La cacería de las bestias salvajes Capítulo 33.
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Capítulo 33.

Los faros de la camioneta perforaban la oscuridad como hojas afiladas.

Kelsey apretó el acelerador y agarró firme el volante.

Había optado por la ruta más larga para esquivar el centro del pueblo con su inoportuno límite de velocidad e inconveniente comisaría en el trayecto y, aun así, los vehículos se mantenían a una velocidad sensata en la carretera y se convertían en un obstáculo en su camino.

Su teléfono fue víctima del rally y cayó entre los asientos inadvertidamente al adelantar un tedioso sedán sorteando la doble línea continua.

Kelsey aceleró hasta llegar al cruce de la carretera Molson.

La casa que buscaba aparecería en breve a su derecha.

Mentalmente, se preparaba para enfrentarse a Mary Jane de una vez por todas. Ella era la clave.

Mientras esperaba en la oficina del taller una incierta e inquietante visita del jefe de policía, Kelsey no había dejado de pensar en las palabras de Jeremy.

Mary Jane conducía la fatídica noche de la fiesta, a pesar de que en la versión oficial que Jeremy y las autoridades habían acordado fue Annie quien llevó a casa a su novio antes de volver a por sus cosas a la Reserva y desaparecer de Beaumont para siempre.

Una voz en su cabeza gritaba con angustia desde un rincón, tratando de hacerse oír entre el tumulto de sus recuerdos.

Annie había vuelto a la fiesta a por ella y Kelsey solo conseguía revivir risas vacías y vasos de plástico a rebosar de cerveza caliente tras la discusión.

Cuando Annie se montó en aquel coche, Kelsey regresó a la celebración de su gran victoria y se dejó homenajear por todos los asistentes.

Todos querían algo de ella por aquel entonces, una foto, un brindis, una sonrisa dedicada por la gran estrella local del baloncesto...

La gran promesa del instituto McKingley.

Todos menos la persona a la que Kelsey quería interesar, Mary Jane Elizabeth Landry.

Mary Jane había evitado cada uno de sus acercamientos aquella noche, ni siquiera había conseguido hablar con ella mientras bebían con el resto del equipo de baloncesto.

Cada vez que Kelsey intentaba acercarse, Mary Jane se pegaba a uno de los jugadores del equipo masculino y eludía su mirada.

Annie tuvo la osadía de llamar la atención a Kelsey sobre el comportamiento de su supuesta novia.

¿Cómo pudo atreverse a decirle que Jane nunca lo haría oficial y solo estaba jugando con ella?

En aquel momento Kelsey lo tomó como una afrenta, pero si hubiese hecho caso a sus advertencias aquella noche...

La voz en su interior horadó su camino por la memoria hasta llegar al lugar principal en su pensamiento.

¿Por qué Mary Jane había mentido sobre Annie?

Kelsey recordaba la ausencia de ambas en la fiesta desde que discutió con su mejor amiga.

Un mal presentimiento se hundía en su pecho.

¿Qué pasó desde que Mary Jane dejó a Jeremy en casa con el coche de Annie hasta el día siguiente?

Necesitaba respuestas y estaba dispuesta a plantar cara a la multa por exceso de velocidad y al propio cuerpo de policía municipal si era necesario.

Había huido del taller para evitar el encuentro con el Sheriff en un descuido de Junior.

Jeremy estaba entretenido en el garaje y Junior discutía acaloradamente al teléfono alejado de la puerta para evitar que oyesen su conversación.

Kelsey se lanzó hacia su camioneta en cuanto el joven dio la espalda a la puerta.

El vehículo se detuvo frente a la puerta de la casa. Si no conseguía conocer la verdad sobre la desaparición de Annie esa noche, no volvería a reunir la resolución para enfrentarse a Mary Jane.

El timbre de la puerta resonó en el vestíbulo. Unos pasos corretearon hasta alcanzarla. Una voz ininteligible se oyó de lejos y la puerta se abrió para desvelar a un niño que apenas levantaba un metro del suelo con ojos grandes y mirada curiosa.

—Oh, Jason, ¿está tu mamá en casa? —Kelsey preguntó inclinando la cabeza hacia él.

Los pasos de un adulto se aproximaron a ellos.

—Perdona, Key —Drew alcanzó por los hombros al pequeño—. Mary debe estar con su padre, acaba de llamar para cancelar nuestra cena y avisar de nuevo de que no va a venir a casa. ¿Puedo ayudarte yo en algo?

—No te preocupes, Drew. Otro día —con una falsa sonrisa se dio media vuelta para volver al coche.

—¡Eh, Key! —llamó Drew desde la puerta. Kelsey se giró hacia él, extrañada— No sé qué está pasando, pero, si la ves… Dile que la estamos esperando en casa.

Kelsey asintió, sin comprender realmente si Drew estaba intentando decirle algo en concreto o había reconocido la preocupación en su rostro.

La propiedad de Armand Landry se encontraba no muy lejos de allí, bordeando el lago Walleye, un kilómetro hacia adentro una vez pasado el resort.

Kelsey aparcó la camioneta en el margen de la calzada de tierra antes de llegar a la entrada de la casa principal.

