La cacería de las bestias salvajes Capítulo 34. #3
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Capítulo 34. #3

El Sheriff dio un paso hacia adelante.

—No hagas esto difícil, Mac. Dile a tu hija y a su amiguita que salgan.

Mac acercó el dedo al gatillo.

—Ya me has oído, Doug. Date media vuelta y vuelve por donde has venido.

—Te estás poniendo en peligro por una forastera. ¿Viste cómo quedo el chico de la radio? Fue todo cosa de esa mujer. Abigail Sood es una amenaza para Beaumont, Mac.

—Yo aquí solo veo una amenaza, Sheriff. Y ha venido en coche patrulla. ¿No es mañana tu ultimo día como jefe de policía? Cualquiera diría que hay prisas por cerrar asuntos pendientes.

—Aún me queda una semana, Mac. Hasta entonces soy la ley y orden de este pueblo. Te hará bien recordarlo.

Un segundo coche patrulla apareció en el camino y aparcó en el extremo. Doug esbozó una sonrisa socarrona y su semblante retomó la arrogancia habitual que le caracterizaba. El agente Campbell corrió hasta ellos sosteniendo su gorra con una mano y la cartuchera con la otra.

—¿Qué está pasando? ¿Mac? —preguntó Cory mirando alarmado de uno a otro.

—Harvey se está resistiendo a la autoridad, además de obstaculizar a la justicia y dar cobijo a una fugitiva —informó Doug levantando su arma hacia el porche.

—Como le he dicho al jefe de policía —intervino Mac—. Sin una orden judicial estáis traspasando mi propiedad y tengo derecho a defenderme.

—Cory, ve por la puerta de atrás. No dejes que ninguna se escape —Doug ordenó, apuntando hacia Mac y desactivando el seguro.

Cory se quedó inmóvil unos segundos, confuso ante la situación. Se encaminaba hacia la parte trasera de la casa cuando Mac repitió su amenaza.

—Joven, estás invadiendo propiedad privada. Solo vas a ser cómplice de las barbaridades de los Landry. No lo hagas. Ya es hora de poner freno a sus fechorías.

—Cory, ¿¡qué te he dicho!? Es una orden —exclamó el Sheriff enfurecido.

El agente avanzó lentamente hacia la puerta de atrás de la cabaña observando a ambos hombres con cautela ante los ladridos de Nick. Mac le ordenó que estuviese quieto a su lado y el can enseñó los colmillos mientras arañaba la madera del suelo.

Un sedán oscuro frenó bruscamente bloqueando el camino de entrada. Las puertas se abrieron de inmediato. Dos hombres desenfundaron sus pistolas y tomaron posición a cubierto tras las puertas del vehículo. Un tercer hombre salió del coche.

—¡Papá! —gritó Bill corriendo hacia Mac.

—¡Bill, quédate en el coche! —Daniel le ordenó en vano. Se dirigió hacia el jefe de policía entonces— ¡Las manos donde pueda verlas!

Cory, paralizado en la distancia, levantó los brazos instintivamente. Nick ladraba aún más agitado. Daniel salió de la protección del vehículo y se acercó despacio hacia Doug, apuntándole sin vacilar. Con un ademán señaló hacia el agente Campbell a su compañero, quien se aproximó a Cory lentamente.

—Doug Landry, tire el arma y suba las manos —ordenó Daniel.

Los gruñidos del perro aumentaban la tensión de los cruces de miradas.

—Se está confundiendo, detective. Aquí el problema es este hombre —indicó con la escopeta—. Deténgalo por amenazar a un agente de policía y obstrucción a la justicia.

Daniel miró hacia Mac.

—Mac, no se preocupe, lo tenemos —observó a Bill escondido tras la figura de su padre y le sonrió—. Señor Landry, esto irá mejor si colabora con nosotros. No es necesario llegar a medidas drásticas. Supongo que entiende que acompañarnos por voluntad propia irá en su beneficio.

El Sheriff bajó la escopeta ligeramente en un momento de duda. Erin apareció en el umbral de la puerta. Se apoyó en un lateral, sujetando la correa de su mascota y presenciando la escena con estupor. El jefe de policía la reconoció y un nuevo temor se apoderó de él.

—¡Tú, niñata! —Gritó apuntando hacia ella y apretando el gatillo.

En un certero movimiento, Daniel golpeó la escopeta de Doug y la tiró al suelo.

El disparo resonó en la noche y le heló la sangre.

Miró hacia la puerta para comprobar si el Sheriff había conseguido alcanzar a su objetivo.

Todos parecían ilesos, agazapados tras los postes del porche.

Bill vigilaba horrorizado la escena; su padre continuaba con el arma en ristre y Erin abrazaba a Nick en el suelo.

Daniel se giró preparado para propinarle un puñetazo al jefe de policía cuando un segundo disparo y un alarido interrumpieron su resolución.

Una mancha roja se extendió por el abdomen de Doug Landry, tiñendo de oscuridad la camisa celeste del uniforme. El Sheriff cayó de rodillas al suelo llevándose las manos al estómago y se desplomó segundos después.

El segundo detective enfundó su arma y se acercó a reconocer sus constantes vitales mientras avisaba por radio a emergencias. Cory corrió hasta Doug y cubrió la herida con las manos, tratando de parar la hemorragia entre lágrimas.

Mac bajó el arma y suspiró aliviado. Erin se abrazó a él y apartó la mirada del cuerpo ensangrentado del Sheriff. Daniel llegó hasta Bill y lo estrechó con fuerza entre sus brazos.

Bill fue el único que se atrevió a romper el silencio.

—Papá, ¿dónde está Rubi? ¿Y Abi?