2. Lera
LERA
—¡ M IAUARRR! —Con un grito de guerra que supera con creces su diminuto cuerpo, Minion salta del andamio del estadio, rebota en Coal y aterriza en los brazos de Arisha.
Coal y yo nos apartamos al unísono, hacia la sombra de las imponentes gradas.
Bajo el sol radiante que me pega la ropa interior a la piel, el nuevo estadio se alza sobre el vasto patio central de la Academia, una monstruosidad ovalada de imponentes puntales de madera, vestuarios con paredes de lona para los atletas de cada equipo y una alta plataforma con una carpa blanca a un lado desde donde Sage y sus invitados más distinguidos presenciarán las ceremonias.
Y, en apenas unos días, los exámenes finales de los alumnos.
Si antes la enorme estructura solo me fastidiaba, ahora me corta la respiración. El plan que urdí anoche se me antoja un sueño absurdo esta tarde, presidido por esta abominación de madera, lona y acero.
El grandioso estadio es solo uno de los muchos cambios que han arrasado Great Falls, transformando los terrenos de la Academia de una fortaleza sombría y ordenada a…
lo que sea que es esto. Los olores a serrín y a hornos funcionando a pleno rendimiento lo impregnan todo, ahogando la fragancia de la hierba veraniega y las flores que se mecen al viento.
Y por si el ruido de las obras y el constante murmullo de voces no fueran lo bastante molestos, ahora tenemos que añadir tiempo extra para ir del comedor a la biblioteca, adonde nos dirigimos para una reunión del gremio después de comer, ya que no podemos simplemente atajar por la hierba.
No ha quedado ni un solo rincón de la Academia intacto.
Todas las habitaciones libres de la fortaleza se están convirtiendo en suites para la realeza, que llegará pronto, y la mayoría de los campos de entrenamiento del este se han desmontado para crear una pista de equitación aparte para las pruebas ecuestres.
Sus vallas de salto, pintadas de vivos colores, ya están colocadas.
Banderas de colores que representan todos los reinos, las Pruebas de Habilidad y la propia Academia cuelgan de casi todas las superficies y ramas de los árboles, y sus cintas se enganchan en las ramas con la misma frecuencia con que ondean al viento.
El chas, chas, chas de los estandartes es tan voluminoso para mi oído inmortal que parece como si una invasión de diminutos tamborileros se hubiera instalado en cada rincón y recoveco.
Las Pruebas de Habilidad, según he sabido, se dividen en tres disciplinas: control, combate y constitución.
En la de control, con diferencia la categoría principal de la competición, participan atletas de la talla de Tye, que realizan hazañas espectaculares y, al parecer, incompatibles con la vida.
Muy por debajo, la de combate incluye las competiciones de esgrima, equitación y tiro con arco, mientras que la de constitución engloba las pruebas más básicas de carrera, salto y levantamiento.
—Ahí estás, Minion. —Arisha acaricia al gatito de rayas anaranjadas, que frota sus orejas contra ella con devoción—. Estaba muy preocupada.
Coal se frota los tres largos arañazos sangrantes del dorso de la mano. —Creía que Fruf… Frufrú se estaba ocupando de… eso —me murmura con el ceño fruncido, como si yo tuviera algo que ver con la bola de pelo—. ¿Qué clase de lobo que se precie es incapaz de librarse de una amenaza de un kilo?
Acurrucado en los brazos de Arisha, Minion vuelve la cabeza y bosteza hacia Coal, extendiendo perezosamente las afiladas garras de sus patas delanteras.
—No es culpa de Fruf… —Mis palabras se apagan al ver a un hombre ágil y pelirrojo salir de la fortaleza.
Todo mi cuerpo se tensa dolorosamente, como siempre me ocurre ahora cuando veo a Tye.
Gracias a su rápida curación y a su labia, el haberlo denunciado a Sombra solo le supuso un descanso de diez días de su régimen de entrenamiento.
No lo bastante para que lo echaran del equipo, pero sí para que él —y todos los atletas de las Pruebas— me declararan su archienemiga—. Nunca va a perdonarme, ¿verdad?
—Yo no lo haría —dice Coal.
Tye es tan compañero suyo de quinta como yo, lo que no impide que me den ganas de darle un puñetazo en su boca perfecta por ponerse del lado de ese cabrón.
