Capítulo 23
—¡No puede ser que se atreviera! —exclamó Beatrice buscando a su hermana con la mirada.
—¡Desgraciado! —masculló el conde de Coventry.
—Esto podría arruinar la reputación de Stella. Nunca encontrará marido si llega a saberse —dijo lady Coventry con ambas manos sobre su pecho.
—Me preocupa su seguridad en manos de ese hombre.
El marqués puede hacerle cualquier cosa y más si piensa que Stella es tan malvada como se imagina.
¿Cómo pudimos quedarnos dormidos? —musitó Rodney que tenía ambas manos en la cintura tratando de entender lo que había ocurrido. Nadie los había drogado.
—El que avisa no traiciona. El marqués dijo que vendría y cumplió, pero creímos que habría un enfrentamiento y no que se la llevarían. Al menos sabemos en dónde vive y podremos ir a buscar a Stella —dijo el padre.
—Eso servirá o al menos debería servir. Él no quería casarse con ella, así que no la llevará muy lejos o la dejará cerca de aquí. Debemos agotar todas las instancias. En verdad me hubiera raptado si estaba aquí. Yo no soy tan fuerte como Stella. Ella se sacrificó por mí.
—Siempre quiere lo mejor para ti. A veces puede parecer egoísta u orgullosa, pero nunca escatima al momento de dar ayuda. El corazón de Stella es demasiado grande —declaró su madre.
—Espero que podamos encontrarla. Saldré a buscarla ahora mismo… —farfulló Rodney que fue a vestirse para empezar su día con todo lo necesario para hallar a Stella.
***
Stella despertó sintiendo que todo alrededor se movía. Al abrir los ojos se dio cuenta de que estaba en un carruaje, por la escasa luz y porque sentía el espacio demasiado pequeño. Apenas podía respirar porque la sábana en la que estaba envuelta le tapaba la cara.
—¡Ayuda! ¡Ayuda! —expresó con todas sus fuerzas.
Wulfric dio un salto al oír un grito cerca de él. Su musa había despertado, y no parecía estar de buen humor.
—Lo siento, lady Beatrice, en verdad no quise secuestrarla. Los sirvientes dijeron que estaba dormida y lo mejor era no despertarla, pues era tarde para eso. Sabía que esa carta no la escribió usted. Alguien le dictó lo que debía decir, ¿no es así?
—¡Animal! ¡Sáqueme de aquí! No puedo creer que se atreviera a secuestrarme —gruñó Stella.
El marqués, al reconocer esa voz, buscó la linterna más cercana para colocarla cerca de la sábana. Al hacerlo, confirmó que la persona que estaba en el carruaje era lady Stella y no lady Beatrice. Esos tontos se habían equivocado de habitación y cogieron a la mujer que no debían.
—¡Detén la marcha! —ordenó Wulfric al cochero. Estaban lejos de Londres, viajando por horas. La joven estaba secuestrada y por la mañana la gente se daría cuenta de su desaparición. Él era el único culpable.
La joven se removió entre la sábana para poder salir. Al lograrlo y sentir que el carruaje dejó de moverse, se puso de pie dentro.
—No pensé que se atreviera. Ahora mismo regresaré a mi casa… —Ella abrió la portezuela del carruaje y bajó en medio de la oscuridad del monte, dándose cuenta de que solo tenía puesto su camisón y nada más. Ni siquiera tenía zapatos—. ¡Pervertido! ¡Estoy casi desnuda! ¿En dónde estamos?
Él no podía creer su mala fortuna y, para colmo, debía responder las preguntas de la secuestrada fallida.
—Estábamos camino a Escocia. Ahora suba, regresaremos a Londres, aunque será de día cuando lo hagamos.
—¡Estoy en camisón! ¡No compartiré el mismo espacio con un hombre soltero!
—Ya veníamos compartiendo el carruaje, no se haga la decente y suba para regresar. Mientras más nos retrasamos, peor será para los dos.
—¿Para los dos? Solo para mí, que soy una mujer cuya reputación ahora está arruinada por su culpa.
