La caída del Titán (Devils 2) CAPÍTULO 15 #3
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CAPÍTULO 15 #3

Como si él no lo hiciera, pensó Zoe. Lo habían dicho su madre y su hermana, que salía con una modelo distinta cada semana.

—Bueno, entonces encajaré perfectamente en su agenda —respondió Zoe en tono despreocupado—. Solo es una cena, no una propuesta de matrimonio —añadió.

—Es poco profesional —argumentó Thiago.

—¿Que es poco profesional? —Zoe lo miró directamente a los ojos—. Chris no es mi paciente. Es libre de invitarme a salir y yo soy libre de aceptar. ¿O acaso hay alguna cláusula en mi contrato que me prohíbe tener vida social?

—No, pero...

—Pero ¿qué? —lo desafió Zoe.

¿Qué demonios le pasaba?

Thiago abrió y cerró la boca varias veces.

—Nada —dijo finalmente—. Haz lo que quieras. No es asunto mío.

—Exacto. —Zoe continuó con los ejercicios—. No es asunto suyo.

El resto de la sesión transcurrió en un silencio tenso. Thiago apenas respondía a sus instrucciones con gruñidos monosilábicos, y su cooperación era mínima.

Joder, era como un niño pequeño.

—¿Sabe qué? —dijo Zoe mientras lo ayudaba a volver a la silla.

—¿Qué? —respondió Thiago en tono seco.

—Cualquiera diría que está celoso.

—No seas ridícula. —Thiago no la miró—. ¿Por qué iba a estar celoso? Puedes salir con quien quieras. Incluso con mi primo «el Casanova» que colecciona mujeres como si fueran cromos.

—Qué descripción tan halagadora —murmuró Zoe—. Me hace querer salir con él aún más.

—Solo digo la verdad. —Thiago finalmente la miró, y había algo en sus ojos azules que Zoe no pudo descifrar—. Chris es... encantador, sí. Y divertido. Pero no es... no es...

—¿No es qué?

—Nada. —Thiago apartó la mirada—. Olvídalo. Disfruta tu cita.

Zoe lo estudió un momento. La tensión en su mandíbula, la forma en que sus manos agarraban los reposabrazos de la silla, la cuidadosa manera en que evitaba mirarla.

—Señor Calloway —dijo suavemente—, ¿hay alguna razón real por la que no debería salir con Chris? Porque si la hay...

—No —la interrumpió él bruscamente—. No hay ninguna razón. Es solo que... pensé que eras más inteligente para no caer en sus encantos superficiales.

—Wow. —Zoe dio un paso atrás con las cejas enarcadas—. Gracias por el voto de confianza en mi juicio.

—No he querido decir...

—Sé exactamente lo que ha querido decir.

—Zoe se dirigió a la mesa y comenzó a recoger las cosas con movimientos bruscos—.

Que soy otra tonta más deslumbrada por una cara bonita y una sonrisa encantadora.

Bueno, ¿sabe qué? Tal vez lo soy. Tal vez quiero salir y divertirme una noche en lugar de estar aquí aguantando sus insultos y su mal humor constante.

—Zoe...

—No —lo cortó—. Hemos terminado por hoy. Disfrute el resto de su día, señor Calloway. Yo tengo que prepararme para mi cita con alguien que realmente parece disfrutar de mi compañía.

Salió antes de que él pudiera responder, cerrando la puerta con más fuerza de la que era necesaria.

Thiago se quedó solo en la silenciosa habitación, mirando la puerta cerrada con una mezcla de furia y algo que se negaba a identificar como arrepentimiento.

¿Por qué le importaba tanto?

Zoe tenía razón.

No era asunto suyo con quién saliera. Era su fisioterapeuta, nada más. Una empleada temporal que se iría en cuanto pudiera caminar.

Pero la idea de ella riendo con los chistes de Chris. De Chris tocándola, tal vez besándola... A su primo no se le resistía ninguna tía.

—Mierda —murmuró, golpeando el reposabrazos con frustración.

No estaba celoso.

No podía estar celoso. Los celos implicaban sentimientos, y él no tenía sentimientos hacia Zoe Brooks más allá de la irritación que le provocaba y tal vez un mínimo de respeto por lo competente que era en su trabajo.

El hecho de que su estómago se retorciera al pensar en ella en esa cita era... indigestión. Sí. Era indigestión. Seguro que algo le había sentado mal.

Arriba, en su habitación, Zoe se tiró en la cama y miró el techo.

¿Qué acababa de pasar? La reacción de Thiago había sido... extraña. Casi como si realmente le importara con quién saliera.

Pero eso era ridículo. Thiago Calloway no tenía sentimientos más allá del sarcasmo.

Probablemente solo estaba molesto porque él había tenido que hacer un parón en su dilatada vida social o algo así.

¿Por qué criticaba tanto a su primo, si él era igual o peor?

Zoe miró su reloj de pulsera.

Eran las 12 de la mañana.

Tenía ocho horas para prepararse para su cita.

Su primera cita real en... ¿cuánto? ¿Un año? ¿Más? Joder, ya ni se acordaba.

Una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Sería genial salir, arreglarse, sentirse como algo más que una fisioterapeuta con paciencia infinita.

Y si Thiago Calloway tenía un problema con eso... Bueno, ese era su problema. No de ella.

Aunque mientras se levantaba para buscar en el armario qué ponerse, no pudo evitar preguntarse por qué la idea de que a Thiago le molestara su cita le producía una pequeña (no tan pequeña) sensación de satisfacción.

No. No iba a analizarlo.

Tenía una cita con un hombre que estaba buenísimo, que era simpático y que realmente parecía tener ganas de conocerla.

Eso era más que suficiente.

¿Verdad?