La cacería equivocada (Los solteros 3) Capítulo 14
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Capítulo 14

—Si duda, puede ir a verlo en su despacho. No tengo necesidad de mentirle, su señoría. Su abuelo es una persona decidida a transformar todo su oro en tonterías.

—Sí, me he dado cuenta, pero un pisapapeles…

—No estoy del todo seguro, pero creo que es para usted, para que nadie se lo quite. Como sabe, no lo puede heredar, entonces ve la forma para dejarle algo.

—A este paso, un atizador y un pisapapeles… ¿Qué clase de herencia es esta? Es mejor pensar que no es así.

—¿Cree que solo tiene esas cosas? Qué poco conoce a su abuelo, su señoría.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que puede llevarse una gran sorpresa, no menosprecie las acciones de un anciano.

—¿No me digas que tiene una estatua de oro de la duquesa viuda? Eso sería lo único que podría sorprenderme.

—Casi, pero no, su señoría.

—Prefiero mantenerme al margen. Mi abuelo es alguien de pensamientos insondables, así que intentar entenderlo sería una verdadera pérdida de tiempo.

Después del almuerzo regresó a su habitación y con la barriga llena pudo descansar un buen rato hasta casi la hora del té, en que el sirviente lo despertó para decirle que había recibido una carta.

Cuando la abrió, supo que su amigo logró liberarse de su abuela, solo Dios sabrá cómo lo hizo. Debió haber empeñado su alma.

Al poco tiempo se preparó para salir. Pensaba beber el té con Harold mientras conversaban de lo importante.

—Jovencito, no te he visto en parte del día, ¿dónde estabas? —preguntó su abuelo al ver que este se dirigía a la puerta.

—Abuelo, pues usted duerme como muerto, ¿qué quiere que haga? No lo despertaré solo para decirle que he llegado.

—Ya deseas que me muera, qué novedad. ¿A dónde vas?

—Tiene poca memoria, abuelo, tengo que ir a pagar la información que me darán hoy. Harold me espera, si sigo aquí conversando con usted, él tomará el té sin mí.

—¿Por qué no lo tomas conmigo y después te marchas?

—Abuelo, mañana le prometo sentarme con usted, procure dormir antes para que no se quede dormido a media taza.

—Lárgate, grosero.

El joven se despidió y salió apresurado.

A su abuelo le encantaba hacerle perder el tiempo.

No quería volver a detenerse en nada, solo quería saber lo que Harold tenía que decirle.

Con un nombre del supuesto interés de lady Beatrice, podría solucionar el problema desde la raíz.

En sus planes no estaba matarlo, pero sí amedrentarlo para que no la persiguiera.

Cuando llegó al sitio en donde lo esperaba su amigo, el sirviente lo hizo pasar.

—Veo que recibió mi carta bastante rápido, su señoría. Llegó justo para la hora del té.

—Esa es la idea, Bruce, tengo hambre, coloca en la bandeja dos tazas y doble ración de lo que sea.

—Por supuesto, su señoría, no se preocupe, me encargaré de sus necesidades.

El hombre lo hizo pasar hasta el despacho de Harold. Aquel estaba sentado ahí frente a su libro de cuentas, mirándolo fijamente como si le pidiera una explicación de algo.

—¿Acaso tu libro también te debe? —curioseó el marqués al entrar.

—No, pero me oculta cosas, es muy sospechoso. Por fin has venido, solo te esperaba a ti antes de irme a descansar.

—Es que vine a buscarte esta mañana, pero me dijeron que estabas atrapado con tu abuela.

—Ni me lo recuerdes, me costó escapar.

—¿Saliste por la ventana?

—Claro que no, soy un duque. Mi estatus es muy alto para hacer esas cosas.

—¿Y cómo lo hiciste?

—Me escapé en un descuido del mayordomo. Fingí ser obediente, almorcé con ella y, cuando el sirviente salió por la puerta delantera, nadie pudo ver mi espalda por lo rápido que me moví.