—¡Es culpa de lady Beatrice que no fue capaz de pasar las coordenadas de su habitación, y también por culpa de esos tontos que contraté. Ya suba, quiero devolverla.
—Claro, usted me devolverá como si fuese una cosa defectuosa.
Ahora nunca me casaré y será por su entera culpa.
¿Cuántas veces le dije que Beatrice no lo quería?
Entienda una cosa, si ella en verdad lo amara, jamás se escondería, saldría por la ventana para verlo después de leer su carta, pero lo único que usted consiguió fue meterla en un problema con personas con las que no tenía nada que ver.
El consejero la acusó de ser una mujer calculadora que quería conquistarlo con esa carta mencionando su nombre que usted mandó.
Eso fue incriminatorio. Solo después de oír eso y tener que defenderse, contó sobre la conversación que tuvieron la noche anterior.
Ha ensuciado el honor de mi hermana, ese buen hombre se fue con una buena impresión de nuestra casa y no fue gracias a su locura, sino a nuestra pericia para delatarlo.
—Eso fue un accidente —gruñó el marqués saliendo del carruaje para acercarse a Stella.
—No fue un accidente, quiere lavarse las manos diciendo semejante tontería. Por su culpa casi difaman a mi hermana.
—Admito que fallé al escribir la carta, pero sabiendo de su interés…
—¡Qué interés! Mi hermana le inventó un hombre perfecto para que se alejara de ella, lo que nadie esperaba era que encontrara a alguien con ese perfil.
Ahora le allanó el camino a mi hermana para conocer a ese caballero.
Antes ni siquiera se conocían, ahora ambos se agradaron.
Ella nunca lo quiso, su señoría, ¿por qué no lo entiende?
¿Qué clase de señal divina necesita para entender que nadie es un villano, sino que usted es un verdadero ciego que no sabe leer a las personas y que queda como un demente?
—Qué palabras tan duras —musitó Wulfric con sorpresa, porque le habían dicho que estaba equivocado mil veces, pero no con tanta vehemencia.
—No lo son. Es la verdad que se niega a escuchar. Beatrice quiso alejarlo desde un principio, mucho antes de que yo regresara de Francia. Para deshacerse de usted, insistió en que lo conociera, es por lo que nos conocimos…
La joven se detuvo unos segundos antes de continuar.
—Usted me gustó desde que lo vi y puse mis esperanzas en que era una buena persona.
Mi hermana quiso que se fijara en mí, pero nada resultaba, seguía obsesionado con ella.
Me acusó de ser una persona maquinadora y malvada que le prohibía a Beatrice tener contacto con usted, pero la verdad es que ella nunca quiso estar con usted, ni por un segundo.
No lo quiere como esposo y no es capaz de comprenderlo.
Fue educada, maleducada, directa e indirecta, pero no había forma de que comprendiera sus intenciones.
Siempre encontraba una salida a lo que se le planteaba.
Ahora estamos en esto. Secuestró a la mujer equivocada porque me quedé en la habitación para enfrentarlo, porque todos supimos que no comprendería el mensaje de rechazo de la carta.
Estoy segura de que sigue pensando que la persona malvada soy yo, cuando de verdad fui la única que abogó por usted cuando lo llamaban demente, aunque al final de cuentas terminé convencida de que lo es.
Lo que decía se sentía como dagas en su pecho.
No era nada nuevo lo que oía, pero la vehemencia y pasión de sus palabras le daban mucho que pensar.
Recordaba los momentos en los que se acercó a Beatrice y esta se alejaba, cuando le prohibió bailar juntos, cuando la excusaron por una supuesta enfermedad y también la carta que le respondió.
Todas eran señales claras que él se negó a ver porque esperaba ser amado, nunca imaginó que sería rechazado por nadie y menos por la persona que escogió.
Se obsesionó con conseguir a la mujer que consideraba ideal y se negó a ver sus defectos.
Ella lo observaba apenas en la penumbra, mientras él intentaba digerir tanta información.
—Lo siento si fui dura, pero necesitaba entenderlo de alguna manera.
