
Sus cuerpos pesados, en lugar de definirse con el entrenamiento, no han hecho más que ganar masa; serán las mejores armas del equipo de Destreza en las categorías de lucha y fuerza.
La voz de Puckler se vuelve un susurro—.
Tenemos órdenes de Han de asegurarnos de que la vean aparecer en el comedor en compañía del equipo.
Personalmente, preferiría limpiarme las botas con su sangre, pero no pienso contrariar a Han por ese placer.
Al menos no hasta que la mandemos tan lejos de Destreza de una patada en el culo que necesite un mapa solo para encontrar el suelo de nuevo.
Aprieto la mandíbula. Por mucho que quiera volver a mandar a paseo al par, mantenerme cerca de la realeza era el objetivo de unirme al equipo, así que difícilmente puedo quejarme de que Han me haga la mitad del trabajo.
Forzando una sonrisa, que espero que irrite a los primos hasta la médula, les ofrezco una reverencia burlona.
—Entonces disfrutaré del honor de su compañía mientras sea digna de ella.
Los hermanos intercambian miradas demasiado cómplices. —Afortunadamente para todos, yo no me preocuparía por tener que disfrutar del honor durante mucho tiempo, lady Lera.
Me detengo, obligando al par a detenerse conmigo, y me giro para agarrar a Puckler por la parte delantera de la túnica. —¿De qué está hablando exactamente?
Puckler se libera de mi agarre, sacudiendo la suciedad invisible que supuestamente he dejado.
Enarca una ceja oscura y la cicatriz curvada en la esquina parece sonreír con el movimiento.
—Sé muy bien que no debo abusar del privilegio de mi posición e irme de la lengua con las noticias oficiales de la Academia antes de que se anuncien.
Ya se lo comunicarán a su debido tiempo.
Se me hace un nudo en el estómago y vuelvo rápidamente al sendero empedrado, esperando que el par no note la renovada tensión que me atenaza el cuello.
La última vez que Sage tuvo noticias oficiales, fue para dejarnos caer encima las Pruebas de Destreza.
Una vocecita en mi cabeza intenta decirme que el par va de farol, como siempre, pero la visión de Sage, que suele comer en la privacidad de sus aposentos, sentado cómodamente en el comedor hace que ese pensamiento se desvanezca.
Por supuesto, la única silla vacía en la mesa del equipo está junto a Tye, que la aparta con el pie justo cuando me acerco.
Su fresco aroma a pino y cítricos me envuelve, trayéndome ahora un pavor punzante en lugar de placer.
Mi cuerpo todavía reconoce a su pareja en ese aroma, todavía quiere reaccionar con cada nervio alerta, pero tengo que empezar a protegerme.
Al otro lado de la mesa, Katita me sonríe como un gato ante un cuenco de nata.
Al menos ella y Tye no están sentados juntos.
Incluso con esta distancia cavernosa entre Tye y yo, el duro muro en sus ojos, no puedo quitarme de encima el dolor sordo que me inunda cada vez que los veo juntos, lo que parece ser a todas horas últimamente.
Ignorando a la princesa, vuelvo a colocar mi silla en su sitio y miro con el ceño fruncido la comida, que ya está sobre la mesa.
A diferencia del resto de los cadetes, que eligen carnes, panes y quesos de las ofrendas dispuestas a lo largo de la pared del comedor, el fino mantel rojo de la mesa de Destreza está cubierto de insípidos filetes de pollo y cuencos de guisantes al vapor sin sal.
Al coger la jarra de metal para servirme una bebida, encuentro agua en lugar de los zumos recién exprimidos que sé que los demás están bebiendo ahora.
Sintiendo la diversión maliciosa de Tye, me sirvo de las fuentes.
Si él puede comer esto, yo también. Ciertamente comí cosas peores durante mi servidumbre a Zake, aunque mis nuevos sentidos inmortales me recuerden hasta qué punto la comida se parece al pienso de alto rendimiento preparado para preciados animales de exhibición.
Estoy a punto de llevarme a la boca la primera tenedorada de guisantes casi hechos puré cuando el director Sage golpea un tenedor contra su copa para llamar la atención.
Su cabeza calva brilla bajo las lámparas de araña, su nariz aguileña proyecta una profunda sombra sobre su rostro.
—Mis señores y señoras, buenos días —dice con su habitual voz nasal—.
Con la llegada en pocos días de nuestros estimados invitados de la realeza y atletas para presenciar el primer evento de Destreza organizado por la Academia, les recuerdo que esta es nuestra mayor oportunidad para mostrar a todo el continente no solo nuestras habilidades atléticas, sino también nuestra destreza académica.
En deferencia a estas circunstancias inusuales, permitiré que cualquier estudiante que se sienta demasiado nervioso para intentar los exámenes finales ante tal audiencia se autoexcluya de la Academia ahora y se vuelva a matricular para repetir este año en otoño.
Cualquier estudiante que intente los exámenes orales finales y suspenda, sin embargo, será expulsado inmediatamente y sin recurso.
Por favor, consideren qué curso de acción es el adecuado para ustedes mientras terminan la comida.
Mientras Sage se sienta, un agudo murmullo de conversación se eleva de inmediato en el comedor, aunque no entre los de mi mesa, que no parecen sorprendidos.
Me quedo mirando el contenido de mi tenedor, que todavía flota torpemente en el aire.
Así que esto era lo que tenía a Katita tan satisfecha.
Tanto si suspendo los exámenes como si me autoexcluyo, el efecto será el mismo para el comienzo de las Pruebas de Destreza: ya no estaré en el equipo de la Academia.
Por muy brillante que sea el plan de Katita, no es ella quien me preocupa. Es River. Me observa en la mesa de Destreza con tal falta de emoción en sus ojos grises que cualquier apetito que hubiera logrado reunir se desvanece al instante.
