La cacería equivocada (Los solteros 3) Capítulo 8
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Capítulo 8

Los cinco miembros de la familia partieron con rumbo a la velada organizada por el amigo de lord Coventry, pese a que estaban retrasados, él no tendría inconvenientes en obtener sus preciadas bebidas. Solo este quería hacerlo mientras hubiese menos gente.

Cuando llegaron, Beatrice y Stella cogieron del brazo a su hermano para sentirse protegidas.

Stella estaba un poco más nerviosa que Beatrice, pues la otra ya había experimentado en los salones, pero ella no y por eso no sabía cómo actuar bien.

Una cosa eran los conocimientos teóricos de la institutriz y otra la práctica.

Los nervios podrían jugarle una mala pasada.

—Beatrice, ¿qué se supone que tenemos que hacer ahora? —curioseó Stella mirando hacia cada rincón.

—Pues seguir a nuestro padre y madre. Ellos conocen a todos, nos presentan, los saludamos y después esperamos el destino —replicó Beatrice pegada al brazo de su hermano, no quería que por algún motivo se perdiera y cayera en las garras del marqués si estaba por ahí, prefería no mirar para no entrar en pánico.

—No teman que su hermano las guiará. Ya he pasado por esto.

Si ustedes no me dejan solo, yo las respaldaré siempre —declaró Rodney esperando que estar junto a sus hermanas representara la salvación.

No quería bailar, pero sabía que sus padres tal vez lo comprometerían con sus amistades en un par de bailes.

Conocía a algunas damas desde que eran pequeñas, mas no le apetecían como esposas.

—Nada de eso. Iremos a presentar a Stella. Debemos hacer que sea conocida en los salones, de lo contrario, será difícil que consiga un esposo —alegó lord Coventry.

Este no se detenía para ofrecer a la joven tal como lo hizo con Beatrice, a él le convenía que todas se casaran, una mujer era un gasto y prefería que fuesen a parar con sus esposos.

—Estoy dispuesta a conocer a todos los hijos de los amigos de mi padre sin ningún inconveniente, si le gusto a alguno, que solo hablen para conversar, confiaré en el buen criterio que lo precede —afirmó Stella.

—No confíes tanto en mi padre, ¿no ves que casi nos mata por unas botellas de brandy ilegal? —masculló Beatrice negando con la cabeza hacia su hermana. En algunas cosas parecía tan inteligente, pero no lo parecía tanto para evaluar a la gente.

Stella fue presentada ante tantas personas que le costaba recordar los nombres de la mayoría.

Algunos tenían hijos atractivos, pero no parecieron tan interesados en ella, sino que el asunto iba más por la amabilidad de sacarla a bailar por ser la hijastra del amigo de su padre.

Eso no la desalentaba, la atracción era difícil de conseguir.

Debía hacer mucho esfuerzo para que alguien la considerara una candidata a esposa.

—Tengo los mismos nombres que tú en el carnet, Beatrice, ¿no te parece que es una pérdida de tiempo?

—Absolutamente lo es. No se casarán con ninguna de nosotras porque no nos quieren. Los que no son amigos directos de nuestro padre son los mejores candidatos…

—Es cierto. Yo debo bailar con las hijas de los amigos de nuestro padre y no tengo interés en ninguna y creo que ellas tampoco se interesan en mí —musitó Rodney sabiendo que, pese a que ninguna de esas sería su esposa, al menos lo salvarían de conocer a jóvenes que pudiesen interesarse en él.

Aún no estaba del todo listo para el matrimonio.

Era una carga que no sabía si quería asumir en el corto plazo.

Se sentía demasiado joven para arriesgarse.

—¿Y cuándo se supone que podré conocer al dichoso marqués? Ese es el que a mí me interesa. Me llama la atención y quiero saber qué tiene que puede hacer huir a una dama.

—Ay, no lo llames ni siquiera con el pensamiento. Para mi buena fortuna, me prometió que no me pediría bailes y espero que lo cumpla.

—No lo conozco, por eso no podría decirte si está en este salón, Beatrice, hazle el favor a Stella —pidió su hermano.