Subamos al carruaje y piense en esto durante el camino.
Si podemos evitar que todos se despierten y se sepa que raptó a la hija equivocada, sería perfecto.
No tengo cómo recuperarme de esto. Sí se sabe, solo me espera la soltería y la verdad no tengo vocación para eso.
Si quiere lamentarse, suba al carruaje y hágalo ahí.
Aquella pasó junto a Wulfric y subió al carruaje, dejándolo sumido en sus pensamientos.
La única persona que lo apreciaba y defendía fue ella, al menos en su versión.
Sus palabras lograron abrirle los ojos a la realidad y a comprender los mensajes que todos sus conocidos más íntimos le habían dado y con los que claramente no hizo nada útil.
Se sintió decepcionado y no podía evitar sentirse como un fracasado.
En su afán de hallar a la persona adecuada, se obsesionó con quien huía de él como si se tratara de la peste.
La situación era incómoda. Lo peor de todo era que estuvo a punto de secuestrar a alguien que lo odiaba, lo que daría como resultado un verdadero infierno en el futuro.
El destino no quería que Beatrice y él estuvieran juntos y esa dama lo supo desde el principio, solo él se dejó llevar por su belleza y los modales que vio.
Creyó que era la mujer perfecta y confundió la admiración con el amor, pero al parecer se equivocó más de la cuenta.
Regresó al carruaje y se sentó en su lugar.
—¿Regresamos a Londres, su señoría? —preguntó el cochero.
—Sí, por supuesto —respondió Stella que se había cubierto el cuerpo con la sábana. La situación en sí ya era un desastre, pero no por eso se rendiría. Quizá este hombre abriera los ojos y se diera cuenta de la locura que había cometido.
—Seguiremos el camino a Gretna Green. Debo comprarle ropa a milady.
—Sí, su señoría.
El carruaje volvió a ponerse en marcha.
—¿Por qué nos iremos a Gretna Green?
—Porque ya estamos en esto. No puedo devolverle su honor ni reputación, solo me queda responder por mis actos como lo haría un verdadero caballero que la deshonró.
—¿Me está llevando para casarse conmigo?
—¿Ya no le gusto?
Stella se sonrojó al oír esa pregunta. Por supuesto que le gustaba, pero quería que al menos el hombre que se casaría la apreciara.
—No es eso…
—Entonces mejor guarde silencio. Hice una tontería y debo responder. Puedo tener fama de libertino, pero no soy un irresponsable.
—Perdóneme si lo hice sentir culpable por lo que dije.
—Me hacía falta ser sacudido por esto para entender que estaba equivocado, pero duele.
Con usted al menos puedo hablar mejor que con otras personas.
A veces dicen que los extraños dan mejores consejos porque no conocen los vicios de las personas a las que aconsejan.
Sus palabras eran como puñales directos al corazón, pero tiene razón, no vi la verdad detrás de sus gestos, sus palabras ni sus movimientos.
Me empeñé en ver solo lo que quería. Mis amigos fueron casándose con mujeres problemáticas al principio y yo no quería eso, busqué a la dama que me pareció más refinada y constante y, con solo una sonrisa y un acto educado, me imaginé una vida completa.
Fue mi error y lo lamento. Ahora comprendí el alcance de mis actos y les debo una disculpa- No hay mejor forma de hacerlo que responder por mis actos.
Milady es una buena persona y con eso tal vez sea suficiente para empezar el matrimonio.
—Ah, solo soy una buena persona…
—No quise parecer ofensivo, ser buena persona engloba muchas cosas. Es hermosa y con buenos atributos… Es inteligente y me deja ganar al ajedrez. Cualquiera estaría maravillado con todas sus virtudes.
—Suena sarcástico.
—Aunque debo admitir que la primera vez pude apreciar bastante más que ahora. Su camisón es un verdadero matapasiones; prefiero esos escotes generosos —comentó con una media sonrisa. Todavía seguía dolido al darse cuenta de lo tonto que fue.
—Qué atrevimiento de su parte pronunciar eso; sin embargo, prefiero no casarme si usted solo me considera una buena persona.