La caída del Titán (Devils 2) CAPÍTULO 49 #3
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CAPÍTULO 49 #3

—¡Vaya, vaya! Parece que la terapia física ha avanzado hasta un nuevo nivel.

Se separaron sobresaltados, girando la cabeza para encontrar a Ginger en la puerta, con una sonrisa de satisfacción absoluta iluminando su rostro. Junto a ella, Francesca observaba la escena con una mezcla de sorpresa y lo que parecía sospechosamente similar a una especie de aprobación maternal.

Zoe dio un paso atrás instintivamente.

Su rostro se encendió en un tono de rojo que podría competir con un semáforo. Thiago, por su parte, parecía dividido entre la irritación por la interrupción y un orgullo casi infantil que no se molestaba en disimular.

—¿Alguna vez has oído hablar de llamar a la puerta, Ginger? —preguntó, aunque sin verdadero enfado en su voz.

Ginger entró en la habitación, seguida por su madre. Su sonrisa se amplió en sus labios de una manera imposible.

—¿Y perderme este espectáculo? Ni hablar —respondió, guiñándole un ojo a Zoe que solo consiguió intensificar su sonrojo. ¡Joder, las mejillas le ardían!—. Además, la puerta estaba entreabierta. Culpa a Chris y su incapacidad para cerrar las puertas correctamente.

Francesca se acercó con su acostumbrada elegancia. En su rostro había una expresión de satisfacción, como si acabara de confirmarse algo que había sospechado durante mucho tiempo.

—Zoe, querida, qué maravilloso verte de nuevo —la saludó, inclinándose para besar ligeramente sus mejillas—. Veo que has encontrado una forma innovadora de motivar al terco de mi hijo a recuperarse.

—Señora Calloway, yo... nosotros... —balbuceó Zoe, visiblemente mortificada.

—Llámame Francesca, por favor —le corrigió ella con una sonrisa cálida—. Creo que hemos pasado ya la etapa de las formalidades, ¿no te parece?

Ginger se dejó caer en el sillón que Chris había ocupado anteriormente, cruzando las piernas con despreocupación.

—Entonces, hermanito —dijo. Su tono estaba rebosante de diversión—, ¿esto significa que al fin has admitido que estabas siendo un imbécil cabezota?

Thiago le lanzó una mirada que en otros tiempos habría sido letal, pero que, en aquel momento, con los labios aún hinchados por los besos y una innegable felicidad brillando en sus ojos, carecía completamente de efecto.

—No recuerdo no haber admitido algo así, por lo menos, no con esas palabras exactamente —respondió.

—Estoy segura de que Zoe puede traducir el idioma de Thiago Calloway al inglés normal para nosotras —comentó Ginger, guiñándole nuevamente un ojo—. Siempre has sido excepcionalmente buena entendiendo a este espécimen particularmente difícil de nuestra especie.

Zoe, que estaba recuperando gradualmente la compostura, no pudo evitar echarse a reír ante las mordacidades de Ginger.

—Digamos que hemos llegado a un entendimiento mutuo —respondió diplomáticamente, aunque el brillo en sus ojos sugería que había mucho más que eso.

Thiago extendió su mano, buscando la de Zoe, y ella la tomó sin dudarlo. El gesto, tan simple pero tan significativo a la vez, no pasó desapercibido para Francesca, cuya sonrisa se suavizó.

—Me alegra ver que por fin alguien ha conseguido atravesar esa coraza y hacer caer al Titán —comentó, mirando a su hijo con evidente afecto—. Comenzaba a preocuparme que pasaras el resto de tu vida casado con la empresa.

—La empresa sigue siendo muy importante, mamá —respondió Thiago, aunque sin la vehemencia que normalmente acompañaría la afirmación.

—Por supuesto que lo es, cariño —estuvo de acuerdo Francesca, haciendo un gesto despreocupado con la mano—. Pero a veces hay que entender que hay cosas más importantes en la vida.

Ginger se inclinó hacia adelante. Su mirada tenía un destello de malicia traviesa.

—Entonces, ¿cuánto tiempo llevabais vosotros dos... arreglando vuestros problemas de comunicación antes de que entráramos? —les preguntó, enfatizando la palabra «arreglando»—. Porque ese beso no parecía precisamente de principiantes.

—¡Ginger! —exclamaron al unísono Thiago y Francesca, aunque con tonos completamente diferentes. Él exasperado, ella intentando sonar admonitoria, pero sin conseguirlo.

Zoe soltó una risa nerviosa, intercambiando una mirada cómplice con Thiago. La risa se convirtió en una verdadera carcajada cuando él puso los ojos en blanco con una resignación exagerada.

Dios, su hermana no tenía arreglo.

—Te dije que el drama venía con el paquete Calloway —murmuró lo suficientemente alto como para que todos lo oyeran.

—Y yo que creía que el tiempo en la mansión me había preparado para ello —respondió Zoe, sacudiendo la cabeza con diversión.

Ginger aplaudió encantada.

—Oh, esto va a ser maravilloso —dijo, mirándolos a ambos con afecto—. Por fin alguien que puede poner a mi hermano en su lugar. Este es oficialmente el mejor día de mi vida.

Thiago volvió la cabeza y la miró.

—¿Cómo puedes ser tan exagerada?

—¿Exagerada, yo? No exagero ni un poco. Zoe ha hecho caer al Titán. Y eso no puede decirlo todo el mundo. —Ginger dirigió los ojos a Zoe—. Enhorabuena, Zoe.

—¿Gracias? —respondió ella en tono de broma mientras sus cejas se fruncían.

Todos se echaron a reír. Thiago sacudió la cabeza.