Capítulo 29.
Gracias a las contraventanas cerradas de la habitación, el tiempo se había detenido.
Por primera vez en una semana, Abi disfrutó de una noche apacible de descanso y, con una serie de piruetas mentales, responsabilizó al colchón de sus horas ganadas en sueño en lugar del ejercicio físico y la compañía.
Compañía cuyo lado de la cama estaba frío y que debía haberse levantado temprano para continuar sus rutinas matutinas.
Abi dio con una de las camisas de franela de Kelsey en un cajón y se envolvió en ella con un suspiro, abrochando lentamente cada botón y posponiendo volver a la realidad unos momentos más.
Se miró al espejo posando con su escaso atuendo de cuadros rojos y negros y, esbozando una sonrisa, salió de la habitación.
Nick se aproximó a ella para saludarla y el olor a huevos revueltos y tostadas la guió hasta la cocina.
—Eso huele fenomena… ¡Ah! —Abi dio un salto hacia atrás e intentó cubrirse las piernas desnudas tirando de la camisa hacia abajo.
El perro se agitó por el movimiento inesperado y ladró. Mac se dio la vuelta, aturdido, espumadera en ristre.
—¡Buenos días, Abi! Pensé que necesitarías un buen desayuno. Key me dijo que nada de carne. Es una pena que Nick se haya quedado con tu ración de beicon —bromeó.
—Sí, gracias —titubeó—. Ayer fue un día intenso. Perdone, pensaba que solo estaría Kelsey. Voy a ponerme algo más apropiado.
Abi regresó con ropa interior y pantalones. Se sentó en la mesa y Mac puso delante de ella un plato desproporcionado de huevos revueltos y tostadas con mantequilla y una generosa taza de café recién hecho.
—Descuida. Rubi se marchó temprano y me pidió que echase un ojo por aquí, por si a alguien se le ocurre hacer una visita inesperada —señaló con la cabeza hacia la puerta, el rifle descansaba de pie contra el marco.
—¿A dónde ha ido? —preguntó antes de dar el primer bocado.
—No lo sé. Solo mencionó que tenía unos asuntos que aclarar. No me dio más explicaciones. Oh, se me olvidaba. Me pidió que trajese su ordenador. Hay algo que necesitas consultar con urgencia, o algo así me dijo.
—Sí… —Lo miró desconcertada, esperando escuchar algo más o alguna reacción.
—No te preocupes por mí. Yo estaré ahí sentado —indicó el sillón al lado de la chimenea, sobre el cual se apoyaba una escopeta— leyendo el periódico.
La repentina sobreprotección abrumó a Abi en extremo, acostumbrada a su independencia y trabajar sin la constante supervisión de cada uno de sus movimientos.
Tras unos segundos para organizar sus ideas se puso en marcha.
Engulló con avidez el desayuno, descubriendo el hambre que acarreaba de los últimos días y, sirviéndose una nueva taza de café, se apostó frente al ordenador con las tarjetas de memoria de las cámaras.
La primera de ellas correspondía a la cámara trasera.
Los clips habían capturado imágenes de animales deambulando por el perímetro de la cabaña.
Algunos eran de pequeño tamaño, como las ardillas o charas azules que se apostaron sobre los barrotes parrilla y otros presentaban una mayor envergadura, como el alce que olisqueó el alfeizar de la ventana o la gran masa de pelo que activó la función infrarroja durante la noche y ocupó el área del objetivo por completo durante varios clips hasta desaparecer.
Al verse trepar por la ventana en la imagen asumió que los furtivos habían utilizado exclusivamente la puerta principal, lo cual era una buena señal en la búsqueda de Erin, pero convertía a este dispositivo en un trasto inútil a falta de información relevante.
Con un suspiro de frustración, Abi probó con la segunda tarjeta.
Una ventana con error apareció en pantalla.
—No puede ser —Abi clicó nuevamente sobre el archivo—, no me hagas esto…
La carpeta con los clips era inaccesible. Abi extrajo y reinsertó la tarjeta en repetidas ocasiones con el mismo resultado. Cerró la tapa del ordenador con un gruñido y tomando el aire mientras cerraba los ojos con fuerza.
—Piensa, Abi, piensa… ¿Cómo recuperar un archivo corrupto?
—Su pregunta al aire fue respondida con el sonido de una llamada entrante en su teléfono.
Abi corrió hasta llegar al móvil y ver la foto de Daniel encendida.
Hablaron a la misma vez— ¡Tengo novedades y necesito la ayuda del perito informático!
—¡Abi, encontré el eslabón perdido entre Beaumont y Stewart Lederman!
Abi quedó en silencio, reaccionó unos segundos después.
—Ya teníamos las transacciones de la tarjeta de Lederman en el pueblo…
—Una tarjeta de empresa que aseguró haber perdido la semana anterior. Nada que el fiscal se atreviese a usar.
—¿Qué es lo que Donovan pasó por alto?
—He revisado todo lo que tenemos de Lederman en el caso actual y volví al archivo para revisar todo lo anterior.
Hubo un mensaje de texto que recibió de un teléfono de prepago desconocido al que Burke nunca encontró sentido y que desestimó como prueba.