—Todavía tienes astucia para estas tonterías de escapar de tu abuela, pero es comprensible. Ella es demasiado excéntrica. Lo mejor es que trates de verla solo en la calle, no te expongas a que te vuelvan a raptar.

—Sí, sí. Ya no caeré en esos señuelos falsos. Ese médico está confabulado con ella de alguna manera. No sé por qué le sigo creyendo.

—¿Un médico confabulado con tu abuela?

—Sí, exagera su condición, no sabe distinguir entre un resfriado y un capricho. Es el mismo que estuvo en la residencia del conde de Coventry.

—¿Me estás diciendo que ese hombre no es digno de confianza?

—Absolutamente. Sí, siempre es secuaz de mi abuela.

Me han mentido hasta con el resfriado para poder tenerme ahí como rehén.

Si crees que lo de lady Beatrice es cierto, lo mejor que puedes hacer es averiguarlo.

Bruce me ha contado tu experiencia del día y supongo que mis presunciones resultan ser ciertas.

Es difícil que me equivoque siendo tan genial.

—¿Tus presunciones?

—Sí, mis presunciones. Esa joven no te quiere, pero al parecer, la hermana tiene bastante interés. Wulfric, el asunto es sencillo, no te equivocaste de árbol, solo de nido. ¿Por qué querer a quien no te quiere? Es mejor querer a quien te quiere.

—Tus supuestas presunciones son absurdas. Sí creo que el médico pudo caer ante alguna amenaza de tu abuelo, pero toda la familia del conde de Coventry sería incapaz de engañarme con algo así.

—Ay, qué incrédulo. Me duele saber que eres tonto. No te faltan dedos de frente para comprender, pero te empeñas en no ver lo que es evidente a los ojos. No te daré un solo consejo más, los malgasto.

—Sí, es mejor que no intentes convencerme de nada. Ahora, dime, ¿qué averiguaste?

—Ah, es cierto. Te cité aquí para algo y no era para el té. Encontré a alguien con el perfil del hombre que describiste. Coincide bastante, pero, como dije: coincide. Eso no significa que lo sea, ¿lo entiendes? No se verifica ningún vínculo o encuentro con la familia de lady Beatrice.

—Dime su nombre, necesito saber con quién estoy tratando.

—¿Acaso escuchaste lo que acabo de decir o lo estás ignorando?

—Claro, aun así, no puedes fiarte de que no se cruzaran en algún evento antes de que yo la conociera. Pudieron haber sido presentados y ella oyó que sería alguien importante.

—Su nombramiento es reciente, lo dudo.

—No importa, eso lo averiguaré después. ¿Cuánto te debo por esta información?

—Te la daré de forma gratuita al no poder comprobar nada.

—Está bien, ahora dime de una vez el nombre de esa persona, solo me estás dando largas.

—Está bien. Se trata del lord Wilbert Bellamy, hijo del conde de Rushford.

Tiene veintisiete años y no solo ha estudiado en Inglaterra, sino en los países vecinos, está bien preparado para ser consejero.

Es intachable, no se le conocen amantes ni vicios, se dedica plenamente al estudio.

Es un gran erudito en las letras y conoce muchas artes.

—Es un ratón de biblioteca. ¿Qué puede verle lady Beatrice a ese hombre?

—Pues tiene todo lo que ella dijo que le gustaba. Sin decirte que su belleza es halagada hasta por algunos caballeros.

—¿También por ti?

—Jamás te traicionaría. Si me gustaran los hombres, tú serías mi tipo, aunque él podría ser un vicio.

—Prefiero no gustarte. No me apetece jugar a las espadas. Oye, necesito decirle que no se meta con lady Beatrice.

—No hagas una tontería.

—Te pagaré para que lo mandes golpear…

—¡No lo haré porque no está comprobado nada! ¡Acaso estás sordo!

Bruce entró al despacho con la bandeja del té. El grito del duque se escuchó hasta detrás de la puerta. Lo más probable es que estuviese muy exaltado por culpa del marqués, que era bastante caprichoso.

—Mi señor, cuide su salud, el marqués no lo atenderá si se desmaya —recomendó el sirviente.