Aprieto con fuerza la correa de mi cartera de libros para evitar la tentación.
La impotencia me reconcome. Jamás se suponía que fuéramos a participar en las Pruebas.
Si Tye se hubiera retirado, habría desactivado todo el desastre.
Nos habría dado tiempo para intentar detener la amenaza de los Mors antes de que se perdieran más vidas humanas.
No solo eso… Cuando hablé con él en los baños hace dos meses —la última vez que lo vi de cerca—, Tye parecía una víctima de tortura, no de entrenamiento.
Y, sin embargo, cree que soy yo, y no Han, quien quiere arruinarle la vida.
—Se siente tan dolido precisamente porque le importas —dice Arisha en voz baja, y la empatía de su voz se transforma en una advertencia que estoy harta de oír—. Lo cual, por cierto, no va a facilitar en nada este plan descabellado tuyo.
Antes de que pueda contestar, Minion le bufa a alguien que está detrás de mí. El gatito se escapa del agarre de Arisha, rebota en el hombro de Coal y se aleja corriendo.
Coal maldice; diminutas gotas de sangre le manan por el brazo por debajo de su camisa negra sin mangas. —¿Está en mi poder aprobar a cualquier cadete que me traiga la piel de ese demonio?
—Desde esta mañana, sí. —La voz profunda de River hace que los tres nos demos la vuelta.
Abro los ojos como platos al ver un corte sangrante que le recorre la mandíbula—.
Esa cosa es responsable de que tres de las doncellas dejaran el servicio.
—Sus ojos grises se posan en mí y una sensación de hormigueo me recorre la piel y me excita el sexo cuando el humor de su mirada se torna en una intensidad inescrutable.
Durante los últimos dos meses, a pesar de mis mejores esfuerzos, River se ha impuesto una profesionalidad intachable, a la que parece decidido a aferrarse aunque nos mate a los dos.
Los deslices ocasionales, como aquella vez hace dos semanas en que me apartó un mechón de pelo detrás de la oreja sin pensar y sus dedos se deslizaron por mi mandíbula antes de darse cuenta, han terminado con las mejillas sonrojadas y una repentina necesidad de terminar la sesión de tutoría a media palabra, mientras a mí todavía me faltaba el aliento.
Toda esta compota complicada hace que casi tema la próxima vez que nuestra piel entre en contacto, accidental o no. Y que lo anhele con tanta fiereza que me preocupa volverme loca.
Una dirección que estoy tomando ahora mismo, a pesar de todos mis esfuerzos.
Que las estrellas me asistan, pero con la imponente presencia de River de repente a mi lado, su cuerpo increíblemente alto y musculoso dominando el patio, hasta el gran estadio parece pequeño.
Se me humedecen los muslos al recordar lo que se esconde exactamente bajo toda esa seda entallada: empezando por un abdomen marcado y unos pectorales duros como la roca, una V bien definida de músculos que desciende hasta…
—Buenos días, señoritas. —El educado saludo de River me hace dar un respingo; la ardiente caricia de sus ojos me deja pocas dudas de que mis pensamientos no eran tan privados como esperaba. River se aclara la garganta—. Coal. ¿Me concede un minuto?
Coal se pone a caminar junto al comandante sin decir palabra.
Mientras los dos se alejan con las cabezas inclinadas en plena conversación, observo sus anchas espaldas y me pregunto de repente qué habrá pensado la mente velada de River sobre el repentino estallido de magia de anoche.
Tal vez haya una forma de preguntarle al respecto en nuestra próxima sesión de estudio sin parecer una idiota, bueno, más idiota de lo que ya parezco cuando intento explicarle las complejidades de la política comercial de Ckridel o cómo medir los lados de un triángulo.
El suave murmullo de confusión de Arisha llama mi atención.
Saca un papel doblado del bolsillo y frunce el ceño.
—Estocada alta a la derecha. Paso pivote a la izquierda.
Parada baja. Y sigue así un buen rato. —Parpadea, mirándome, y las gafas le dan el aspecto de una lechuza con el pelo alborotado—.
Acabo de encontrar esto en el bolsillo. ¿No es la letra de Coal?
