La caída del Titán (Devils 2) CAPÍTULO 56
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CAPÍTULO 56

Victoria notó cómo el hombre usaba un diminutivo afectuoso. Un detalle que archivó para un futuro uso.

—Señor Whitmore —dijo con una amabilidad estudiada—, antes de decirle exactamente dónde puede encontrar a su sobrina, me gustaría entender mejor la situación. ¿Por qué una joven de su posición y recursos elegiría desaparecer así? ¿Por qué abandonaría su apellido, su fortuna, su familia?

Richard la miró de nuevo con sospechas.

—¿Cuál es su interés real en este asunto, señorita Chamberlain? —le preguntó.

Victoria había anticipado aquella pregunta. Inclinó ligeramente la cabeza, tanteando su respuesta.

—Mi amigo, el hombre para quien trabaja su sobrina, se ha involucrado... sentimentalmente con ella. Él no sabe quién es realmente. Me preocupa que pueda estar ocultando algo más que su nombre real. —Hizo una pausa para dar énfasis a sus palabras—. Algo peligroso.

Richard dejó escapar una risa sin humor.

—¿Peligroso? Elizabeth nunca... —se detuvo, pensando bien lo que iba a decir—. Supongo que tiene derecho a hacerse preguntas, considerando que ha facilitado este encuentro.

Guardó silencio un momento, como debatiendo internamente cuánto revelar. Victoria esperó, paciente como una araña en su tela.

—Mi sobrina —comenzó al fin Richard— tuvo una infancia privilegiada, pero a veces un poco complicada. Mi hermano, su padre, es un hombre... exigente.

Victoria asintió con expresión comprensiva, animándolo a continuar.

—Caroline, la madre de Elizabeth, murió, y fue devastador para él.

—Falleció en un accidente de tráfico, tengo entendido —comentó Victoria.

Richard asintió. Una sombra cruzó su rostro.

—Elizabeth era quien conducía el coche, y aunque ella no tuvo la culpa, su padre siempre la responsabilizó de la muerte de su madre.

Victoria notó la tensión en su voz. Había más en esa historia, pero decidió no presionar por ahora.

—Después de la muerte de Caroline, las cosas se complicaron. Mi sobrina y mi hermano comenzaron a chocar constantemente. Y él siempre terminaba reprochándole la muerte de su madre.

—El dolor a veces puede nublar la mente y hacer que dejemos de pensar con sensatez —dijo Victoria.

Richard se removió incómodo en su silla.

—Eso es lo que le pasó a mi hermano. El dolor lo cegó por completo. Y no se dio cuenta de que no solo él había perdido a su mujer, Elizabeth también había perdido a su madre. Además, se rompió la columna y los médicos temieron que no volviera a caminar.

—¿Qué ocurrió?

—Estuvo hospitalizada durante semanas. Tuvieron que hacerle varias operaciones, después tuvo una rehabilitación intensiva los siguientes meses. Y su padre apenas la fue a ver.

—¿Su padre no fue a verla? —repitió Victoria.

Incluso a la fría Victoria aquello le parecía una crueldad.

—Muy pocas veces. Fuimos mi mujer y yo los que nos ocupamos de ella mientras estuvo hospitalizada y en la rehabilitación —explicó Richard—.

Cuando se recuperó, meses después, Elizabeth desapareció.

Sin despedirse, sin dejar una nota. Simplemente se esfumó.

Vendió algunas joyas que le había dejado su madre, suficiente para mantenerse durante un tiempo, supongo, y nunca más hemos vuelto a saber de ella.

Mi hermano utilizó todos sus recursos para encontrarla, pero sin éxito.

—¿Por qué la busca con tanta insistencia ahora? —preguntó Victoria—. ¿Está arrepentido de la manera en la que la trató?

—En parte, ahora ha entendido algunas cosas —respondió Richard—. Pero también la busca porque ella es la única heredera de Whitmore Pharmaceuticals. Sin Elizabeth, todo el legado familiar queda en el aire.

Hizo una pausa, pasándose una mano por el rostro con gesto cansado.

—Yo he estado buscándola por motivos diferentes. Elizabeth fue como una hija para mí. Nunca tuve hijos propios, y después de que mi esposa falleciera... Lizzie es mi única familia.

Victoria estudió su expresión, buscando algún signo de engaño, pero solo encontró preocupación.

—¿Y por qué la urgencia ahora? Han pasado muchos años.

Richard la miró directamente. Sus ojos tenían una expresión completamente despojada de defensas.

—Mi hermano tiene cáncer de páncreas en fase terminal. Los médicos le dieron tres meses, quizás menos. Sé que Elizabeth y él tienen una relación muy dañada, pero creo que merece saber que su padre se está muriendo. Merece tener la oportunidad de decidir si quiere despedirse o no.

Victoria absorbió aquella información, calibrando cuidadosamente su respuesta.

Y ahí estaba, servida en bandeja de plata, la perfecta herramienta para separar a Thiago de su amada fisioterapeuta.

La dulce e inocente Zoe Brooks, que había juzgado tan duramente a Thiago por sus sospechas, había resultado ser una heredera fugitiva con un pasado tan complicado como cualquiera y una relación con su padre nefasta.

Pero necesitaba manejar aquella información con delicadeza. Sería mucho más satisfactorio ver cómo la relación se desmoronaba naturalmente bajo el peso de las mentiras y los secretos.

—Señor Whitmore —dijo finalmente—, dadas las circunstancias entiendo su urgencia, y por supuesto empatizo con la situación. Le diré exactamente dónde puede encontrar a su sobrina.

Victoria sacó una pequeña tarjeta de su bolso y escribió cuidadosamente la dirección de la mansión Calloway.

—Su sobrina trabaja aquí como fisioterapeuta de Thiago Calloway. Vive en la mansión durante la semana, aunque mantiene un pequeño apartamento en Queens.

Richard tomó la tarjeta con manos ligeramente temblorosas.

—¿Calloway? ¿El hijo de Max Calloway?

Victoria asintió, intrigada por su reacción.

—¿Lo conoció?

—No personalmente —respondió Richard—. Pero conozco el apellido. Max Calloway y mi hermano se movían en círculos similares. Creo que incluso consideraron hacer negocios en algún momento, aunque nunca se concretó.

Una coincidencia interesante, pensó Victoria. El mundo de la élite empresarial era ciertamente pequeño.

—Le sugeriría que la visite directamente en la mansión —le aconsejó Victoria—. Si la llama o intenta contactarla de otra manera, podría asustarse y desaparecer nuevamente —dijo, aunque no había buena intención en su advertencia.

Richard asintió, guardando la tarjeta en el bolsillo interior de su chaqueta.

—Señorita Chamberlain, le estoy profundamente agradecido. Independientemente de sus motivos, me ha dado la oportunidad de reunirme con mi sobrina cuando más lo necesito —dijo.

Victoria inclinó la cabeza en un gesto de falsa modestia.

—Solo espero que todo resulte bien para su familia, señor Whitmore.

Mientras veía a Richard Whitmore salir de la cafetería, Victoria no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción. El caos que estaba a punto de desatarse en la vida perfecta de Zoe Brooks y Thiago Calloway prometía ser espectacular.

Lo único que lamentaba era no poder estar presente para ver la expresión de Thiago cuando descubriera que la mujer en la que había depositado su confianza, su corazón, e incluso sus sospechas de ser una cazafortunas, era en realidad una heredera multimillonaria que había estado viviendo bajo una identidad falsa.

La ironía era simplemente exquisita.

Sí, era exquisita.