Estudió las luces encendidas del piso superior que correspondían a la habitación del alcalde y caminó despacio hasta la parte de atrás.

La casa de invitados a la orilla del lago estaba iluminada.

Kelsey se dirigió hacia ella con una corazonada.

Había sido su lugar de encuentros a escondidas, el santuario de Mary Jane en casa de sus padres por el que salir y regresar sin ser descubierta a altas horas de la madrugada, además de centro de fiestas oficial para todo el instituto.

Si Mary Jane llevaba días sin aparecer por su propia casa, estaría aquí.

Kelsey apretó el paso y llamó con dos golpes al marco de la puerta de cristal. Nadie acudió a recibirla.

—¿Jane? —Probó con vacilación.

Abrió con cuidado y asomó la cabeza, buscando a Mary Jane en el salón-comedor. Se acercó hasta el cuarto de baño y comprobó que estaba vacío. La habitación estaba apagada y la cama hecha escrupulosamente como si nadie hubiese dormido en ella.

Kelsey esperó de pie en medio del salón.

Apenas había cambiado desde la última vez que había estado allí a solas con Mary Jane, poco antes de la fiesta del campeonato.

Los posters de las paredes habían sido sustituidos por cuadros de paisajes naturales, a los que se sumaban fotografías de perros de caza, remos y demás objetos de ambientación rural.

Los electrodomésticos de la cocina habían sido renovados.

No obstante, el sofá verde azulado con su manta de cuadros y la mesa redonda de roble continuaban allí.

Sobre la mesa se encontraba una vieja mochila escolar con manchas de barro y varios desgarros.

Kelsey se acercó con curiosidad, distaba del lujo y la ostentación con que a Mary Jane le gustaba lucirse.

El contenido de la mochila, medio abierta, había caído desparramado al otro lado de la mesa.

Una tira de fotos arrugada captó su interés.

Estiró la imagen para observarla. Dos chicas se besaban en la primera fotografía y sonreían ruborizadas en la segunda.

Era el comienzo de una serie de fotomatón que había visto antes. Erin y su novia.

La estupefacción se convirtió rápidamente en alarma.

Echó la mano al bolsillo en busca de su móvil, pero solo tocó la pulsera de Annie.

Debía haberlo dejado en la camioneta, aunque no recordaba cuándo ni dónde.

La fotografía cayó al suelo involuntariamente.

Había perdido la sensibilidad en los dedos.

Qué extraño, era una sensación desconocida.

Sus brazos se volvieron demasiado pesados para mantenerlos en alto.

Un profundo sueño la envolvió de repente y cerró los ojos, incapaz de oponerse a ello.

La ligera sensación de picor en el cuello parecía producto de la duermevela.

Kelsey se desplomó en los brazos de Mary Jane.

* * *

La luz sobre su cara era demasiado potente.

El dolor de cabeza se extendió violentamente al despertar, incluso antes de poder abrir los párpados.

Kelsey tenía un vago recuerdo de haberse desmayado y el desconcierto de sentir la garganta terriblemente seca y un regusto amargo en la boca.

Tragó saliva con dificultad, luchando por despertarse por completo.

Se incorporó y apenas pudo separar la espalda del suelo.

Movió de los brazos, pero apenas consiguió alzarse.

Algo ofrecía resistencia en sus muñecas.

Abrió los ojos sobresaltada y reconoció con horror la habitación en la que se encontraba.

Trató de incorporarse tirando de las manos, pero las correas de la mesa de madera la mantenían inmóvil a pesar de sus intentos por zafarse de ellas.

Giró la cabeza y observó la cómoda que Abi le había mostrado en la grabación.

Desde el salón, la voz de Mary Jane mantenía una conversación por teléfono sin perturbarse por los ruidos que Kelsey producía al tratar de liberarse.

—Te espero aquí. Ya buscaremos una solución —concluyó en la habitación, depositando el móvil sobre la cómoda.

Kelsey la miró enfurecida, tirando de los amarres con los músculos completamente en tensión.

—¿Qué hostias, Jane?

Mary Jane se apoyó en el mueble con calma, observando sus esfuerzos en balde.

—Es inútil, Key. Deja de perder el tiempo, solo vas a cansarte. Puedes tirar y gritar todo lo que quieras. No va a servir de nada y, sinceramente, me estás provocando una migraña que va a terminar siendo peor para ti que para mí —comentó indiferente cruzándose de brazos.

—¿¡Qué cojones estás haciendo!? —Kelsey continuó afanada en deshacerse de las correas.

—No quería llegar a este punto, pero no me dejas otra. ¿Qué te importa a ti una maldita cría? ¿Por qué no podías dejarlo pasar? Ya tengo suficiente con la ineptitud de los demás.

—¿Dónde está Erin? ¿Qué habéis hecho con ella? —Kelsey dejó de tirar y respiró agitadamente.

Mary Jane suspiró con hastío.

—¿Y tú no lo sabes? Lo mínimo es que me hubieras servido para encontrarla.

Tú y la forastera que no para de hacer preguntas deberíais haberme llevado hasta ella, no poner más obstáculos.

