La cacería de las bestias salvajes Capítulo 29. #2
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Capítulo 29. #2

—¿Qué hay de Jeremy Campbell? —Replicó aferrándose a cualquier posibilidad de llevar a los responsables ante la justicia.

El nombre resonó en su cabeza como un tañido de campanas.

Una J con preferencia por la compañía de chicas jóvenes— Si confiesa podría ser el testigo necesario para arrastrar a los demás.

—Tampoco tengo nada que apunte hacia él.

El mensaje de Lederman menciona una localización, no una persona.

¿Qué hay de Erin? ¿Cuál es el papel de Jeremy en la supuesta red?

¿Se conocían Erin y Jeremy? ¿Los vieron juntos?

Necesito pruebas, no teorías, Abi. Es momento de que me dejes hacer mi trabajo y esperes en casa a que todo se aclare.

—¡No puedo esperar aquí sentada cuando Erin sigue ahí fuera!

—Abi —trató de calmarla—. Haz caso a Kelsey y no te metas en líos.

La llamada terminó sin que Abi pudiese rechistar y se dejó caer en el respaldo, abatida y analizando toda la información que Daniel había recopilado.

Masajeándose la sien, se giró para evitar la luz del sol entre las nubes.

Mac pasaba una hoja del Estándar de Trenton con serenidad, inmerso en su lectura.

—Señor Harvey…

—Mac, por favor —dijo inclinando el periódico para mirarla—. ¿Qué pasa, joven?

—Soy consciente de que las instrucciones de Kelsey hacían referencia a esta casa.

Pero, si mi suposición es correcta, en realidad, lo que le ha pedido es que haga las veces de guardaespaldas, ¿no es así?

—el hombre asintió— El caso es que toda mi ropa y mis pertenencias están en mi coche, el cual quedó sepultado ayer bajo un árbol a un lado de la carretera.

¿Sería posible que me acercase en su camioneta para recuperarlas?

No querría abusar de la generosidad de su hija…

Mac consideró por unos instantes su petición.

—Supongo que no habría problema. Nos llevaremos a Nick de todas formas, tiene muy buen olfato para la gente. ¿Verdad que sí, chico? —El perro se aproximó entusiasmado hasta él y se dejó acariciar— Buen chico, Nick.

—¡Estupendo! —Abi anunció de forma un tanto excesiva y señaló hacia la habitación— Solo tengo que hacer una llamada rápida y estoy lista.

* * *

Abi trató de cerrar el maletero con una mano inútilmente.

Una vez abierto, se negaba a regresar a la posición original.

Abi analizó la irrisoria situación de su miniván con la mitad frontal aplastada y el maletero al descubierto mientras sostenía su mochila y Mac ordenaba el resto de su equipaje en la caja de la camioneta sorteando a un curioso Nick olisqueando restos de comida y ropa sucia.

Afortunadamente, Mac había conseguido crear suficiente espacio con ayuda de un gato para poder recuperar todas sus pertenencias con comodidad.

Abi se hizo rápidamente a la idea de que no habría reparación posible para su coche.

Tendría que esperar varios meses para ahorrar lo necesario para permitirse comprar otro de segunda o tercera mano.

Quizá Lavindeep podría echarle un cable con el depósito, siempre insistía en que cambiase esa antigualla por uno más seguro.

Un vehículo se aproximó pitando hacia ella. La grúa se detuvo en el margen contrario de la carretera y un joven se bajó a su encuentro, saludándola con un toque en la gorra.

—Guau, es peor de lo que imaginaba. No creo que haya forma de arreglar esta chatarra —comentó examinando la miniván sepultada.

—Tiene muchos años, pero funciona. Funcionaba bien —Abi miraba al joven con atención, estudiando su reacción y, de reojo, a Mac en la camioneta.

—¿Seguro? A ver, no sé cómo iba antes… Ya te digo que puedes olvidarte de volver a conducir esto.

El motor se ha llevado la peor parte. Yo diría que puedes llevarte unos…

cuatrocientos dólares por la chatarra. Con suerte.

Pufs, la carrocería y buena parte del chasis están hechas una puta mierda.

Simplemente salvar el eje sería una millonada.

Y eso sin contar si hay que llamar para que retiren el árbol —dijo dando dos golpes en el tronco.

