La cacería de las bestias salvajes Capítulo 31.
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Capítulo 31.

Abi acariciaba el lomo de Nick, el cual descansaba sobre ella en el asiento del copiloto con la gorra de Erin entre los dientes. Mac conducía concentrado en la carretera, ligeramente por encima del límite de velocidad.

—Mac, antes hizo mención al tío de Zach —Abi habló tras un largo silencio—. ¿Quién es?

—No me trates de usted, por favor. Me hace sentir más viejo de lo que soy.

—Lo intentaré —rio con desgana.

Mac le sonrió fugazmente.

—Zachary y Jeremy son unas buenas piezas, pero Cory es un buen chaval. Los hermanos Campbell son sobrinos de Armand Landry. Pensaba que ya lo sabrías.

—¿Cómo? No… —Abi titubeó desconcertada.

—A nadie le gusta recordarlo, especialmente a los Landry que hicieron todo lo posible para enterrar el asunto de los padres de esos chicos. Más que una tragedia es una vergüenza para todo el condado. Cómo dejaron que se ocultara todo con la excusa del bienestar de unos huérfanos…

—¿Qué pasó?

—Alexander mató a golpes a su mujer y después se voló la cabeza. Claro que con el hermano de su cuñado al cargo de la investigación todo quedó zanjado como accidente doméstico.

—¿Su concuñado era Doug Landry? Eso quiere decir que el padre de Jeremy Campbell es… Alexander Weston.

—Ajá. Alexander Weston Junior.

—Pero se apellidan Campbell, no hay nada de Alexander Weston o Weston Junior en las noticias en las últimas dos décadas — Abi estaba mareada de repente, la confusión, las curvas, la nueva información… Era demasiado.

—Ni lo encontrarás. Taparon el crimen en su casa al igual que hicieron con el incidente de la mina.

Solo los que trabajaron el día de la explosión saben que Alexander fue el responsable.

Siempre tuvo problemas con la bebida. No lo excuso, pero todos sus problemas comenzaban en el fondo de una botella.

Campbell era el apellido de su mujer, Virginia.

Los hijos no quisieron estar relacionados con la familia de su padre después de la muerte de su madre.

No los culpo, solo les ha traído desgracias.

—Entonces, la cabaña, el mensaje con J… —Abi musitó desalentada— ¡Tenemos que encontrar a Kelsey! —exclamó aterrada.

Agarró el teléfono con dedos temblorosos y marcó el número de Kelsey. Los tonos de la llamada aumentaban la intranquilidad de Abi y el ritmo de sus pulsaciones. El contestador automático saltó con la voz alegre de Kelsey. Abi llamó de nuevo.

—Kelsey no responde al teléfono —informó angustiada. Kelsey no había respondido a sus mensajes en todo el día.

—Sigue intentándolo, mi hija no suele estar pendiente del móvil. Seguro que está bien —dijo ocultando su preocupación mientras pisaba el acelerador.

¿Se había adelantado en sus conclusiones poniendo a Kelsey en peligro por ello? ¿Por qué había acudido sola al taller cuando Jeremy era un potencial sospechoso? Cada minuto sin noticias de la guardabosques era una punzada al corazón.

* * *

La entrada del taller estaba despejada. No había rastro de la camioneta de Kelsey o la de Jeremy.

El garaje y la oficina estaban cerrados.

Abi corrió hacia la puerta e intentó forzarla inútilmente.

El lugar estaba desierto. Se dirigió a la parte de atrás y asomó la cabeza por el vallado.

Una serie de ladridos amenazadores la recibieron y la verja tembló con el peso de las patas delanteras de los perros guardianes.

Abi apartó los dedos del enrejado justo a tiempo.

Regresó hasta Mac con la mirada perdida, dando vueltas sobre sí misma en busca de alguna pista que indicase el paradero de Kelsey.