¿Sabes lo que cuesta poner y quitar trampas?

¿Por qué tuviste que traer a los equipos de emergencias a recorrer palmo a palmo el terreno?

No tienes ni idea de lo que he tenido que hacer para mantener esto en secreto —extendió los brazos—.

Necesito unas vacaciones. Todo habría sido más fácil si no te hubieses dedicado a follarte a esa zorra. Supongo que era demasiado pedir.

—Dime, ¿trajiste aquí a Annie?

Mary Jane perdió ligeramente el equilibrio y se agarró a los bordes de la cómoda.

—No es la pregunta que esperaba. ¿De verdad necesito explicártelo?

—Por una vez en la vida, dime qué pasó en realidad aquella noche. Jeremy me ha contado que tú lo llevaste a casa. Annie se quedó en la fiesta. Tú conducías su coche. No me mientas, Jane.

—Qué irónico… ¿Sabes que Jeremy siempre pensó que había algo más entre tú y Annie?

Nunca seguí la conversación porque no quería darle la razón a mi primo, pero siempre tuve mis dudas.

Siempre pegadas la una a la otra. La forma en la que nos miraba cuando nos enrollábamos en tu casa.

Nunca me dio buena espina, pero mi intención no fue mala, solo intenté hablar con ella cuando volvió a por ti.

Iba a conducir medio borracha. ¿Quién hace eso?

Debería haberla dejado irse. Aunque mi primo iba en el coche, no hubiese sido una gran pérdida si se hubiesen salido en una curva. Selección natural, ¿no?

Kelsey apretaba la mandíbula a la espera de la confirmación de su gran temor. Había olvidado su posición horizontal a merced de Mary Jane. Necesitaba saber qué pasó con Annie por encima de su propio bienestar.

—Volvió a por mí, pero no llegó a encontrarme. Fue cosa tuya, ¿verdad? —masculló.

—Tú estabas bebiendo chupitos con Janine muy entusiasmada en acabar con la botella de tequila. Antes de que te viese hacer el ridículo, le pedí que me acompañara al garaje a por más bebida, quería hablar con ella a solas.

—¿Por qué?

—¿Cómo que por qué? Si esa zorra pensaba que puede tontear delante de todos con alguien de mi propiedad estaba muy equivocada —Mary Jane respondió indignada.

—No. Ella nunca… Nosotras no… —Kelsey intentaba recordar. ¿Había pasado por alto esos detalles?

—Key, ¿en serio no veías cómo te miraba? Pobre Jeremy, no sé cómo aguantó tanto siendo claramente el segundo plato.

—No. Annie no… —Kelsey se negaba a darle credibilidad a Mary Jane. No era la primera vez que sugería que alguien tenía interés en ella para hacerla sentir culpable de algún modo. Sus celos siempre habían sido un problema.

—De todas formas. Fue todo muy rápido. En un momento me insultó, al siguiente se golpeó la cabeza contra la nevera cuando la empujé.

¿Qué se supone que debía hacer? No iba a ir a un correccional por culpa de nadie y menos de una indígena muerta de hambre.

Ese accidente podía haber aireado los trapos sucios de la familia y, como puedes imaginarte, no podía permitirlo.

—No regresaste a la fiesta...

—¡Claro que no! Cuando fui a deshacerme del coche Jeremy estaba allí dentro y tuve que improvisar y llevarlo a su casa. Después me pasé por la Reserva a empaquetar sus cosas como si se hubiera largado.

—¿Qué hiciste con ella? —Las lágrimas se escaparon sin que Kelsey pudiese detenerlas. La impotencia de dejar que Mary Jane observase su dolor solo agrandaba su malestar.

—No quieres saberlo, Key. Además, estropearía la sorpresa —recorrió los cuchillos dispuestos sobre la cómoda con la punta de los dedos—.

Aunque supongo que ya te haces una idea de qué había en aquella nevera del garaje, la que estaba cerrada con candado.

Siempre hemos tenido un apetito muy particular.

Puede decirse que es una tradición familiar.

Fue muy… conveniente enterarme de los particulares hobbies de mi padre antes de aquella noche.

—¿¡Qué coño hiciste con ella!? —Repitió Kelsey gritando con rabia.

—¿Qué importa eso? Lo que quedara terminó en algún pozo sin fondo o desfiladero, vete tú a saber.

Solo me encargo de atraer las presas hasta aquí.

Lo mío es más sutil y delicado, no como cuando lo hace Junior.

Cazar es un coñazo y muy sucio —resopló desinteresada—.

Mi padre se ocupa de todo lo demás. Ya has visto la habilidad que tiene despiezando ternera.

Tiene muchos años de práctica. Estoy deseando ver cómo te pone en el menú —se inclinó hacia Kelsey y susurró en su oído—.

Siempre he pensado que estarías deliciosa, me temo que no en el sentido en el que tú querrías que te comiese —lanzó una cruel carcajada—.

Reconozco que Annie no fue nada memorable.

Pero, no te preocupes —acarició su mejilla, secando las lágrimas—.

Le harás compañía dentro de poco. ¿No te parece romántico, Key?

Al final de todo estaréis juntas. Qué poético.