28 de junio de 2025 130 p. m.
Rosa, la madre de Andrea, se despide y deja atrás la clínica dental.
Por fortuna, una paciente ha cancelado la última visita de la mañana y se apresura a volver a casa.
Necesita ver a su hija cuanto antes, abrazarla, comprobar que está bien.
Apenas tarda unos minutos en alcanzar su portal y sube sin esperar el ascensor.
Es Cookie la que sale a recibirla. Andrea, sentada en un rincón del sofá, abandonada al cansancio y al dolor, acaba de encender el televisor y llora con el rostro entre las manos.
Ni siquiera levanta la mirada para ver a su madre, se limita a encogerse como si quisiera desaparecer entre las fauces del tresillo. Es evidente que no está bien.
Rosa no hace preguntas.
Se sienta junto a ella y comprueba con horror que la cadena emite una vez y otra las imágenes de la directora apartando a una Darlene sonriente de la proximidad de un micrófono, las de Andrea asediada por los periodistas y las de un hombre que los aleja como puede.
Reconoce al profesor, es Miquel Cardona.
Un buen hombre y un buen profesor. En algún momento le agradecerá el gesto, piensa.
En un bucle infernal el canal las alterna con las de la fachada del hotel, las de la ambulancia dejando atrás el establecimiento y las del vestíbulo en el que los agentes tratan de ordenar el caos.
Aseguran que, por el momento, el director del hotel se niega a hacer declaraciones y que no han conseguido hablar con la directora del centro educativo, a la que señalan en pantalla.
Añaden que, según han podido saber, el Departament d’Educació emitirá un comunicado cuando se conozcan mejor los detalles del suceso.
Justo debajo, en los subtítulos que se deslizan por la parte inferior de la pantalla, se suceden las palabras insidiosas:
«¿TIENE EL INSTITUTO ALGO QUE OCULTAR? EXTRAÑA REACCIÓN DE LA DIRECTORA DEL CENTRO Y DE UNO DE SUS PROFESORES. ¿CÓMO SE EXPLICA EL SILENCIO EN TORNO A UN SUCESO TAN TRÁGICO? ¿NOS ENCONTRAMOS ANTE UN EPISODIO DE MUERTE ACCIDENTAL? ¿ANTE UN PACTO DE SILENCIO?».
En el plató las insinuaciones aluden a la compañera de habitación, y único testigo de lo sucedido.
Rosa adivina que se refieren a Andrea, a su hija.
Dicen de ella que es la pieza clave para comprender lo ocurrido y, al hacerlo, suscitan mil sospechas.
¿La pieza clave? Rosa comprende que la situación de Andrea es mucho más grave de lo que quiso interpretar en un principio, cuando se desató el infierno.
Afirman que la chica muerta no era una alumna problemática, que acababa de superar los exámenes de acceso a la universidad con buenas notas y que no bebía ni consumía drogas de ningún tipo.
Añaden, sin filtros ni complejos, que tenía grandes planes de futuro.
Lamentan su fallecimiento y deploran el silencio en torno a los hechos.
Uno de ellos, que dice poseer información contrastada, menciona la depresión recurrente de su madre.
Los contertulios se preguntan por qué su amiga calla y por qué los profesores pretenden que no hable con los medios.
Algunos lanzan disparatadas hipótesis. Todas ellas salpican a Andrea, a los chicos que ocupaban la habitación desde la que se despeñó la víctima y a los profesores acompañantes, a los que achacan negligencia.
Son muchas las sospechas que se formulan sin que, en ningún momento, la moderadora pida rigor en las intervenciones.
No parece importarles que la investigación acabe de comenzar.
Tampoco, que éticamente resulte reprobable emitir en público suposiciones que puedan empañar el nombre de los implicados.
Rosa apaga el televisor y abraza a su hija. No es fácil, quiere saber, necesita saber, pero ha decidido no hacer preguntas. Habrá tiempo, piensa. Permanecen así hasta que Andrea, agotada, se aparta, cierra los ojos y se adormece.
El móvil de Andrea notifica la llegada de un nuevo mensaje.
«Tenemos que hablar».