Lo tengo aquí, dice: punto de entrega de basuras azaleas.capibaras…
—Melancolía —terminó Abi—. Lo recuerdo. ¡Oh, cielo santo! —Se sentó y agarró el respaldo de la silla.
—Desde que diste con la ubicación del contenedor en el puerto con tres palabras no he dejado de pensar en que había visto algo así antes.
—¿¡Cómo he podido pasarlo por alto!? ¿Cuál es la localización?
—El taller Campbell.
Abi se cubrió la boca con la mano.
—He estado allí, Daniel… Hablé con el propietario. ¿Crees que…? —Miró de reojo al padre de Kelsey.
—Escúchame, probaremos la relación del taller cuando consiga una orden judicial. El lab está analizando la sangre de la navaja, pero solo han conseguido confirmar que es humana. Estoy intentando conseguir una orden para tomar una muestra de ADN de Reuben Wozniak.
—Dile a Leonard que coteje la muestra de sangre con la saliva de la pajita. En la navaja solo debería encontrar epiteliales de Erin en la empuñadura.
—Abi, estás llegando a conclusiones precipitadas. Hay restos de sangre en la hoja, la experiencia nos dice que…
—Sigue siendo parte del protocolo, Daniel. Confía en mí. Sé que estoy en lo cierto.
—Está bien —Daniel asintió resignado—. Otra cosa, la tarjeta SIM del teléfono que encontraste.
He conseguido información sobre eso, pero aún no sé cómo relacionarlo con el caso de Erin.
Pertenecía a Deirdre Jenkins, veinte años, residente en el GTA.
Desapareció en abril de 2009. Le dijo a su familia que había aceptado un trabajo de auxiliar de enfermería en Manitoba, pero cuando los agentes comprobaron los datos, resultó ser falso.
La familia sospechaba que tenía un romance con alguien que conoció online, aunque no consiguieron dar con esa persona y quedó sin verificar.
La última vez que Deirdre fue vista, una cámara de seguridad la captó en una gasolinera a la salida de Toronto.
—Eso corroboraría la hipótesis de Donovan y el M.O aplicado con Erin. Los caníbales llevarían más de una década actuando. Cielos… ¿Conseguiste extraer datos de la tarjeta? ¿Algo que nos sirva de ayuda?
—Un listado de números de teléfono. Nada llamativo, familia y amigos. Varios mensajes de texto.
—¿Alguno en especial?
—Me temo que no. Lo siento.
—¿Qué dice el último?
—Eh… —Daniel revisó los documentos en su mano— Aquí está. El último mensaje que su hermana recibió decía: ‘No te preocupes, ya estoy con J’.
—Daniel, ¿has consultado las bases de datos de desapariciones? Necesitamos ampliar la búsqueda y saber qué ha ocurrido en los últimos quince años en esta zona más allá de lo que un agente pueda recordar.
—¿Estás dando órdenes a un detective? —A pesar de la seriedad de su tono, estaba bromeando, pero Abi vaciló igualmente.
—¿Por favor? Daniel, tenemos constancia de tres mujeres jóvenes con el mismo perfil cuyo rastro termina en las inmediaciones de esa cabaña. No es una casualidad. Es una pieza clave en sus desapariciones y las de otras tantas cuyo último avistamiento tuvo lugar en Beaumont. Estoy segura.
—Tranquila. Solo iba a decirte que no me ha dado tiempo aún de investigar en profundidad.
Seguimos lidiando con el día a día y el revuelo del operativo, pero pregunté por desapariciones sin resolver en la zona a un compañero de la división 47 a punto de jubilarse que es del condado de Lester, de...
Kaswick, sí. Escucha esto, al parecer es algo sabido que siempre ha habido mujeres jóvenes que se desvanecían en el área, pero nunca llamó lo suficiente la atención.
Las que no eran nativas tenían algún antecedente.
Las excusas perfectas para que las autoridades mirasen para otro lado.
Beaumont es… una especie de triángulo de las Bermudas.
—¡Tienes que detener a Doug y Armand Landry! —exclamó poniéndose en pie— No pueden seguir en libertad por más tiempo. Quién sabe cuántas víctimas han sufrido en sus manos.
—Abi, estoy trabajando en eso —bajó la voz—.
No es tan sencillo. Se necesitan pruebas sólidas y de momento todo es circunstancial.
No tenemos causa probable. La propiedad de una cabaña con dudosa decoración y una colección de objetos variopintos no son motivo de arresto, ni siquiera dan base para una multa de urbanismo.
Técnicamente es propiedad de la Reserva.
Tampoco puedo acercarme a Bartholomeu Terrance por darte un susto en el bosque, si es que ese era efectivamente el hombre que viste.
He revisado y tiene permiso de armas. En cuanto vean a un agente en su puerta, adiós investigación y adiós Erin.
No sabremos qué ha pasado con ella. Recuerda lo que pasó con Donovan, las acusaciones de múltiples asesinatos y canibalismo son muy serias, Abi.
Especialmente si intentas culpar a personas muy relevantes en la comunidad.
Hay que seguir las normas, no puede haber ningún error.
Abi se sentó, ahogada entre la rabia, la frustración y la impotencia de encontrarse en el mismo punto desde que llegó a Beaumont.