La cacería de las bestias salvajes Capítulo 28.
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Capítulo 28.

Abi cerró los ojos al notar los labios de Kelsey rozando su mejilla y fue a su encuentro con la boca.

Fue un beso comedido, una simple toma de contacto para reconocer el sabor de sus labios.

Kelsey la tomó de la mano y se sentó en el sofá, invitándola con la mirada a sentarse a horcajadas sobre su muslo.

Abi, sin control sobre su propio cuerpo, siguió dócil el camino guiado por las manos de Kelsey manteniendo sus ojos clavados en el reflejo azul oscuro del deseo con que la observaba.

Gimió tímidamente al entrar en contacto con el sólido músculo del muslo de Kelsey y se ruborizó.

Apenas habían intercambiado palabras y caricias y ya se consumía con el ansia de entregarse a la mujer bajo ella.

Kelsey agarró su cintura y la apretó contra ella con manos firmes, sus labios recorrieron el cuello de Abi dejando un rastro húmedo hasta llegar a los necesitados pezones.

Abi echó la cabeza hacia atrás para liberar un sonido gutural.

Kelsey la atrajo de nuevo a su boca enredando una mano en su pelo.

La moderación saltó por los aires cuando Abi saboreó la lengua de Kelsey e instintivamente comenzó a mecerse.

Los gemidos escapaban su garganta con urgencia entre besos bruscos y torpes, apremiados por el ritmo frenético de sus movimientos.

Kelsey apoyó la frente contra la suya y, sujetando sus caderas, aminoró la cadencia de sus impulsos a un nivel martirizante y delicioso.

Abi cerró los párpados y se abrazó a ella.

—Me mentiste —balbuceó.

—Te mentí —Kelsey reconoció con los labios en su cuello.

—No deberías —gimió—… haberme mentido.

—Tuve que hacerlo. Lo prometí.

—No vuelvas a hacerlo jamás —su voz entrecortada era pura agonía.

—No lo haré.

El cuerpo de Abi se abandonó a una dulce tensión y, apoyando la cabeza en las manos, dejó escapar un redentor «Key» susurrando en su oído antes de desplomarse sobre ella.

Kelsey acariciaba su espalda delicadamente cuando Abi volvió en sí.

Desentrelazándose de ella, bajó del sofá y se puso de rodillas.

Kelsey la observaba con expectación. Abi apartó sus piernas gentilmente y, tirando de sus muslos, atrajo hacia sí su preciada meta.

Para su complacencia y absolución, el nombre de Abi se convirtió en una letanía esa noche.

* * *

—No puedo creer que esa chica te diera plantón —mencionó Abi con la cabeza apoyada en el pecho de Kelsey en el sofá mirando hacia el fuego de la chimenea.

—No me dio plantón, canceló una cita —Kelsey besó su pelo y subió la manta.

—Semántica.

—Estoy acostumbrada. No suelo pasar de la segunda cita, tarde o temprano le llegan los rumores.

—¿Qué rumores?

—Jeremy y sus amigos se dedican a criticarme y esparcir bulos a mis espaldas sobre con quién me acuesto. Según ellos, con todo el condado. No ayuda que el mejor amigo de Jeremy sea mi exnovio.

—¿Por qué hacen eso?

—Diversión, venganza… No sé. Soy la única que les planta cara y les llama la atención por su comportamiento. Me da igual lo que digan después. No voy a quedarme callada si les ponen los cuernos a sus parejas con niñas que rozan la mayoría de edad. Pero supongo que todo empezó cuando dejé a Tyler.

—Entiendo que no fue una separación amistosa.

—No —resopló decaída—. Intentó dejarme preñada a propósito, aunque ya habíamos hablado de eso y sabía perfectamente mi opinión. Lo pillé quitándose el condón, me fui de su casa a por la pastilla del día después y le avisé de que si intentaba acercarse a mí de nuevo terminaría en urgencias.

—Eso es… Key, eso fue un intento de agresión.

—Sí… Es lo que vio todo el mundo cuando le rompí la nariz en Halloween.

—No me refería a… Siento que la gente de este pueblo sea tan corta de miras.

—No es tan malo… En fin, tenemos que hablar —dijo irguiéndose para hablar—. Tengo que contarte muchas cosas, empezando por…

—Encontré una cabaña en el bosque —interrumpió Abi—. No es un simple refugio de cazadores. Algo perverso ocurre en ese lugar. Es más preocupante de lo que pensábamos. No se trata solo de Erin.

—¿Por qué no me dijiste nada? Espera, ¿qué cabaña? —Kelsey se recostó en el sofá confusa y llena de curiosidad.

—Necesitaba asegurarme de que era pertinente a la desaparición de Erin y... Mientras ibas con Tim a recuperar la segunda cámara di con una cabaña no muy lejos de dónde habíamos acampado.

—No hay edificaciones en el Parque salvo las instalaciones del camping y las casetas para los rangers.

—Técnicamente se encuentra en tierras de la Reserva, por eso ha pasado desapercibida.

—Entonces habrían mencionado algo en Little Frog.

—No, si no se atreven a adentrarse en esa zona.

—Eso es…

—Muy conveniente. Piénsalo. ¿Qué mejor que impedir el paso a esa zona concreta a base de supersticiones y negligencias institucionales que casualmente han dejado los senderos que atravesaban esa zona abandonados a su suerte?

Sin contar con el inusual origen del Wendigo, una abominación que nace como condena por un acto de canibalismo. Las pistas han estado ahí siempre, Key.

—Las leyendas sobre el Wendigo llevan años atemorizando a los adolescentes de Beaumont.

—Haz memoria. ¿Desde cuándo?

