La cacería equivocada (Los solteros 3) Capítulo 24
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Capítulo 24

—No lo tome a mal. Si usted acepta casarse conmigo, que soy mala persona, usted definitivamente es buena. He cometido demasiados errores. Cuando lleguemos a alguna posada, escribiremos cartas para comunicar esto a nuestras familias. Le aseguro que tendremos muchas personas aliviadas con esta unión.

—Sí, la más aliviada será Beatrice.

—Descansemos hasta la próxima parada, dormiré un rato —declaró el marqués. Este cerró los ojos con rapidez y fingió dormirse al poco tiempo.

Stella hizo lo mismo que él para evitar que hablaran.

No podía negar que aquel matrimonio le despertaba cierta ilusión, pero entendía lo que significaba casarse con alguien que tenía interés en otra persona.

No podría apelar a sus sentimientos, solo al cumplimiento de ambos como esposos.

Eso tampoco era malo, pero saber que el marqués quería a su hermana le daba inseguridad, en cualquier momento podría volver a perseguirla si no corregía sus malos hábitos.

Wulfric pensaba que no era una mala elección, pero sería incómodo, puesto que siempre persiguió a la hermana y al final se casará con la otra.

Stella era hermosa y osada, por supuesto que le había demostrado más interés que lady Beatrice.

La vida le estaba dando una oportunidad para enmendarse, aunque era difícil aceptar todo de golpe.

Debía considerar cada cosa con tranquilidad.

Cerrar los ojos le ayudaba a poner en orden su mente y disipar las dudas que aún le quedaban.

Lo primero era aceptar que estaba cumpliendo con su responsabilidad con una dama por haber hecho una tontería.

Las mujeres siempre eran perjudicadas por los errores de los hombres y por eso no podía evitar hacerse responsable, era caballero de verdad, con defectos, pero lo era.

Saber que Stella no era ninguna villana le daba cierto alivio, porque desde que la conoció conversó con ella y compartió mucho más que con cualquier otra dama.

Eran capaces de sostener una conversación, por eso casarse no sería el peor escenario.

También era bella y con buenos atributos.

Él parecía salir ganando una buena esposa, mientras la joven solo se llevaba un peso muerto al hombro. Era vergonzoso.

El problema de tener esposa era que tendría que dedicarle muchos de sus recursos, era tacaño por naturaleza y tener que darle dinero era algo difícil, pero no imposible.

Era cuestión de que se entendieran en los asuntos financieros.

Además, su dote no debía ser baja, su hermano era un conde de muchos recursos, lo que significaba que su difunto padre destinó dinero para su preciada hija, eso lo enriquecería, si contar con todo el oro que su abuelo, tan generosamente, estaba guardando para él.

El futuro parecía prometedor si unía todos esos factores.

Quizá Stella era la estrella de la buena fortuna.

Era evidente que se trataba de un matrimonio ventajoso por donde se lo viera.

Su abuelo estaría orgulloso de él, aunque no tanto al saber que raptó a una joven y, para colmo, no era la que había ido a buscar.

Estaba seguro de que el viejo se agarraría de eso para burlarse de su nieto hasta su último aliento.

Los dos se quedaron dormidos y recién despertaron cuando el sirviente detuvo el carruaje y golpeó la portezuela.

—Su señoría, hemos llegado a una posada. Baje para descansar, aun nos falta mucho trayecto para llegar a Gretna Green.

—Está bien —dijo Wulfric con la voz pastosa—. Lady Stella, hemos llegado a una posada.

—¿Tan pronto? Tengo hambre…

—No se preocupe. Lo primero es que pueda bajar con su sábana puesta. De la habitación, del desayuno y su nueva ropa me encargaré después de acompañarla a comer.

Ella asintió y se quedó en el carruaje a esperar. Una vez que tuvieran las habitaciones, bajaría e iría hasta ahí sin dilación. Unos minutos después, el marqués regresó y le abrió la portezuela para que pudiera ir adentro y comer algo antes de desfallecer de hambre.