—Seguro que está ya en casa. ¿Qué iba a hacer tan tarde aquí? Estaría distraída y no miró el móvil. Será mejor que volvamos —propuso Mac disimulando torpemente su angustia.

* * *

El trayecto hasta la cabaña de Kelsey transcurrió en un tenso silencio. El tono de llamada marcaba el ritmo de los latidos de Abi. Una y otra vez, la voz grabada en el contestador la animaba a dejar un mensaje. Nick percibía la intranquilidad en el ambiente y permanecía callado a los pies de Abi.

La camioneta derrapó en el último giro antes de adentrarse en el camino hasta la entrada de la cabaña de Kelsey y se detuvo en seco sobre la grava.

Una camioneta desconocida estaba aparcada frente a la puerta.

Un joven nativo canadiense esperaba apoyado en el capó y, tras mirar al interior de su vehículo, se aproximó a recibirlos.

Abi descendió a la vez que Mac y se mantuvo unos pasos atrás, agarrando la correa del perro.

—Mike, ¿qué te trae por aquí? —preguntó Mac, dándole un abrazo.

—¿Dónde está Key? —Había urgencia en su tono de voz.

—Eso mismo queremos saber nosotros —respondió Abi. Nick se movía nervioso a su lado, gimoteando con afán de avanzar hasta la camioneta.

Mike los observó impasible por unos instantes con la duda evidente en su rostro.

—Es una amiga de Rubi —aclaró Mac—. Salió esta mañana y no la hemos visto desde entonces. No contesta al teléfono.

—Llevo casi una semana intentando dar con ella, ¿por qué no le diste mi mensaje? —Mike se dirigió a Mac.

—Ha estado liada con todo lo que ha pasado en el Parque y estos días… Estamos preocupados por ella, desde que… —comentaba Mac.

Alguien se movió dentro de la camioneta de Mike y el perro comenzó a ladrar con tesón y tirar de la correa tratando de liberarse. Abi observó el cambio de semblante de Mike ante la reacción del animal. Mac enmudeció, pendiente de lo que estaba sucediendo.

—¿Quién está en la camioneta? —Espetó Abi. Mike no tuvo tiempo de responder, Abi avanzó hasta el vehículo y abrió la puerta del copiloto. Nick saltaba tratando de llegar al interior. Abi soltó la correa y se cubrió la boca con las manos, dio dos pasos hacia atrás vacilante.

Erin bajó con esfuerzo y gestos visibles de dolor y Mike se apresuró a ayudarla, se arrodilló despacio para abrazar a su exaltada mascota y dejarse lamer la cara.

—Erin, estás viva… —Abi se obligó a decirlo en voz alta para comprobar que los demás confirmaban su presencia y no eran alucinaciones suyas.

—A duras penas. La encontré en el bosque malherida —explicó Mike.

—¿Por qué no dijiste nada? ¡Estábamos buscándola sin cesar! ¿Por qué no la llevaste a un hospital como es debido? —Exigió saber Abi.

—Estoy bien, gracias a Mikom —apuntó Erin con voz débil.

—No estaba en condiciones de caminar hasta la Reserva —detalló Mike—. Hoy tenía más fuerza y ánimo para salir del bosque. Necesitamos ayuda. No puede esconderse en el pueblo. Por eso necesitamos que Kelsey se la lleve a la ciudad.

—¿Por qué Kelsey? —Abi necesitaba mejores respuestas— ¿Por qué la has estado escondiendo todo este tiempo?

—¡Porque el que la persigue es el jefe de policía de Beaumont y está rastreando las zonas protegidas, incluyendo las de la Reserva!

Con la excusa de evaluar nuevos planes para Wawasayg y localizar a los supuestos furtivos está yendo casa por casa —tomó aire, dejando constancia de su cansancio—.

Si hubiese dicho algo, ¿qué crees que nos habría pasado?

La sorprendieron en el bosque. Se defendió del Sheriff y salió corriendo.

Han hecho batidas con los perros buscándola día y noche.

