Capítulo 34. #2
El vehículo chirrió al salir disparado y se estrelló de inmediato contra el vehículo oficial apostado en la salida. El airbag se disparó, golpeando a Buck en la cara.
Un tumulto de voces se acercó hasta él. Los detectives llamaron a los servicios de emergencias antes de que perdiera el conocimiento.
* * *
Una rama inesperada abofeteó la mejilla de Abi.
En la urgencia por huir del alcalde y llegar hasta la cabaña había abandonado la seguridad del casco y Mike atravesaba la maleza, impávido, manejando la motocicleta con destreza a pesar de la oscuridad y los obstáculos.
Abi se abrazaba fuertemente a él para atenuar sus náuseas, en parte causadas por el circuito inesperado de motocross y mayormente, por el vértigo a llegar demasiado tarde hasta Kelsey.
—¿Estás segura de que es por aquí? —preguntó Mike.
—Está pasando los límites del Parque. Unos kilómetros desde el sendero del Asiginaak. Ahí es donde tienen a Kelsey —sintió cómo Mike asentía—. ¿Qué ha pasado con tu perro?
—Makwa atrajo a los perros de los Landry para darnos tiempo. Es muy lista, no te preocupes. Volverá a casa sana y…
Un proyectil destrozó una rama cerca de ellos. El estruendo se esparció por la quietud del bosque sobre el ruido de su motocicleta. Dos descargas más avisaron de la inmediata presencia de su atacante.
—¡Hijo de puta! —gritó Mike girando la cabeza hasta localizar al agresor. Aceleró con brusquedad y Abi se apretó contra él.
Otro disparo resonó en la distancia. Abi entrecerró los ojos descubrir la figura del alcalde en un quad.
Los faros del vehículo que los perseguía avanzaban inquietantemente.
Pese a la ventaja que Mike había conseguido, Armand estaba dándoles alcance.
Con otro acelerón, la motocicleta superó una leve subida y, momentáneamente, perdieron de vista al alcalde.
En la bajada, el quad acortó la distancia y los disparos estallaron a escasos metros de ellos. Mike comenzó a zigzaguear para evitar las balas. Armand proseguía peligrosamente y sus disparos se hacían más certeros.
Se avecinaba una nueva elevación del terreno.
Mike incrementó la velocidad. En el ascenso, el peso del quad sumado al de su conductor eran un lastre mayor que la motocicleta.
Estaban a punto de llegar a la cima y dejar atrás al alcalde.
Armand adivinó su jugada y disparó indiscriminadamente.
Mike agachó la cabeza y giró hacia la derecha.
El tiroteo reventaba ramas y troncos en su trayectoria.
Uno de los proyectiles impactó en un arce caído y las astillas se clavaron en la mejilla de Abi.
Al fin divisaban la cima de la colina, el alcalde continuaba disparando sin tregua en su dirección.
Mike aceleró de nuevo y, virando inesperadamente, se interpuso en su camino.
Armand dio un volantazo para sortearlo y, en un intento de evitar que la pistola cayese al suelo, golpeó el manillar y atravesó varios arbustos.
Mike frenó súbitamente al divisar el claro que revelaba el borde del barranco, clavando la rueda delantera en la tierra y Abi salió despedida de la moto. Armand esquivó la colisión con Mike por apenas centímetros, pero perdió el control del quad, continuando imparable hasta precipitarse al vacío.
El quad desapareció en la noche iluminando las nubes en su caída, arrancando con un estruendo las ramas de los árboles hasta golpear la roca en el fondo del desfiladero.
Abi se levantó dolorida, trastabillando hasta llegar a Mike y masajeándose el codo. Los dos mantenían la mirada en el hueco en la maleza dejado por el quad hasta el precipicio.
—La cabaña no está muy lejos de aquí —indicó Abi al montarse nuevamente en la motocicleta.
* * *
El coche patrulla se detuvo sigilosamente detrás de las camionetas.
Las sirenas estaban apagadas y las luces de cruce apenas eran visibles.
El jefe de policía se ayudó con una mano en el marco de la puerta para auparse y salir del vehículo.
Se reajustó el cinturón bajo la barriga y abrió el maletero para sacar una escopeta recortada.
Comprobó los cartuchos en la recámara y guardó más munición en el bolsillo.
Apoyó la escopeta en el hombro y se encaminó hacia la entrada de la cabaña de Kelsey.
La puerta se abrió de golpe, desvelando a Mac apuntando con un rifle y Nick a su lado enseñando los dientes, amenazador.
—Ni un paso más, Doug. Esto es propiedad privada —advirtió desde el porche.
—Vamos, Mac. No es necesario exagerar. ¿Por qué no bajas el arma y hablamos tranquilamente como vecinos?
—Hablaremos tranquilamente durante el día y cuando lo requiera una orden judicial.
—Mac, no seas un viejo testarudo. Sé que estás ocultando a una fugitiva, solo he venido a ahorrarte el problema. Nada de papeleos. Todo resuelto pacíficamente.
—No te veo llegando pacíficamente con las luces apagadas y una escopeta cargada.
—No soy yo quien está apuntando a alguien.
Esto —agarró el arma con ambas manos— es una medida de seguridad.
Estoy seguro de que no tienes ni idea de lo peligrosa que es esa mujer, difundiendo mentiras, invadiendo ilegalmente las residencias de personas respetables de esta comunidad…
¿Te ha engatusado diciéndote que está perdida y desvalida como a tu hija, Mac? Es el truco más viejo del mundo.
—Gracias por tu preocupación, pero puedes irte por donde has venido.