—Ni siquiera mi peor cliente me ha causado tanta rabia en un minuto. Jamás todo a gente inocente, aunque si alguien me debe, ni el sirviente se salva. Se pega al perro y al dueño.

—Era una sugerencia. Iré por el camino del honor, ¿eso te complace?

—Me complacería más que dejaras de tener pájaros en el cerebro y te concentraras en otra cosa, pero me doy cuenta de que eso es mucho pedir.

—No quería decir lo que dice, solo mis pensamientos salieron.

—No puedes eliminar a las personas solo porque caminan por tu mismo sendero.

Quien tiene que decidir es la dama en cuestión, no usted.

Quien haga el mejor trabajo tendrá su corazón, pero, así como vamos, tú solo tendrás una marcada patada en el trasero si te metes con cierto caballero.

Tú serás marqués, pero la casa de ese conde es de una familia de políticos.

¿Quieres involucrarte con gente de tal estatus?

Lo mejor que podrías hacer es quedarte con la hermana, múdate al nido vecino.

Estar con una mujer que ya te aprecia es más fácil, hará todo por ti.

—Cuando busques esposa y la que te gusta se interesa en otra, me buscas para decirte cómo superarlo. No es fácil saber que esta persona de sus sueños en realidad sí existe. Eso no me hace sentir nada bien, sino que me pone en alerta. Es como tener a un lobo acechando mi gallinero.

—Lo entiendo, pero esa mujer no da señales de quererte. Es lo único que quiero que comprendas.

El sirviente sirvió el té a cada uno, mientras quería aconsejar a su amo que no continuara desperdiciando saliva, lo único que conseguiría sería un serio dolor de cabeza de estómago. Al marqués le faltaba sentido común.

—Ella no es tan demostrativa como otras personas, pero la juzgas muy a la ligera, Harold.

—Me rindo contigo o mis galletas se quedarán en mi garganta y el té me saldrá por la nariz. Dije que no te daría consejos, pero terminé pisoteando mis propias palabras.

—Me disculpo contigo, fui un tanto irracional, pero lo que deseo es que esa mujer me quiera.

Ahora tengo más datos para abrirme camino en este asunto.

Lo mejor que puedo hacer es estudiar a mis enemigos.

Tu sugerencia de investigar al médico la tomaré, puesto que tiene sentido.

Enviaré a mi mozo para que averigüe lo que pasó en esa casa.

Los sirvientes saben todo y la doncella es bastante boca floja.

—Al menos algo de lo que digo lo tomas en cuenta.

Después de seguir conversando al menos por otras dos horas para contar su experiencia en la residencia del conde de Coventry, Wulfric se retiró a la suya.

Tenía unas ideas en mente que quería llevar a cabo, estaba punto de prostituir a su sirviente para que este fuese a seducir a la doncella de la casa del conde de Rushford.

Quería información de dónde encontrarlo.

Lo más probable es que estuviese en eventos en casa de personas cercanas al parlamento, tendría que ingeniarse para conseguir alguna invitación, pero no importaba, tenía a un prestamista facineroso de su lado, por eso todo era más sencillo.

Él tenía más poder que la propia monarquía.

Mandó llamar a su mozo para darle sus tareas para que las realizara.

Primero conseguiría la información de la casa de lord Coventry, quería saber si lady Beatrice estaba enferma en realidad o todo era un teatro bien montado y después quería mandarlo a la residencia del otro conde para averiguar sobre su hijo.

Nada podía escaparse de su vista. Estaba en momentos cruciales para conseguir ser el único en la perspectiva de la dama que le gustaba, por más que no pudiese dejar de revivir en su mente los senos de cierta jovencita.

Eso fue muy atrevido de su parte. Todo eso debió vivirlo con la otra, mas por este supuesto asunto de salud, casi termina cayendo en la telaraña de la hermana.

¿Sería posible que la amable lady Stella fuese en realidad una villana que se enamoró de él y quería sacar a su hermana del camino como quería hacerlo con el hijo del conde de Rushford?