La caída del Titán (Devils 2) CAPÍTULO 15 #2
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CAPÍTULO 15 #2

—Y me iba muy bien, gracias. —Chris guiñó un ojo—. De hecho, hablando de eso...

Se volvió hacia Zoe con una sonrisa que estaba segura de que había derretido muchos corazones a lo largo de los años.

—¿Te gustaría cenar conmigo cuando termines de domar a la bestia? —preguntó con esa confianza casual que solo tienen los hombres que rara vez escuchan un «no»—. Conozco un lugar italiano fantástico en el Village. Hacen un risotto que es prácticamente una experiencia sensorial.

Zoe parpadeó, sorprendida por la invitación.

La verdad era que llevaba semanas sin salir más allá de la mansión Calloway, excepto por algunas compras en el centro. Su vida social se había reducido a conversaciones con María en la cocina y batallas verbales con Thiago.

—Yo... —comenzó, notando cómo Thiago se había puesto rígido como una tabla.

Y de pronto…

CRASH

El vaso de agua de Thiago, que estaba en la mesa que había junto a la camilla, de alguna manera salió «accidentalmente» volando, derramando su contenido por todo el suelo de madera.

—¡Ups! —dijo Thiago con la actuación menos convincente en la historia del teatro—. Qué torpe soy. Debe de ser por el cansancio. Me tiembla el brazo.

Chris lo miró con una ceja arqueada.

—Qué conveniente —murmuró—. Tu coordinación siempre empeora cuando hago planes interesantes.

—No sé de qué hablas. —Thiago intentó parecer inocente, lo cual en él se veía tan natural como un pingüino intentando volar—. Zoe, ¿podrías...?

—Voy a coger una toalla —suspiró Zoe, dirigiéndose hacia el armario donde guardaban los suministros.

Mientras limpiaba el agua, podía sentir la tensión entre los primos como electricidad estática en el aire.

Cuando se incorporó, Chris seguía esperando su respuesta con esa sonrisa paciente en los labios que parecía tan natural en él.

—¿Sabes qué? —dijo Zoe, tomando una decisión impulsiva—. Me encantaría. Hace siglos que no salgo a cenar a un sitio bonito.

La sonrisa de Chris se amplió hasta niveles de megavatios.

—¡Genial! ¿Te parece bien a las ocho? Puedo recogerte aquí o donde prefieras.

—Aquí está bien —confirmó Zoe, ignorando deliberadamente el sonido de rechinamiento que venía de la dirección de Thiago. ¿Estaba apretando los dientes?

—Perfecto. —La sonrisa de Christopher se amplió en su rostro—. Te prometo una noche memorable. Buena comida, buen vino…

—Espera —intervino Thiago—. Chris, ¿no tenías esa cosa? ¿Esa cosa muy importante que mencionaste? ¿En... China?

—No tengo ninguna cosa en China. —Chris frunció el ceño.

—Claro que sí —Thiago asintió vigorosamente—. Lo mencionaste. Algo sobre... importaciones. O exportaciones. O... deportaciones.

—Thiago… —La voz de Chris tenía un tono de advertencia mezclado con diversión—. ¿Qué estás haciendo?

—¿Yo? —Thiago parpadeó con falsa inocencia—. Solo me preocupo por tu agenda. Sé lo ocupado que estás con tu empresa.

—Mi empresa está muy bien. —Chris entrecerró los ojos.

Zoe miró a Thiago, preocupada.

—¿Está bien? Parece que le está dando algo.

—Estoy perfectamente —gruñó Thiago, aunque su cara sugería que estaba teniendo un aneurisma menor—. Solo creo que Chris tiene mejores cosas que hacer que... que...

—¿Que salir con una mujer encantadora? —completó Chris con una sonrisa traviesa—. No, realmente no tengo nada mejor que hacer.

—Deberías irte —dijo Thiago abruptamente—. Ya. Ahora. Inmediatamente.

—¿Por qué? ¿Acaso interrumpo algo? —Chris miró alrededor teatralmente—. Porque desde aquí solo veo a un paciente gruñón haciendo un berrinche porque su fisioterapeuta tiene vida social.

—No estoy haciendo un berrinche —protestó Thiago, claramente haciendo un berrinche.

Chris negó con la cabeza y se acercó a Zoe con esa gracia natural que poseía.

—Entonces, ¿a las ocho?

—A las ocho —confirmó Zoe, sintiendo una pequeña punzada de emoción. Hacía tanto tiempo que no tenía una cita.

Chris tomó su mano y, con un gesto que debería haber sido ridículo pero que de alguna manera resultó encantador, la besó suavemente.

—Hasta esta noche entonces, bella dama —dijo con un guiño—. Y no te preocupes por el código de vestimenta. Con esa sonrisa, podrías ir en pijama y seguirías siendo la mujer más guapa del restaurante.

Zoe no pudo evitar ruborizarse un poco. Hacía mucho tiempo que nadie le decía algo así. Era la manera de jugar de Christopher, pero le gustaba. Le parecía divertido.

—Has estado practicando ese discurso, ¿verdad? —bromeó para disimular su nerviosismo.

—Toda mi vida —admitió Chris—. Pero es la primera vez que la digo en serio.

Un sonido gutural salió de la garganta de Thiago, como si un gato estuviera tosiendo una bola de pelo del tamaño de Manhattan.

—¿Necesita agua? —preguntó Zoe.

—Estoy bien —logró decir Thiago entre dientes—. Chris ya se iba. ¿Verdad, Chris?

—Sí, sí, ya me voy. —Chris palmeó el hombro de su primo con más fuerza de la necesaria—. Cuídate, primo. Trata de no ahogarte con tu propia amargura antes de que vuelva.

Y salió de la habitación con pasos seguros, dejando un silencio tan denso dentro que se podría haber cortado con cuchillo.

Zoe volvió a su posición junto a la camilla, muy consciente de que Thiago parecía estar intentando fulminarla con la mirada.

—¿Continuamos? —preguntó en tono profesional.

—¿En serio vas a salir con él? —La voz de Thiago era puro hielo ártico.

—No veo por qué no —Zoe ajustó el ángulo de su pierna para empezar a hacer el ejercicio—. Es guapo, encantador, y parece simpático.

—Es un mujeriego —escupió Thiago—. Sale con una mujer diferente cada semana.