Epílogo
Las nubes rodeaban desafiantes en el cielo, apresando lentamente la silueta de la luna llena. Kelsey apretó el paso en la oscuridad, el murmullo de voces aumentaba conforme se acercaba a la orilla del lago. Debía darse prisa para encontrar a Abi. Alguien apareció entre las sombras y tocó su brazo.
—¿Dónde vas tan rápido, chica?
Kelsey se dio media vuelta súbitamente.
—¡Leanne! —Saludó con una sonrisa.
—Dichosos son los ojos. Enhorabuena por el ascenso, Key. Por fin se ha hecho justicia. Este es Tyronne —señaló de reojo moviendo las cejas pícaramente.
—Un placer —el hombre extendió la mano hacia Kelsey.
—Oh, este es… el agente inmobiliario —Kelsey ignoró su gesto, manteniendo su preciado tesoro a buen recaudo entre sus manos. Tyronne se rascó la nuca disimuladamente—. Pensaba que hasta el principio de la temporada…
—La vida es muy corta, Key. Si he aprendido algo esta semana es eso —respondió su amiga.
—Tienes razón… ¿Y Porter?
—Está con sus amigos del instituto —indicó con la cabeza hacia las mesas de picnic—. Se ha hecho muy popular contando sus batallitas con la heroína del pueblo.
—¿¡Qué dices!? No —se ruborizó—. Me alegro de que le vaya bien.
—¿Y tu media naranja? Pensaba que estaba aquí contigo.
—Oh, está en la orilla esperando el postre. De hecho, debo irme, ya casi es la hora —se balanceó nerviosa de un pie a otro.
—¡Corre, ve a por ella! —exclamó su amiga. Kelsey se alejó inmediatamente— ¡Tenéis que pasar algún día a cenar por el pub! ¡Tanto no puede ser sano! —Tyronne la miró con una pregunta en el aire— Ya te explicaré, cariño.
Kelsey sorteó con cuidado a los visitantes que se arremolinaban para llegar a la playa y aquellos que buscaban sitio en la hierba para sentarse agachando la cabeza para evitar ser reconocida.
Los eventos de la cabaña habían salido a la luz y todo el condado intentaba sonsacar detalles.
Los más atrevidos contaban sus propias interpretaciones, la mayoría se contentaba con charlar con una superviviente y los más cercanos agradecían que Kelsey y su familia estuviesen a salvo.
Distanciándose de la marabunta, alguien gritó su nombre y volvió la cabeza. Una niña se cruzó corriendo en su trayectoria en ese momento, Kelsey recuperó el equilibrio en el último segundo, pero la pequeña cayó al suelo.
—Sandra, ¿estás bien? —Kelsey se agachó hacia ella.
—¿¡Cuántas veces te he dicho que mires antes de correr!? —Janine se apresuró a levantarla del suelo y sacudir su ropa— No te preocupes, Key, está hecha de goma. Se pasa más tiempo en el suelo que de pie.
—¿Cómo estás? —preguntó tímidamente al levantarse.
Janine siguió con la mirada el trote de su hija hasta llegar a las sillas donde se encontraba el resto de su familia. Jeremy levantó el brazo como saludo. Kelsey inclinó la cabeza.
—Las cosas están mejorando —respondió Janine—. Cuando se aclare qué ha pasado y cómo afectará a Zach… Jeremy apenas ha pasado por casa. Christine me ha dicho que ha estado durmiendo en casa de Cory, pero sé que no ha estado en el pub.
—Espero que todo vaya a mejor, Janine. Te lo mereces.
—Tú también, Key. ¿Dónde está…? —preguntó ilusionada buscando entre la gente.
—¿Abi? —Kelsey señaló hacia delante. Abi, sentada en una manta, conversaba animadamente. Miró hacia atrás de repente, sonrió y saludó con una mano. La cara de Kelsey se iluminó.
—Ve a por ella, no la hagas esperar —susurró su amiga.
Kelsey recorrió la distancia que le faltaba a zancadas. Se hizo un hueco al lado de su hermano y se sentó junto a Abi.
—Ey. Ten, no te vas a arrepentir —abrió las manos y le ofreció un pedazo de dulce.
—¡Al fin! —Abi tomó un pedazo— ¿Las prisas de última hora eran a cuento de unos churros?
—¡Es funnel cake ! Es un clásico de cualquier feria de verano.
—Es masa frita, literalmente idéntica a los churros. No entiendo cómo puedes seguir comiendo después de dos costillares bañados en salsa barbacoa y mantener ese cuerpo.
—Tengo que reponer fuerzas, hago mucho ejercicio contigo —comentó devorando y llenándose la cara de azúcar glasé. Abi limpió su mejilla con el pulgar y se lo llevó a la boca.