—Ese favor podría costarme la paz. Amo a Stella, pero no lo suficiente para arriesgarme tanto. La paz no tiene precio, hermano. Oh, no… —dijo de repente—. Ha llegado. Es el que está en la entrada en este mismo momento.

La joven Stella no perdió un segundo para mirar sin disimulo.

Lo primero que pensó al distinguirlo era que su hermana tenía algún desorden mental y por eso lo rechazaba, pues no podía ser posible que alguien normal no deseara a semejante espécimen masculino.

Lo que vio en Francia carecía de gracia en comparación con el marqués de Howard.

—¿Qué están viendo mis ojos, Beatrice? ¿Acaso estás ciega? Es el hombre más atractivo que he visto. Siento que estoy enamorada. Lo quiero para mí.

—Nunca dije que no fuese atractivo, lo que no me gusta es su personalidad. Es un poco atrevido y su lengua es muy larga. De lejos puede encantarte, pero de cerca tal vez no.

—¿Por qué no lo invitas a que baile conmigo?

—¿Por qué iría a buscarlo? Si tengo suerte, tendrá un poco de rencor hacia mí y no se acercará. Esa es mi esperanza para que podamos mantener la fiesta en paz.

***

El marqués llegó a la velada en la que tuvo que hacer malabares para entrar.

Su sirviente hizo un trabajo perfecto para conseguirle información.

La doncella cayó a sus pies muy pronto y no era para menos, el joven mozo era el más atractivo de las caballerizas, no le costó hacer el trabajo sucio.

Además, le dio mucho dinero para que siguiera cortejando a la doncella por un tiempo hasta que él lograra casarse con lady Beatrice y, si al final de cuentas la sirvienta le interesaba, bien podría concederle matrimonio.

Lo único que debía hacer en ese momento era buscar a lady Beatrice y saludarla para después invitarla a un paseo o ir a visitarla en su casa para que pudiese comenzar un cortejo formal. Debía anticiparse a cualquiera.

Buscó a la escurridiza dama que debería estar en compañía de sus padres, pero para su sorpresa, no la encontró con ellos.

Estos estaban conversando con otras personas, mas el marqués no se contuvo, fue hasta aquellos para saludarlos y así conseguir información.

Una dama en edad casadera no dejaría por nada del mundo una oportunidad.

Una ausencia podría considerarse una pérdida de oportunidad.

—Buenas noches, lord y lady Coventry… —saludó con un gesto de cabeza.

El conde y su esposa se miraron con complicidad.

Ahí estaba el hombre al que debían presentar a Stella.

Esta era la oportunidad perfecta para que ella lo conociera a fondo y supiera si en verdad le interesaba, pues esta no dejaba de hablar sobre lo que haría cuando lo conociera.

Aparte, si todo salía bien, conseguirían que Beatrice se concentrara en buscar un esposo de cualquier forma.

—Su señoría, no esperaba verlo aquí… Es un gusto saludarlo —habló el conde con amabilidad.

—Gracias, milord. Pude entrar con un poco de astucia, ¿y lady Beatrice? —indagó queriendo parecer casual, pero tenía toda la pinta de un acosador con título.

—Ella está con sus hermanos en otra parte del salón completando sus carnets —respondió lady Coventry.

—Excelente. Iré a saludarlos y de paso conocer a sus hermanos.

—No se preocupe, nosotros lo llevaremos junto a ellos, su señoría… —decidió lord Coventry con sus oscuras intenciones detrás.

Wulfric no sabía que aquellos dos aventajados querían que le gustara la otra hija y no Beatrice, la verdad les resultaba más conveniente de esa manera, pues Stella estaba dispuesta a contraer matrimonio con alguien que tenía los mismos antecedentes que el marqués.

Cuando se acercaron a los tres jóvenes que estaban ahí, Wulfric solo pudo distinguir a Beatrice, no sabía que tenía una hermana y un hermano, al menos no los había visto o, si los vio, no lo recordaba con certeza.

—No puede ser, ¿cómo me encontró? Fueron esos dos traidores a los que llamamos padres —espetó Beatrice zapateando en medio del salón.