Viéndolo salir con rigidez por la puerta lateral del comedor, me trago la comida tan rápida y silenciosamente como el decoro básico me permite y, con un murmullo sobre que necesito coger un libro, me excuso y salgo al largo pasillo de piedra del torreón.
La luz de la tarde se cuela por las altas ventanas saeteras, un severo recordatorio de la antigua vida de la Academia como fortaleza militar.
En lugar de girar hacia la biblioteca en el otro extremo del pasillo, me dirijo hacia el enorme varón que está estudiando uno de los cuadros colgados en la pared.
Su pelo castaño oscuro, normalmente tan pulcro, está alborotado por un lado, evidencia de dedos estresados pasándose por él.
Su cuerpo es recto y majestuoso, pero el agotamiento se dibuja en las sombras bajo sus ojos, y algo más, algo tan raro en ese rostro perfecto que me provoca un calambre en las entrañas. Miedo.
Al acercarme al subdirector, coloco las manos a la espalda y espero que las palabras que se me han escapado desde el anuncio de Sage acudan milagrosamente a mi mente ahora. No lo hacen.
Lo que significa que no sé cómo explicarle a River por qué aparentemente estoy tirando por la borda los meses de tiempo y esfuerzo que ha invertido en mí.
Y no solo eso: meses de sí mismo . Sé que ha compartido trozos de sí mismo conmigo en ese estudio que nunca ha compartido con nadie más, salvo con su esposa imaginaria.
No estaba pensando en River cuando tomé esta decisión, y no hay forma de fingir que lo hice.
—¿Cuándo iba a informarme sobre las Pruebas? —La voz profunda de River me roza la piel; la cuidada tensión en ella hace evidente su dolor. Al menos para mí. Tan cerca de su ancha espalda, su calor y su embriagador aroma me envuelven, y hago un gran esfuerzo para no cerrar la distancia.
Trago saliva. —En algún momento después de saber que había entrado en el equipo.
—Ya veo. —Se balancea sobre los talones, con la mirada todavía fija en el retrato del rey Zenith de Ckridel. Como si necesitara encontrar un lugar al que mirar que no fuera yo—. ¿Y qué piensa hacer ahora, a la luz de las nuevas reglas del director?
—Lo mismo que iba a hacer antes: presentarme a los exámenes y aprobar.
—Así que rechaza la oferta de Sage de repetir el año.
—No es una pregunta. River se pasa una mano por el pelo, alborotándoselo aún más—.
¿Por qué? Es una opción mejor de la que cualquiera de los dos podría haber esperado.
Sin exámenes. Un regreso garantizado a la Academia.
Ha hecho grandes progresos, pero el tiempo extra para trabajar con el material no hará más que ayudar.
—Y usted quiere que pase el verano lejos de la Academia.
River finalmente se gira hacia mí con furia en los ojos, su mandíbula cincelada tan dura y obstinada como el resto de su cuerpo duro como una roca.
Su rostro parece cantar con autoridad, desde sus pómulos altos hasta los planos sombreados de sus mejillas, y me recuerdo por milésima vez lo estúpido que es contrariar a este rey inmortal.
—No le quepa la menor duda. Aquí hay peligro haga yo lo que haga, y no voy a fingir que lamento garantizar su seguridad.
Por un momento, no puedo hablar, su poder parece llenar el pasillo, la Academia, el mundo, llevándose todo el aire con él.
Mi esperanza disminuye con cada respiración, la esperanza de que tal vez contarle a River la verdad de por qué necesito quedarme podría convencerlo.
Lo último que ese varón quiere oír es que me estoy metiendo en el mayor fuego que puedo encontrar, y ya tengo demasiadas otras guerras con las que lidiar como para pelear con River por esto también.
Levanto la barbilla. —No voy a huir, ni de la Academia, ni de los exámenes, ni de lo que sea que vaya o no a pasar aquí.
Eso sí está en mi poder decidirlo, y ya lo he hecho.
River no dice nada, volviéndose hacia el cuadro como si eso pudiera evitar que se viera el dolor en sus ojos.
No funciona. Su espalda rígida se eleva sobre mí una vez más, una pared de intrincados músculos perfilada bajo su camisa de seda blanca.
Anhelo poner una mano ahí, recorrer su columna con el dedo como podría haber hecho en los viejos tiempos, cuando se me permitía.
—Tenía la impresión de que lo que usted y yo hemos hecho durante los últimos meses era importante —dice finalmente.
—Era importante. Lo es . —Me duele el corazón, mi mente finalmente ve lo que debo hacer.
Una forma de evitar que mi decisión parezca una traición a todo nuestro tiempo juntos.
Mirando alrededor del pasillo vacío, me atrevo a tocar el duro antebrazo del varón; los músculos bajo la seda están tan contraídos que siento su tensión filtrarse a través de la conexión—.
Lo que ha hecho por mí en los últimos meses, las lecciones, la paciencia y el aprendizaje…
ha significado un mundo para mí. Es el primero al que le he importado lo suficiente, en quien he podido confiar para proteger mi dignidad tanto como mi mente.
Se lo agradezco. Eternamente. Necesito que lo sepa.
—Mi agarre en su brazo se tensa—. Queda menos de una semana para los exámenes, y siempre hemos asumido que me presentaría.
Confío en lo que hemos estado haciendo juntos, River. Usted también debería hacerlo.
El silencio que sigue a mis palabras es ensordecedor. Pasa un latido. Dos. Entonces River retira su antebrazo de mi agarre.
—En efecto, lady Leralynn. —Con una reverencia formal, el subdirector se aleja, sus pasos resonando en el largo pasillo de piedra.