La joven miró hacia ambos lados y se apresuró hacia la puerta de la entrada cuando nadie la miraba. Siguió al marqués y este la hizo entrar en la habitación.

—Mis aposentos están al lado. Si quiere algo, solo pídalo. Pronto le traerán algo para comer, al igual que a mí, aproveche el tiempo para descansar. Le compraré ropa pronto, antes de nuestra salida. Dejaré descansar al cochero para volver a partir más tarde.

—Es muy amable, no pensé que fuese tan caballeroso.

—Puedo tener muchos defectos, pero no soy cobarde ni sinvergüenza.

Usted no merece pagar por mis errores, tampoco su hermana ni el consejero.

Cuando regresemos a Londres tendremos el problema mayor.

Puede aprovechar el tiempo para escribirle algo a su familia, yo haré lo mismo y llevaré las cartas para que vayan por diligencia.

—Así lo haré…

—Descanse…

La puerta se cerró y Stella por fin podía asimilar lo que ocurría.

Estaba en un pueblo desconocido, camino a su boda, y debía avisarle a su familia.

Sabía que sería un gran escándalo, pero esperaba que esto no salpicara a Beatrice ni a sus intenciones de ser la esposa del consejero.

Si ese hombre no tenía interés después de que una hermana se casara en Gretna Green, sería algo triste.

Se sentiría culpable toda la vida por arruinar su futuro.

Pronto se fijó en la habitación, que era pequeña, solo contaba con una mesa, un armario y una cama.

Era un lugar de paso para cualquiera. Cogió el papel y la pluma que proveían y se puso a escribir lo que necesitaba que su familia supiera para quedarse tranquila.

No sabía cuánto tiempo estaría fuera de casa, solo quería que supieran que estaban bien.

Si la diligencia era veloz, en menos de medio día ellos tendrían noticias, ya que no dio tiempo de nada, ni siquiera se dio cuenta de cómo la sacaron de su casa.

Lo único que sabía era que pronto sería la marquesa de Howard.

***

El marqués terminó de desayunar, cogió su carta y fue a la habitación de Stella. Golpeó la puerta y esperó. Ella abrió con su envío en la mano y se lo extendió.

—Iré a dejar esta correspondencia y regresaré con ropas para usted.

—Lo esperaré. ¿Cree que estas cartas llegarán pronto? No sé cómo están mis padres…

—Pues no lo sabremos tampoco, una vez que nos movamos no tendremos noticias.

Tendrá que esperar a que regresemos a Londres en al menos una semana.

Con que sepan que está bien es suficiente.

En mi caso no hay razones para volverse locos.

Mis enemigos me esperarán un poco más de lo normal, eso es todo.

—Apúrese para que pronto podamos regresar.

—¿No me diga que ya está ansiosa por consumar este matrimonio? Eso me agrada, milady…

—No es eso, no se crea tan importante. Me preocupan nuestras familias.

—Ya le dije que por mi lado no hay mucho de lo cual preocuparse. Mi abuelo tiene un pie en el otro lado, que aparezca o desaparezca no cambia las cosas y sus padres son jóvenes, no se morirán porque no la vean un par de días. Me voy, adiós.

Ella vio al marqués perderse por el pasillo, este tendría una tarde larga.

No era el hombre más virtuoso del mundo, pero se estaba haciendo responsable de sus acciones respondiendo por una dama como solo un verdadero varón haría.

Tendría que aprender a corresponder todo eso a futuro, compensar la falta de amor de su lado y ser ella la que sostuviera esta unión en el futuro.

No sería fácil, pero lo intentaría. Tampoco usaría técnicas extrañas, solo lo que siempre creyó que debería hacer una dama: ser una esposa devota.

***

En Londres, los padres de la joven la buscaron por las calles por si el marqués la hubiera soltado en algún lugar, pero nada de eso pasaba. Stella estaba por ahí sola con su camisón puesto, podría ocurrirle cualquier cosa.