—Por favor, no quiero escuchar insinuaciones de la vida sexual de mi hermana pequeña —Bill alargó el brazo exigiendo un trozo a Kelsey.
—Mejor no las provoques, amor —Daniel apuró su refresco de limón—. Recuerda que tenemos que llamarlas por teléfono antes de salir del motel para ir a visitarlas. ¿Por qué crees que es eso? No nos reciben con galletas recién hechas.
—Hacéis bien —Abi reconoció—. ¿Crees que estarás mucho tiempo por aquí?
—¿Ya quieres deshacerte de mí? —Daniel fingió su indignación.
—Evidentemente —bromeó Abi—. Solo me preocupa cuánto se va a alargar la investigación. La Montada se hará cargo de todo, ¿no?
—Teniendo en cuenta que fue mi compañero quien disparó a Doug Landry y no pudimos hacer un arresto limpio, sí.
Va a llevar tiempo —Bill le agarró de la mano—.
Mi intención es mantenerme en el equipo especial que ya se ha puesto en marcha.
Quiero volver a Toronto con las pruebas definitivas para rematar la acusación contra Lederman antes de que salga de mi jurisdicción.
Sus abogados ya están sudando con la lista provisional de pruebas y número de víctimas.
—¿Saldrá el Sheriff del coma? —Abi inquirió.
—Es difícil saberlo. Los médicos no confían en que mejore. Perdió mucha sangre antes de llegar al hospital. Fue un milagro que no se quedase en el camino.
—Y ¿habéis confirmado la… lo sucedido con Annie? —Abi apretó la rodilla de Kelsey al preguntar.
—De momento es la hipótesis con la que trabajamos.
Aún están recuperando restos humanos en el desfiladero por donde se despeñó Armand.
Han solicitado a un equipo de expertos para la identificación.
Son demasiados. Era una fosa de… Es horripilante.
No hay palabras. Prefiero no describiros lo que encontramos al bajar hasta allí.
—Dímelo a mí. Tú no estuviste dentro de la cabaña con ellos —comentó Abi.
—Ey, soy yo la que estuvo en la mesa de descuartizar de la cabaña del horror, ¿recuerdas? —Kelsey añadió indignada.
—¿La cabaña del horror? —Abi se sorprendió— ¿Así es como la llaman?
—Está en todas los canales de televisión y periódicos —añadió Bill—.
He tenido que mandar una foto actualizada de Rubi a varios medios porque estaban utilizando las del equipo de baloncesto del instituto y salía con aparato.
Era espantoso. Oh, y las noticias también —su hermana le dio un codazo—.
Me sorprende que después de todo, se haya celebrado el Festival.
No sé cómo Beaumont no se ha vuelto un pueblo vegetariano.
—Va a ser difícil cambiar la mentalidad de la gente —Abi comentó—. Y sirva como prueba, tu propia hermana, que a pesar de haber estado en la mesa de esos carniceros como bien nos ha recordado, ha engullido sin contemplación su ración. No. Raciones de costillas, en plural.
—¿Creéis que alguna vez los Landry sirvieron a sus invitados carne hu…? —Bill lanzó bajando la voz.
—¡No termines esa frase! —exclamó Kelsey— Para. No quiero pensarlo. Por favor, me van a dar arcadas. ¿Qué va a pasar con Zach? —preguntó a Daniel cambiando de tema.
—No puedo comentar mucho sobre eso. Dependerá de lo que encontremos y su nivel de participación y encubrimiento. Si sospechaba qué ocurría y su implicación. Aún tiene que justificar varias visitas al almacén de Lederman.
—¿Crees que le llevaba…? Ya sabes, carne humana —Bill inquirió temeroso.
Daniel resopló, considerando su respuesta.
—Verdaderamente no puedo decir nada. Los detenidos aún no han dado una versión fiable y las evidencias se están amontonando.
Criminalística tiene trabajo para largo y tú —se dirigió a Bill quien eludió su mirada en favor de su limonada— deberías de dejar de obsesionarte con los caníbales y los podcasts sobre crímenes.
—Una vez que lo oyes es imposible borrarlo de la cabeza —se defendió él.
—Estoy segura de que uno de ellos intentará sacar un acuerdo favorable a cambio de delatar al otro —razonó Abi—.
Si Terrance es lo suficientemente inteligente, responsabilizará a los Landry de todo: su cabaña, su idea, sus armas…
Acusará a Zach de ser la parte ejecutora y apuntará a Mary Jane como la creadora de la atroz tela de araña.
—Quizá deberías investigar el pasado de Buck —añadió Kelsey—. La madre de Junior se suicidó al poco de tener al crío, pero después de todo esto quién sabe… Mi padre puede contarte algo más de lo que se rumoreaba en aquella época si necesitas testimonios.
—Me aseguraré de mencionarlo, es mejor no dejar ni un cabo suelto —constató Daniel.