Nadie la va a creer, ni a ella ni a mí. La encontré muerta de frío y con heridas abiertas.

Perdió la consciencia y la mayor parte del tiempo estuvo delirando.

No podía separarme de ella ni buscar ayuda.

Kelsey es la única que entendería la situación y que tiene un contacto en el aeropuerto del condado. Creo que…

—¿Estás completamente seguro de que es el Sheriff es el responsable? —inquirió Abi— Es una acusación que tendremos que probar ante la fiscalía.

Mike miró hacia Erin. Abrazada a su perro, esta asintió.

—Le enseñé a Erin fotos de la familia Landry y confirmó que uno de los hombres que la atacó era el Sheriff. Cuando me acerqué al pueblo a por medicinas vi la herida en su mano. Erin le clavó su navaja cuando intentó atraparla.

Aliviada, Abi se dirigió hacia Erin.

—¿Y el otro hombre? ¿Alto, viejo? ¿Complexión robusta y con barba cuidada?

El ADN de la navaja era su as en la manga, siempre que consiguieran que fuese aceptada como evidencia, y Mike acababa de corroborar su hipótesis. Lo siguiente era identificar al cómplice.

Erin asintió.

—Buck Terrance —aclaró Mike.

—Tengo que avisar a Daniel —soltó Abi marchando en dirección a la casa.

Las novedades sobre el caso de Erin se agolpaban en su cabeza buscando un orden que seguir preparándose para la llamada que debía realizar.

La prioridad era Kelsey. Kelsey estaba en peligro.

Una frase que repetía incesantemente una voz en su interior como un angustioso mantra.

Antes de acceder al interior se detuvo en el umbral y se volvió hacia los demás, que la observaban desconcertados— Como bien habéis sugerido, Erin debe seguir escondida, ¿a qué esperáis para entrar?

Necesitamos informar a las autoridades y un plan para encontrar a Kelsey.

—No puedes llamar a la policía, el Sheriff sabrá dónde estamos —exclamó Mike, ayudando a Erin a ponerse en pie.

—No me refiero a la policía local, los refuerzos vienen de Toronto y ya están al tanto de su implicación —añadió antes de marcar el número de Daniel y encender la luz del salón.

Un potente silbido fue seguido de un agudo ladrido y el correteo alborotado de un pequeño chucho. Una pequeña bola de pelo se escurrió entre las piernas de Abi y recorrió el salón jadeando antes de que pudiera cerrar la puerta de la habitación.

* * *

Mac servía café cuidadosamente en varias tazas en la cocina, Mike vigilaba el exterior de la casa oculto entre las cortinas y apoyado contra la puerta con su leal Makwa a sus pies y Erin, sentada en la esquina del sofá cercana a la chimenea, acariciaba la cabeza de su mascota, al fin dormido sobre sus piernas.

Abi salió de la habitación y se sentó a su lado.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó bajando la voz.

Erin giró la cabeza hacia ella.

—Mejor.

—Me alegra oír eso. Siento mucho por lo que has pasado. Si tienes fuerzas ahora, creo que hay una persona que necesita saber que estás sana y salva —le ofreció su móvil y las imágenes del fotomatón—. Leslie fue muy valiente para ir a comisaría y convencernos de buscarte.

Erin tomó las fotos y acarició el contorno de sus figuras sonrientes.

—Fuimos al parque de atracciones el día después de que apresaran a mi hermano.

Leslie no quería verme triste. No lo estaba.

Reuben se lo ganó él solito. Yo solo quería estar con Leslie y que nos dejasen en paz.

Ella se quedó esta mitad y yo… Debe creer que la dejé tirada y me piré sin cumplir mi promesa.

—Nada de eso —Abi sonrió con ternura—. Intuía que algo malo había sucedido. Estará esperando noticias tuyas.

Abi se levantó hacia la cocina al encuentro de Mac, tomó una taza de café y, con un ademán, llamó a Mike para dejarle algo de intimidad a Erin mientras hablaba por teléfono.