—Ya ha pasado medio día y no sabemos nada de Stella. Ese hombre pudo haberla matado… —declaró la condesa, preocupada. Su pobre hija estaba por ahí con un loco suelto—. Quizá quiso callarla al darse cuenta de que se llevó a la mujer equivocada. ¿Quién nos devolverá a mi hija?

—Madre, no sabíamos que se correría tal riesgo —dijo Rodney, cansado.

—Por supuesto que sí. Tú debiste dormir ahí en lugar de que lo hiciera una mujer con un atizador. Ahora ya tenemos el resultado.

—Todavía nos queda ir a la propiedad del marqués. Lo más probable es que no fuera a Gretna Green si lleva a Stella —alegó el conde.

—Iré a ver. Cuando esto se sepa, la reputación de Stella se perderá. Debemos movernos lo menos posible y tampoco preguntar demasiado, si algo se filtra, estamos perdidos. Esto tampoco beneficiará a Beatrice —alegó el hermano.

—No me importa si me beneficia o no. Quiero que Stella esté bien y no en manos de un demente.

—Milady, yo puedo averiguar lo que sea de la casa del marqués, el mozo con el que salgo es de ahí. Puede darme información —habló la doncella.

—¿Estás saliendo con un sirviente de ese sinvergüenza? Ahora ya sabemos la razón por la que sabía tantos movimientos de esta casa… —aseguró la madre, molesta.

—Madre, Stella y yo lo sabíamos, de hecho, la alentamos a que siguiera su corazón.

Quizá no fue la mejor decisión, pero lo que pasa no es su culpa, él anunció que vendría tal día y lo cumplió.

Aquí no hay errores ajenos, sino que nosotros no pudimos dimensionar las decisiones que él podría tomar en cualquier momento.

—Vete a por la información. Te quiero aquí lo más pronto posible, antes de que te despida… —gruñó lady Coventry, que apenas podía con la rabia.

—Sí, milady.

La doncella salió de la residencia con prisa y fue hasta la casa del abuelo del marqués, que era donde vivía la mayor parte del tiempo, y buscó al mozo. En poco tiempo obtuvo un poco de información, pero nada relevante, solo sabía que el hombre no había regresado.

Aquella fue corriendo a la casa del conde de Coventry para contar lo que le había dicho el sirviente de esa casa.

—Él me dijo que el marqués salió en su carruaje por la noche y que no regresó hasta la hora en la que estuve ahí.

Él sabía que aquel quería llevarse a lady Beatrice a Gretna Green, pero al saber que se llevó a la dama equivocada, no sabe lo que ocurrirá, porque eso no estaba contemplado en sus planes. Es lo que me dijo, milady.

—Estamos en las mismas, solo sabemos que él tampoco está en las cercanías. Un carruaje no puede esconderse tanto tiempo y menos con la secuestrada equivocada —musitó el marqués.

Por la tarde, el consejero se presentó en la residencia de la familia de Beatrice. Eso los sorprendió a todos, pues no querían que se diera a conocer el asunto a todo el mundo; sin embargo, este hombre ya sabía lo que tramaba el marqués y solo fue a ver si había cumplido.

Beatrice contó lo que había pasado y este la consoló con su acercamiento. Por primera vez dejó su timidez a un lado para acercarse a una mujer. Era raro, pero le gustaba la hija del conde.

—No se aseguró de llevar a la joven correcta. Puedo ayudarlos a buscar a su hermana. Tengo hombres secretos que trabajan para mí. Los contraté después de lo que pasó con el marqués. Me di cuenta de que no puedo andar por la vida creyendo que todos son buenas personas…

—No queremos que nadie más se entere, esto es perjudicial para las jóvenes. Beatrice quizá pueda casarse, pero Stella… ni siquiera sabemos si sigue con vida —expresó su madre, abatida.

—No piense de esa manera. El marqués no se atreverá a matarla ni a hacerle nada, porque perderá su oportunidad con lady Beatrice. Él debe estar pensando en cómo solucionar el problema en este momento. Esperemos un poco más y lo sabremos…