—Beaumont, centro del drama, ¿eh? —Bill murmuró— Para mí lo más llamativo es la animadora caníbal. ¿Realmente fue Mary Jane la que lo organizó todo? De ser una perra en el instituto a asesina en serie hay un paso…
—En su teléfono hallamos los mensajes a Erin haciéndose pasar por una chica de su edad —explicaba Daniel—.
Estaba urdiendo la misma trampa con otras dos adolescentes de las afueras de Toronto y otra en Manitoba.
Junior se dedicaba a localizar a las víctimas y eliminar las pruebas de su paso por el pueblo.
Parece que juntos llevaban a cabo la captación.
La brigada informática está analizando sus comunicaciones y comparando resultados con desapariciones de mujeres con el mismo perfil en la última década.
—Es espeluznante. Mary Jane confesó haber… ser la culpable del caso de Erin. Si descubren restos de años anteriores a 2009, creo que deberíamos contemplar que ella tan solo tomó el testigo. Hay muchas más probabilidades de que Armand fuera el precursor. Su perfil cuadra a la perfección —añadió Abi.
Daniel suspiró entristecido.
—Es muy posible.
Kelsey se limpió las manos de azúcar y abrazó a Abi. Bill miró a Daniel con complicidad.
—¿Cómo está tu tobillo, por cierto? —preguntó Bill— Supongo que mi hermana está siendo buena enfermera.
—La mejor —Abi giró la cabeza hacia Kelsey para darle un beso en la mejilla—. Tendré que seguir con la bota ortopédica una o dos semanas más y alguna sesión de fisio para la rehabilitación.
—No hay prisa para que salga de la cama —comentó Kelsey con la sonrisa más amplia que podía.
—¡Iuuu, para! —Su hermano se llevó las manos a los oídos— No más detalles. He dicho.
—¿Cómo sigue tu amigo? —Daniel se dirigió a Kelsey.
—Mikom, Mike, sigue en el hospital. Están vigilando el desgarro en los ligamentos y que pueda recuperar la movilidad completa del hombro. Gracias por mediar con esos agentes.
—Se enfrentó con un psicópata para salvaros. En mi opinión, me da igual cómo lo hizo, fue en defensa propia. Espero que salga pronto del hospital y pueda pasar página.
El teléfono de Abi vibró en su bolsillo y desbloqueó la pantalla con una sonrisa al ver el mensaje. Enseñó la imagen que había recibido a los demás. Erin y Leslie se abrazaban a Nick.
—Oooh, ¡qué lindas! —proclamó Bill— Mierda, ¿es esa la hora? ¿Dónde está papá? Va a perdérselo.
Kelsey miró entre la gente que se agolpaba a su alrededor.
La manta de picnic sobre la que estaban era gradualmente rodeada por vecinos del condado.
Mac se abrió paso pidiendo disculpas hasta llegar a ellos y depositó a escondidas una botella de whisky y una torre de vasos de plástico rojos en el centro.
—Cada día es más difícil traer a hurtadillas alcohol al Festival —soltó tomando asiento.
Bill comenzó a servir la bebida.
—Mac, es consciente de que no debería informarme de que beber alcohol fuera de las zonas designadas es ilegal, ¿verdad? —Daniel espetó.
—Siempre es ilegal, joven. No sé de qué te sorprendes. Todo el mundo lo hace.
—Y no estás de servicio, cariño —Bill le pasó un vaso.
—Quizás podrías proponer un cambio de la normativa a la comisión del ayuntamiento —sugirió Kelsey a su padre—. Alguna ventaja debe tener que Adelaide se ponga al mando, ella es más razonable que los Landry.
—No tiene mérito ser más razonable que un asesino en serie, querida —comentó Abi tomando su vaso.
—También me dejó caer que les gustaría que la nueva persona que lleve la jefatura de policía local debería ser una cara nueva y con impacto en la…
Abi la interrumpió con un beso en los labios.
El silbido de un cohete enmudeció a la multitud.
Los últimos en llegar al lago se sentaban en la hierba entre los árboles del fondo y en las cajas de sus camionetas.
Los niños pequeños dejaron de corretear y los adolescentes apagaron sus altavoces.
Los puestos de comida y atracciones atenuaron su iluminación.
Los primeros fuegos artificiales pintaron estelas rojas y blancas en el cielo con un estallido, cayendo sobre el agua en un abanico multicolor entre el aroma a pólvora y algodón de azúcar.
En la manta, el pequeño grupo alzó sus vasos y brindó.
Abi se apretó contra Kelsey en el confort del calor de su cuerpo envolviéndola y el sabor del whisky en su garganta.
Observó el firmamento, embelesada, y los rostros de sus amigos entusiasmados con el fin de fiesta.
A pesar de la oscuridad que amenazaba a lo lejos, estaban rodeadas por un magnífico espectáculo de luz.
Fin