—La policía de Toronto está informando del caso de Erin a la Montada —detalló Abi.

Se obligó a hablar con calma y en tono profesional—.

Llegarán en cuanto tengan las órdenes judiciales para el arresto de Doug Landry y Buck Terrance.

Sabemos que Junior está involucrado, pero hasta que no avance la investigación es muy probable que no haya más detenciones.

El extenso número de posibles víctimas removerá buena parte del pasado de este pueblo y no descarto que haya varios responsables más.

Gente querida en el pueblo de la que nadie sospecha nada.

Ahora mismo la prioridad es encontrar a Kelsey, podría estar en compañía de otro de los asesinos —la taza vacía se escurrió entre los dedos de Mac.

La cerámica estalló en el suelo y Mike se adelantó con rapidez a recoger los pedazos.

Abi ayudó a Mac a tomar asiento—. Sé que no es lo que esperabas oír, Mac.

Lo siento. Kelsey está en peligro, pero no voy a esperar a la policía para recuperarla.

—Si mi hija está ahí fuera con uno de esos malnacidos voy a ir contigo y se van a enterar de lo que… —protestó el hombre.

—Es mejor que te quedes protegiendo a Erin —interrumpió Abi—. Tú conoces mejor que nadie estas tierras y puedes contar con Nick para avisarte de alguna visita inapropiada.

—Iré yo —se ofreció Mike—. Sé que ella haría lo mismo por mí.

—Estupendo, genial… Ahora solo tenemos que dar con ella. Estuvo en el taller después del mediodía y no contesta a su teléfono. Es lo último que sabemos de ella. Está a punto de anochecer. Son muchas horas…

—Encuentra mi teléfono —dijo Erin devolviéndole el móvil a Abi.

—¿A qué te refieres? —preguntó confusa.

—Si su teléfono está encendido será posible localizarlo a tiempo real. Siempre que tengas acceso a su cuenta, claro. Es muy fácil hacerlo desde el ordenador —aclaró la joven.

Abi se volvió hacia Mac con la pregunta en su mirada.

—Lo siento, pero yo de esas cosas no sé. Rubi se encarga de todo y me instala lo que sea en el teléfono —se disculpó el hombre poniendo su móvil sobre la mesa.

—Si tenéis las cuentas enlazadas también vale —anunció Erin.

—¿Puedes consultar la ubicación de Kelsey con el teléfono de su padre? —Abi realizó la pregunta con temor y esperanza a la misma vez.

—Claro, está chupado —contestó con naturalidad navegando en la pantalla.

El teléfono de Abi se iluminó en ese momento y, sin mirar la identidad de la persona al otro lado de la línea, respondió aliviada.

—Al fin, ya me había puesto en lo peor...

—¿Qué esperabas, hija? —Su madre anunció disgustada— ¿Pensabas que no me iba a enterar de que has dejado los estudios?

—Mamá, ¿qué…? —Abi cerró los ojos haciendo acopio de paciencia. No era la llamada que aguardaba ni la que estaba dispuesta a continuar— No he dejado el máster.

—La carta de aviso de la universidad dice otra cosa.

—¿¡Estás abriendo mis cartas!? No tienes derecho a hacer eso.

—Tengo derecho a saber cómo estás invirtiendo mis ahorros. No entiendo cómo has sido tan…

—¡Abi! —Erin la llamó. Abi cubrió el micrófono con las manos— Sabemos dónde está Kelsey.

Abi se acercó hasta observar el punto marcado en el mapa en la pequeña pantalla.

—Mamá, tengo cosas muy importantes que hacer —Abi afirmó mientras su madre continuaba su sermón—. Este no es el momento de discutir eso. Respeta mis decisiones y espera a que vaya a verte. Hablaremos entonces —colgó con resolución y se volvió hacia Mike—. ¿A qué estamos esperando?