La caída 28 de junio de 2025 239 p. m.
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28 de junio de 2025 239 p. m.

Rosa recibe un wasap de su esposo. Han llegado a su teléfono muchos otros; todos los remitentes aseguran compartir el infortunio de la familia y ofrecen una ayuda que difícilmente pueden brindar.

Todos parecen albergar las mejores intenciones.

No ha contestado. No lo hará. Tampoco ha respondido a las llamadas.

Quizás no sea lo más acertado, pero satisfacer la curiosidad de parientes y amigos no figura entre sus prioridades.

Ojalá la gente se metiera en sus asuntos.

Lee el mensaje de Andreu, su esposo, que le pide que encienda el televisor.

Lo hace con aprensión. Es la hora del noticiario televisado.

No espera nada bueno. Y no lo hay. En pantalla una presentadora con cara de aflicción habla de una noticia que acaba de llegar a la redacción y que añade horror al horror.

También anuncia que seguirán informando cuando se conozcan más detalles de lo sucedido.

La noticia a la que acaba de hacer referencia se repite continuamente sobreimpresionada en la parte inferior tras el epígrafe «ÚLTIMA HORA».

Y en grandes letras amarillas: «Lourdes Bernal, la madre de Míriam García, la chica fallecida al tratar de alcanzar el balcón de su habitación de hotel, ha sido ingresada en Urgencias del Hospital de la Vall d’Hebron hace pocos minutos.

Su estado es grave y se teme por su vida.

Por el momento se desconocen las causas, pero todo apunta a que pudiera tratarse de una sobredosis de psicofármacos».

Rosa no puede creer lo que está viendo. No quiere creerlo.

Se lleva la mano a los labios para sofocar un gemido.

Se apresura a bajar el volumen, prefiere que su hija mayor, que ha cerrado los ojos y aparenta dormir, ignore la noticia por el momento.

Andrea, inquieta, cambia de postura en el sofá.

Rosa enmudece el aparato; su hija necesita descansar.

Regresa a la cocina y llama a Andreu. Habla con él durante unos minutos. Deciden anular inmediatamente algunos compromisos y pedir a compañeros que los sustituyan. Lo comprenderán. Deciden turnarse para no dejar sola a su hija. También acuerdan pedirle a Adriana que regrese esa misma tarde.

Asustada y tensa como la soga de un ahorcado, Rosa llama a Adriana. Aunque la adolescente protesta tímidamente, no tarda en prometer que regresará enseguida. Acabada la conversación, Rosa sintoniza de nuevo el canal televisivo, lo hace en su móvil. Necesita seguir el desarrollo de los hechos.

A falta de nuevos datos, la presentadora del programa repite lo dicho y promete seguir informando puntualmente sobre el estado de Lourdes Bernal mientras las imágenes retransmiten la presencia de una ambulancia junto a la portería de la vivienda familiar.

Rosa reconoce a la mujer que se arrima a Xavier García.

Es una vecina del barrio que regenta una tienda de ropa.

El chico no la mira. Ha acompañado la camilla hasta la calle y permanece aparentemente tranquilo mientras su madre se aleja en dirección al hospital.

Rosa imagina que Santiago se encontraba ya en el interior del vehículo de emergencias.

Xavier no llora ni se desespera. El infortunio fortalece, blinda a los que lo padecen, también les arruina la vida sin remedio.

El adolescente alto y flaco permanece junto al portal en chancletas y con las manos en los bolsillos de sus bermudas; sigue con la mirada la ambulancia aun cuando esta desaparece de su vista.

Lleva años velando por la tranquilidad de su madre, por un bienestar esquivo, que se volatiliza de buenas a primeras sin motivo aparente, que se escurre como el agua entre los dedos.

Ha madurado a golpes, por pura necesidad.

Los periodistas desplazados al domicilio de Míriam interrogan a los vecinos y conectan en directo con el estudio televisivo o con la emisora radiofónica.

Son un verdadero enjambre que se dispersa por el barrio en busca de un testimonio que comente la tragedia, alguien a quien preguntarle interioridades de los García Bernal.

Una mujer que pasea un perro muy pequeño se detiene y acepta responder a las preguntas de uno de ellos, al hacerlo se retira unas enormes gafas de sol:

—Ella hace años que no está bien. Lourdes es depresiva; por eso tuvo que cerrar la peluquería. Era buena, muy atenta, tenía buenas manos y la clientela hecha, le iba bien. Pero había días en que no salía de la cama y no bajaba a abrir. La gente esperaba en la puerta hasta que se hartaba y se iba.

La mujer señala una tienda de letrero llamativo que exhibe carcasas para móviles. Aunque no entró nunca, Rosa recuerda la peluquería de la madre de Míriam.

—Sí, ahí mismo la tenía hasta que vendieron el local. Sí, en esa esquina, se llamaba Peluquería Lourdes Bernal, tenía a un par de chicas que la ayudaban. Yo creo que lo de su hija ha sido más de lo que la pobre ha podido soportar.

Rosa Márquez le escribe un mensaje a Andreu y regresa al salón precedida por la perra con el propósito de apagar el televisor.

Andrea necesita descansar y no lo hará si sabe lo que acaba de pasar.

Desvelar la intimidad de la gente, exponer sus problemas al conocimiento general le resulta ofensivo, casi inmoral.

Le asquea. El animal no acierta a comprender lo que ocurre y la precede en silencio.

Ahora es Rosa la que no puede controlar el llanto mientras atraviesa el pasillo.

Cookie la mira inclinando la cabeza como si tratara de desentrañar un misterio.

Es intuitiva, sabia. No ladra ni señala el collar, no se cruza en su camino ni se arrima a sus pantorrillas.

No juega. Tampoco reclama el cuenco rojo con su comida. Solo la mira.

Andrea, que se ha despertado al notar la ausencia de su madre, ha podido leer la noticia en los rótulos que recorren la parte inferior de la pantalla.

También ella ha reconocido a Xavier de pie junto al portal y conoce ya la gravedad del estado de Lourdes Bernal.

Tiene los ojos muy abiertos y una mano sobre el pecho.

Le falta la respiración y emite un estertor que espanta a la perra y hace que a Rosa se le hiele la sangre.

Cookie sube de un salto al sofá y trata de acariciarla con el morro. El animal ladra. Una, dos, tres veces. Alguna más. Sigue ladrando. Sabe que algo va mal. Muy mal. Rosa, que ha desaparecido, regresa segundos después arrancando una pastilla de un blíster y se abalanza sobre su hija.

Andrea está sufriendo un ataque.

Un nuevo mensaje acaba de llegar a su móvil.

«¿Por qué no quieres hablar conmigo?».