La cacería de las bestias salvajes Capítulo 35. #2
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Capítulo 35. #2

Se paró bajo la ventana de la cocina y, luchando contra las gotas sobre la pantalla, configuró el cronómetro del móvil con la alarma a todo volumen y lo depositó cuidadosamente en el alféizar. Se aligeró hasta la puerta de atrás y aguardó vigilando por la ranura.

El irritante estruendo de las campanadas de la alarma sonó puntual vibrando contra el cristal y el móvil tembló por la madera hasta caer al suelo.

Mary Jane salió despavorida por la puerta principal y Abi se apresuró a acceder a la habitación, cerrando el pestillo tras ella y dirigiéndose a la puerta interior.

—¡Abi! Estás aquí. ¡Estás herida! —Kelsey exclamó con estupor al verla pasar.

—¿Tienes una idea de lo preocupada que estaba?

—Abi espetó atareada— ¿Por qué no cogías el móvil?

A nadie más se le ocurre ir a solas a visitar a un posible asesino en serie sin decírselo a nadie.

Mantén un perfil bajo —echó el cerrojo y apoyó la espalda momentáneamente en la puerta para tomar el aire— ¿Tan difícil es seguir mis indicaciones?

Pensaba que lo de acatar ordenes se te daba bien…

—¿Qué haces aquí? ¡Es peligroso! —gritó Kelsey en voz baja.

—Vaya, ¿es eso cierto? — Abi comenzó a desatar las correas de la mesa— Pensaba que estabas disfrutando de una sesión de bondage —comentó arrogante mirándola a los ojos antes de desatar la muñeca derecha—. ¿Quién es la damisela en apuros ahora? ¿Eh?

Kelsey le sonrió, aún sin dar crédito.

—Me sigues debiendo una, princesa. Dos, si cuento que te salvé de morir por hipotermia.

—Lo del árbol sobre el coche no cuenta, no me habría caído encima. Eres un tanto exagerada.

—Claro que cuenta —dijo ocupándose de su tobillo izquierdo—. Por si acaso, espero que este no sea uno de tus fetiches. No sé si estoy dispuesta a revivir esta situación.

—Descuida, en todo caso los roles estarían invertidos —comentó inconscientemente al liberar finalmente a Kelsey.

Kelsey la miró sorprendida poniéndose en pie.

—¿Señora Sood, ha dicho lo que creo que acabo de escuchar?

—A decir verdad, señorita sería un término más riguroso teniendo en cuenta que soy una mujer separada desde hace meses.

—En ese caso necesito preguntar algo… ¿Considerarías algo más allá que un rollo casual de verano?

—¡Por favor, Key! —Sus manos indecisas sobrevolaban la exposición de armas blancas sobre la cómoda— Tenemos asuntos más urgentes que tratar ahora mismo para ponernos a discutir obvie…

Un disparo reventó la madera de la puerta, dejando el hueco del tamaño de un plato bajo el lugar en el que antes estaba el cerrojo. Abi y Kelsey se agacharon bajo la mesa y vieron cómo las astillas volaban por la habitación.

—¡Hija de puta, no te vas a escapar! —Mary Jane chillaba enloquecida— ¿Me oyes, Key?

—Mierda —exclamaron ambas a la vez.

El brazo de Mary Jane asomaba por el agujero para girar el picaporte y Abi se apresuró a abrir el pestillo de la puerta trasera.

Kelsey, en un hábil movimiento, agarró un cuchillo alargado y lo presionó contra la mano de Mary Jane, clavándola al panel de la puerta interior con la hoja.

Mary Jane lanzó un alarido de dolor y mientras se afanaba por retirar el arma, Abi y Kelsey salieron corriendo de la cabaña.

—¡Dios mío, has apuñalado a tu ex!

—No me lo tengas en cuenta. Creo que la situación justificaba la violencia.

Abi giró en la esquina de la cabaña y agarró la mano de Kelsey para indicarle el camino de huida por el lateral.

Resbalaron en el barro al llegar al patio frontal y Abi cayó de bruces al suelo sobre un charco.

Al intentar reaccionar en su conmoción, respiró aun desde el suelo mientras su mejilla estaba hundida en el barro y tragó agua.

Tosiendo violentamente, se reincorporó aturdida y se retiró el pelo de la cara con la mano llena de lodo.

Después, apoyó las manos en el suelo y tomó impulso.

Un dolor repentino se apoderó de su tobillo izquierdo al intentar erguirse.

El quad estaba allí mismo, la luz de los faros la cegaba.

El fango se había colado en su oído, amortiguando los sonidos.

Estaba mareada y entumecida. Kelsey le gritó y la tomó de las manos para levantarla, pero Abi volvió a derrumbarse sin fuerzas para sostenerse con un solo pie.

Kelsey le pasó la mano por la cintura para auparla una vez más.

Un disparo resonó bajo la lluvia y Abi se desmoronó, parando su caída con las manos sobre el agua.

Buscó a Kelsey con la mirada, quien rodaba por el suelo hacia los arbustos.

Mary Jane cargaba el arma con dificultad, ayudándose con la muñeca de la mano ensangrentada y apoyándose en la pared lateral. Kelsey seguía en el suelo.

Abi gritó encolerizada.

Un gruñido atronador respondió.

Lentamente, Abi giró la cabeza temerosa.

Frente a ella, majestuoso y amenazante, se alzaba a dos patas un oso negro.

El animal gruñó nuevamente golpeando el charco con las patas delanteras, salpicando a Abi y, acto seguido, resopló a escasos centímetros de su cara.

Abi bajó la mirada enmudecida y agachó la cabeza despacio, conteniendo sus temblores nerviosos y ganas de chillar.

Alguien corrió de repente.

—¡No! —Kelsey gritó tomando el casco sobre el quad y arrojándolo hacia la puerta principal.

Mary Jane perdió el equilibrio cuando impactó en su brazo y se cayó, el arma salió despedida y la trayectoria del disparo se desvió hacia una de las motos aparcadas en lugar del oso.

El animal se giró sobresaltado hacia la cabaña y volvió a erguirse sobre las patas traseras para gruñir con furia.

Mary Jane se arrastró por el suelo en busca de la escopeta, quejándose del dolor con sonados improperios y dejando una marca sangrienta por los listones de madera.

Localizó la escopeta en el borde del porche y extendió la mano sana para agarrarla.

Sus dedos rozaron la culata mojada mientras el oso trotaba hacia ella.

Alcanzó el gatillo. Levantaba el arma cuando el animal la embistió.

Mary Jane dio un alarido y el oso se encarnizó con ella, clavando implacable sus garras y arrancando la carne de su torso con los dientes.

Kelsey acudió hasta Abi con celeridad, que mantenía la mirada en el cruento espectáculo, hipnotizada y aterrorizada.

Al notar unas manos sobre sus hombros se asustó y reconoció aliviada a Kelsey, quien la ayudó a levantarse cuidadosamente y subir al quad.

La guardabosques arrancó decidida cuando notó los brazos de Abi aferrándose a ella.

La oscuridad de la madrugada comenzaba a desvanecerse con las primeras luces del día.

Los gritos de Mary Jane cesaron y el bosque quedó en silencio.