CAPÍTULO 46 #3
—¿Cómo está? —preguntó, dando un paso hacia ellas.
—Estable —respondió Francesca brevemente—. La enfermera nos ha pedido que lo dejemos descansar.
Victoria asintió, consultando su reloj de pulsera.
—Debería volver a la oficina para terminar de manejar la situación allí —comentó—. A menos que necesite algo más de mí.
Francesca intercambió una mirada con Ginger antes de responder.
—Creo que has hecho suficiente por hoy, Victoria. Gracias.
Algo en su tono hizo que Victoria entrecerrara ligeramente los ojos, pero mantuvo la compostura.
—Por supuesto. Volveré mañana para informarle sobre los avances en la oficina —dijo.
Se dio la vuelta para marcharse, pero la voz de Ginger la detuvo.
—Victoria, ¿puedo hablar contigo un momento? —El tono casual contrastaba con la intensidad de su mirada—. En privado.
Victoria vaciló un instante antes de asentir.
—Claro.
Francesca observó el intercambio con expresión cautelosa.
—Estaré en la cafetería, Ginger —dijo, dirigiendo una última mirada evaluadora a Victoria antes de alejarse por el pasillo.
Una vez solas, Ginger condujo a Victoria hacia un área menos transitada del pasillo, cerca de una ventana que ofrecía una vista panorámica de Manhattan al atardecer.
Durante un momento, ambas mujeres contemplaron el horizonte. Un silencio tenso se extendió entre ellas.
—Sabes que parte de lo que ha ocurrido es tu culpa, ¿verdad? —dijo finalmente Ginger, sin rodeos, girándose para enfrentar directamente a Victoria.
Ella se tensó visiblemente, aunque su rostro permaneció impasible.
—No sé a qué te refieres —respondió con frialdad.
—Creo que lo sabes perfectamente. —Ginger cruzó los brazos.
Sus ojos brillaban con determinación—. Lo animaste a volver a la oficina cuando sabías que no estaba listo.
Lo presionaste sobre lo mucho que la empresa lo necesitaba, sobre cómo la junta directiva estaba cuestionando su liderazgo durante su ausencia.
—Es mi trabajo —se defendió Victoria—. Mantenerlo informado sobre lo que sucede en la empresa.
—Tu trabajo es apoyarlo, no empujarlo a una recaída —replicó Ginger—. Y ambas sabemos que tus motivaciones van más allá de la lealtad profesional.
Victoria enderezó la espalda. Su postura defensiva contrastaba con su expresión cuidadosamente controlada.
—No sé qué insinúas, pero te aseguro que todo lo que he hecho ha sido por el bien de Thiago y de Calloway Industries.
Ginger soltó una risa breve, sin humor.
—Por favor, Victoria. Te conozco desde hace años. Siempre has estado enamorada de mi hermano, esperando pacientemente tu oportunidad. —Se inclinó ligeramente, bajando la voz—. Y entonces apareció Zoe, y por primera vez viste a Thiago realmente interesado en alguien que no eras tú.
Un destello de algo (¿dolor? ¿ira? ¿celos?) cruzó brevemente los ojos oscuros de Victoria antes de que recuperara su máscara neutra, profesional.
—Eso es ridículo —respondió, aunque su voz carecía de su habitual convicción—. La señorita Brooks era su fisioterapeuta, nada más.
—¿En serio? —Ginger arqueó una ceja—. Entonces, ¿por qué estabas tan desesperada por alejarla de él? ¿Por qué insististe tanto en que volviera a la oficina, en lugar de recomendarle que terminara la rehabilitación?
Victoria desvió la mirada. Un gesto que revelaba mucho en alguien normalmente tan controlado como ella.
—Estás viendo una conspiración donde solo hay una preocupación profesional —insistió, aunque con menos firmeza—. Thiago es el CEO de Calloway Industries. Su lugar está en la oficina.
—Su lugar estaba recuperándose, terminando su rehabilitación —rebatió Ginger—. Y sabes perfectamente que Zoe era esencial para esa recuperación. No solo físicamente, sino emocionalmente. Nunca lo había visto conectar así con alguien.
Victoria permaneció en silencio unos segundos, con la mirada fija en el horizonte de la ciudad. Cuando finalmente habló, su voz tenía un matiz diferente, más vulnerable de lo que Ginger jamás le había escuchado.
—Debo irme —dijo, reajustando su bolso en el hombro—. Hay asuntos que atender en la oficina.
—Victoria —llamó Ginger cuando ya se alejaba—. Él te valora. Como profesional. Como parte de su equipo. No arruines eso por perseguir algo que nunca sucederá.
Victoria se detuvo brevemente, su espalda recta como una flecha, antes de continuar su camino sin responder. Sus tacones resonaron por el pasillo, alejándose con la misma determinación precisa con la que hacía todo.
Ginger la observó marcharse, con una mezcla de compasión y preocupación en el rostro. Luego, sacando su teléfono del bolsillo, se desplazó por la lista de los contactos hasta encontrar el que buscaba.
Dudó un instante antes de presionar el botón de llamada.
Era hora de intervenir más directamente en la vida de su hermano mayor, pensó mientras esperaba que respondieran, aunque significara una discusión. Después de todo, si Thiago no podía contar con su familia para entrometerse descaradamente en sus asuntos, ¿para qué servía tener una?
—¿Zoe? —dijo cuando ella descolgó la llamada al otro lado—. Soy Ginger. Necesito hablar contigo.