Mac se aproximó lentamente hasta ellos sosteniendo con esfuerzo la correa de Nick.

El perro ladraba con insistencia desde que la grúa había parado y, a medida que se acercaba al joven, luchaba por lanzarse sobre él.

El extraño comportamiento del can había suscitado las sospechas de Mac y Abi, que miraban con recelo sus movimientos.

—¡Zachary, buenas! Menudo trabajo te espera, ¿eh? —Saludó el hombre tratando de controlar al can.

—Eso le estaba diciendo. Será más barato venderlo como chatarra y comprar uno nuevo que intentar arreglarlo. No merece la pena, Mac. Es tirar el dinero.

La mirada de Abi viajaba entre Nick, ladrando agitado, y Zach, manteniendo la distancia con el perro y revisando el coche sin mostrar signos de inseguridad o nerviosismo. La gorra era llamativa, un modelo nuevo y exclusivo que Abi había visto antes.

—¿Dónde encontraste la gorra? —preguntó Abi sin preámbulos.

Zach vaciló. Abi dejó caer la mochila y tomó la correa de Nick de las manos de Mac para acercarse al joven. El perro trataba de abalanzarse sobre él.

—Esa gorra no te pertenece, ¿dónde está su dueña? —Acercó a Nick algo más, lo suficiente para que Zach chocase de espaldas contra el coche.

—No lo sé, lo juro. Me la encontré.

Abi avanzó otro paso. Los ladridos amenazantes de Nick aumentaron.

—Tú eres el encargado de la grúa. Me dijiste que no habías visto un Dodge rojo, pero era mentira, ¿no es así?

Zach no respondía. Abi liberó un palmo de correa y Nick se echó encima del joven. Zach apartó la cara, alejándose lo más posible de los dientes del perro y hundiendo la cabeza entre las hojas del árbol caído.

—Está bien, lo recogí. Sí. ¡Aparta a tu puto chucho de mí, por favor!

—exclamó con las manos en alto. Abi se aproximó a él y se hizo con la gorra.

La acercó hasta Nick y el perro se calmó, olisqueándola agitado— El Dodge estaba abandonado aquí mismo.

La gorra estaba dentro. No sé de quién es. Lo juro.

—¿Quién te dio el aviso? —Abi preguntó con una firmeza que no tenía y que enmascaraba su pulso acelerado y rodillas temblorosas.

Zach miró hacia Mac en busca de ayuda.

—Hijo, es importante que nos digas la verdad —indicó el hombre con una voz sosegada—. Te ahorrará problemas que tu tío no va a poder resolver.

Abi se giró hacia él confundida, era evidente que le faltaba información clave sobre Zach Campbell y sus lazos familiares más allá de Jeremy y Cory.

—Junior… Siempre me avisa de estas cosas —confesó el joven—. Si hay algo dentro me lo puedo quedar y revenderlo

—¿Qué pasa con los coches que remolcas? El Dodge no estaba en el taller —Abi continuó su interrogatorio. Un mal presentimiento se asentó en su estómago.

—Los llevo directamente al desguace.

—¿Sucede con frecuencia?

—No sé… Una vez cada dos o tres meses o así. Depende.

—Dios mío —musitó Abi con horror—. ¿Nunca has preguntado dónde están las propietarias de esos vehículos? —Su pregunta a modo de reproche transpiraba consternación y resentimiento.

—Es mejor no hacer preguntas, ¿vale? Mientras menos sepa de sus chanchullos mejor.

—Necesitamos hablar con Kelsey —Abi se dirigió a Mac.

—Harvey. Digo, Kelsey, estaba en la oficina con mi hermano —comentó Zach limpiando los restos de barro de las patas de Nick de su camiseta.

Abi se volvió hacia él envuelta en pánico.

—¿Kelsey está en el taller a solas con Jeremy?

—Ya, a mí también me pareció raro. Estaban teniendo una conversación bastante seria. Tener algo de trabajo me vino bien para quitarme de en medio —señaló hacia la miniván.

—Tenemos que ir a por ella —afirmó Abi apresurándose hacia la camioneta.

Mac la siguió intentando mantener su mismo ritmo y despidiéndose del joven con la mano.