Echo un vistazo a la lista cuidadosamente escrita. Sí, la lista es sin duda de Coal. Y, más concretamente, enumera una secuencia con la que él y yo hemos calentado con regularidad, sobre todo en los inicios de mi entrenamiento.
—¿Es esto…? —empieza Arisha.
—Una secuencia que debes memorizar por si te ves en la necesidad de actuar ante un público.
—Se me escapa una risita y el ceño de Arisha se acentúa.
Por suerte para mi amiga, no hay exámenes de entrenamiento físico, pero con tal afluencia de visitantes, no se sabe quién podría estar observando qué.
A pesar de todas sus discusiones con Arisha, Coal está intentando discretamente salvar su dignidad—.
Yo me sé la otra parte de este baile. Así que, si nos emparejaran…
Arisha traga saliva y se le sonrojan las mejillas mientras guarda rápidamente la nota y reanuda la marcha hacia la biblioteca. —¿Tus hombres son mucho más complicados de lo que parecen, verdad?
—Si… —Alguien me empuja con fuerza por la espalda y me tambaleo hacia delante; consigo no caerme de bruces solo porque piso el charco que tengo delante, y el barro me salpica todo el vestido de satén azul.
Me giro para ver quién me ha empujado y veo a Tye y a Katita alejándose hacia la entrada del estadio, con la risa de Tye atravesando el aire entre nosotros.
Se me revuelve el estómago. Cojo un pegote de barro y lo lanzo con todas mis fuerzas; la bola de color marrón grisáceo golpea la nuca de Tye con un satisfactorio «chof».
Tye se detiene. Se gira. Me mira desde su gran altura.
Bajo el sol radiante, el hombre es devastadoramente guapo, con su ancho pecho y su pelo rojo apelmazado por el sudor enmarcando una mandíbula cuadrada.
Cada movimiento de su cuerpo canta con poder controlado, los músculos fibrosos dan forma a su túnica de entrenamiento roja y dorada.
Las gotas de sudor a lo largo de sus sienes reflejan la luz del sol, haciendo que su piel brille.
Sus manos grandes y callosas, que he sentido en mi cuerpo tantas veces, se abren y se cierran a los costados.
Una sonrisa que no llega a sus fríos ojos esmeralda se dibuja en su rostro, haciéndolo de alguna manera aún más sobrecogedor.
Y cruel. El reluciente pendiente de plata solo contribuye a su aura de peligro; solo que ahora ese peligro se dirige hacia mí.
Así que esto es lo que se siente. —Lady Leralynn.
¿La he molestado sin darme cuenta? Inexcusable.
¿La ayudo a llegar a la enfermería para ver si puede haber sufrido alguna herida?
—Quizá necesitemos evacuar a Lera por su seguridad —añade Katita con dulzura.
Trago saliva y esbozo una sonrisa tan genuina como la de Tye, aunque el corazón se me encoge.
—Al contrario, soy yo quien debería darle las gracias.
Solo me he puesto este vestido para complacer a Arisha, y usted por fin me ha dado una razón para cambiarme antes de la cena.
Con su permiso. —Empiezo a alejarme, solo para detenerme dos pasos después, con la sangre hirviéndome y nublándome el buen juicio.
Para bien o para mal, de repente quiero que Tye conozca el plan que ideé anoche a pesar de las protestas del resto del Gremio Protector.
A mí tampoco me gusta, pero es la única manera de que uno de nosotros esté en el centro de los objetivos de más alto valor en todo momento, listo para responder si la Guardia Nocturna ataca.
.., o más bien cuando lo haga—. Casi lo olvido: espero ser su compañera de equipo pronto, Tye. Una buena noticia, estoy segura.
—¿Usted? —Katita echa la cabeza hacia atrás con una carcajada, y su cortina de pelo rubio brilla a la luz del sol—. ¿En nuestro equipo? No puedo creer haber oído bien.
Mi mirada se desplaza hacia la princesa, con el corazón martilleándome en el pecho. —No, no ha oído bien, alteza. No tengo la intención de estar en su equipo.
—Solo hay un equipo. Sabía que las matemáticas se le daban mal, pero seguro que puede contar hasta uno si usa los dedos —dice la princesa con altivez, aunque sus ojos turquesa ahora parpadean con inquietud.
Le sonrío. —Sí. Pero competiré por su puesto de esgrima en el entrenamiento de mañana. Con su permiso.