—Cálmate, Beatrice, solo viene a saludar. Será un placer exquisito cruzar palabras con él. Déjalo en mis manos, si no quieres que te moleste, arrójalo a mis brazos —dijo Stella sonriente.

—Basta con ustedes dos. Ella no lo quiere y tú no lo conoces. Mejor esperemos a ver si Beatrice tiene razón en odiarlo.

Los tres guardaron silencio y esperaron a que el marqués llegara hasta ellos.

Él observó a Beatrice y sonrió, pero esta parecía molesta al verlo, porque su boca estaba arqueada hacia abajo, como si viera algo desagradable; sin embargo, la otra joven tenía un aspecto jovial y sonreía sin ningún esfuerzo.

A simple vista era encantadora y tan hermosa como su hermana, mas su corazón había escogido a la otra joven.

El caballero que las acompañaba era alto y atractivo, aunque se veía jovencito para estar buscando esposa.

Si su abuelo estuviese ahí, le diría que mejor se fuese a leer sus libros en lugar de perder el tiempo en un salón a esa edad. Era un niño ante sus ojos.

—Su señoría, ya conoce a Beatrice, pero aún no a nuestra Stella y a Rodney, conde de Stewart —mencionó lord Coventry para presentarlos.

—Es un placer conocerlos. No los había visto la última vez —comentó inclinando la cabeza para saludarlos.

Stella no perdió el tiempo e hizo su mejor reverencia para impresionar al marqués. La verdad, estaba bastante interesada en alguien así y más aún al oír su voz tan varonil. Su hermano solo hizo un gesto con la cabeza reconociendo el rango del que estaba frente a ellos.

—Estuvimos paseando por Francia. Es un lugar exquisito —correspondió Stella teniendo que dejar los nervios de lado para competir por ese caballero.

—Llevo tiempo sin ir a Francia, pero supongo que vuestros peinados son de ahí. Son los únicos distintos —asumió Wulfric, que, dentro de todo, tenía bastante conocimiento de Francia y las francesas gracias a su abuelo.

—Es usted tan atento que pudo notarlo al minuto. Eso habla de que es un verdadero observador… —lo halagó Stella—. Su señoría, ¿le interesaría llenar mi carnet?

Para Wulfric, responder a eso era un problema, porque no sabía qué pensaría lady Beatrice si bailaba con la hermana de esta, aunque se notaba que esta joven podía hablar bastante más que la dama que conocía.

—No me atrevería. Le prometí no bailar con ella a lady Beatrice, si lo hago con usted, podría ser ofensivo para su hermana, milady… —se excusó con un poco de vergüenza.

—¡No, no me ofende, para nada! Lo que me ofendería de verdad es que dejara a mi hermana aquí plantada como un bello arbusto —declaró Beatrice, apresurada. Su hermana tenía toda la intención de convertirlo en su cuñado y ella no se molestaría por eso, solo quería paz.

—Es cierto, su señoría —apoyó lady Coventry.

Stella guardó su preciada dignidad en un lugar y extendió su carnet para que este estampara su nombre y pudieran bailar, aunque no dejara de observar hacia Beatriz, que quería deshacerse de él a toda costa.

Por dentro, Wulfric estaba entre la espada y la pared. Debía resignarse a que no lograría mucho con lady Beatrice, pues su única oportunidad real era un baile. Debía arriesgarse a algo más.

—Lo haré, pero con una condición para que no me sienta mal por dar mi tiempo completo a lady Stella…

—¿Qué condición? —inquirió Rodeny sin poder imaginar qué podría pedir ese hombre.

—Quisiera que pudieran concederme un paseo o una visita a lady Beatrice…

Beatrice se tomó el pecho como si fuese que le faltara el aire. Eso no lo podían aceptar, pero los rostros de sus padres decían que la venderían por un bien mayor. Por dentro se le salían las lágrimas.

—Por supuesto que sí. Es lo justo para que ninguna de las damas se sienta desatendida. Siempre fuimos padres que deseábamos la igualdad para nuestras queridas hijas —agregó el conde con una sonrisa. Después le explicaría la estrategia a Beatrice.