—No sé —Kelsey meditó unos instantes—, mi padre siempre dice que antes de la fundación de la Reserva había muchas leyendas y mitos sobre las costumbres Ojibwas.

También reconoce que los setenta pegaron fuerte en el pueblo con una época hippie con barra libre de drogas, así que no podemos confiar en qué pasaba por aquellos años.

—Tanto mejor para mantener un secreto infame.

—¿Qué intentas decir? Crees que en esa cabaña…

—Llevan años asesinando a mujeres. Tengo una corazonada. Ojalá me equivoque, Key, pero lo que vi en aquella habitación…

—Abi… —Kelsey apoyó las manos sobre las rodillas para tomar aire, sentía un leve mareo y náuseas de repente— Esa cabaña debe estar ahí desde hace más de veinte años o alguien en el pueblo recordaría haber visto la construcción —Abi asintió—. ¿Quién? ¿El sospechoso de tu caso en Toronto?

Abi negó con la cabeza.

—Aún no sé qué pinta Lederman en todo esto.

Pero creo que la intuición de Donovan era buena y sus suposiciones se quedaron cortas de miras.

La parcela dónde está edificada pertenece al difunto suegro del alcalde de Beaumont.

Si estoy en lo cierto, es el motivo por el que no has obtenido ese ascenso —anunció sin contener una sonrisa arrogante.

Kelsey se inclinó hacia ella expectante.

—Es…

—¿Imposible? —Abi se indignó precipitadamente— El Registro de la Propiedad no miente. Te aseguro que he revisado meticulosa…

—¡Joder! ¡Claro! —exclamó entusiasmada— El Sheriff nunca mostró el menor interés en el Parque, ¿por qué justo ahora que el superintendente se retira quiere optar a su puesto?

Llevo dándole vueltas a eso desde que me enteré.

Sabían que en cuanto tomase el control de las zonas naturales mi primer objetivo era rehabilitar los antiguos senderos y favorecer los acuerdos de trabajo con la Reserva. Por eso han acelerado el nombramiento.

—Es la tapadera perfecta. Los Landry no pueden permitirse perder el control del Parque y dejar que alguien husmee en los terrenos que bordean la Reserva.

Las trampas podrían ser una medida extra de seguridad o…

—la excitación de Abi se desvaneció en un instante— disuasorias, para mantenernos alejadas. A mí, en concreto.

—Abi, creo que el hombre con el que te encontraste en el bosque es Buck Terrance. Debe ser parte de todo esto —dijo Kelsey con inquietud.

—¿El dueño de la mina? —Kelsey asintió— ¿Qué relación tendría con todo esto? Había un hombre diferente en la cabaña y lo acompañaba alguien más joven, ¿serías capaz de identificarlos a partir de sus voces en una grabación?

—Claro, si son del pueblo no será difícil reconocerlos. Un momento, Abi, ¿qué grabación?

Abi saltó del sofá y buscó su móvil. Volvió para enchufarlo a un cargador.

—Cuando sacábamos a Tim malherido —explicó caminando desnuda de un lado a otro del salón moviendo las manos en el aire—... instalé sus cámaras en el perímetro de la cabaña.

—¡Abi!

—Lo sé. No es el comportamiento más aceptable, pero sé que han captado imágenes vitales para descubrir qué ha pasado con Erin. Hoy volví para recuperarlas.

—¡Es peligroso, Abi! ¿¡Entiendes lo temerario que ha sido eso!? El jefe de policía me estaba preguntando por ti esta mañana y ahora me dices que los Landry tienen su particular coto de caza. No es una casualidad que estén tras tu pista. Son capaces de cualquier cosa.

—¡Sí! Eso intento explicarte —paseaba nerviosa—.

Lo cierto es que desconozco cómo están relacionados exactamente los Landry con Buck Terrance en la desaparición de Erin y la cabaña y cómo encaja con la investigación de Donovan.

De momento. Hoy conseguí entrar en la cabaña y escuché que estaban buscando a alguien —se detuvo y miró hacia Kelsey—.

Creo que sospechan que sé demasiado, lo cual es una conjetura acertada a la vez que inquietante.

Deben haber recibido la denuncia por desaparición de Erin en comisaría.

Kelsey cerró los ojos apaciguando su frustración.

—Abi, saben que has dormido aquí —comentó soltando el aire.

—Sí, lo sé. El jefe de policía me lo dejó saber cuando me lo encontré.

—¿¡Qué!?

—Al principio pensé que era algo habitual en un pueblo pequeño, pero esto lo cambia todo.

—Hay que informar a Daniel y pedir refuerzos. Tienes que irte de Beaumont.

—¡No! Ni hablar. Estoy muy cerca de dar con Erin. No voy a irme ahora. En cualquier caso, hay más. Estaba grabando esa perturbadora habitación cuando…

—Abi, ¿qué pasó?

—Mientras estaba allí entraron dos personas. ¡No me vieron! —extendió los brazos con las palmas abiertas— Mi futuro habría sido muy diferente si lo hubiesen hecho.

Abi encendió el teléfono con impaciencia.

Navegó hasta el último video en su teléfono y aceleró hasta la parte de la conversación.

El objetivo enfocaba el tejido del bolsillo de su pantalón.

Abi subió el volumen y escucharon con atención.

Las voces eran un rumor ininteligible, el roce del micrófono contra la tela distorsionaba la pista de audio.

—¡No! Tengo la prueba aquí mismo —se lamentó Abi.

—Lo importante es que no te vieron y estás a salvo.

—Eso no es todo —anunció tocándose nerviosamente los dedos y desviando la mirada.

—Abi…

Abi se levantó abatida, sopesando cómo continuar y poner orden a sus ideas. Kelsey extendió los brazos en el respaldo del sofá y resopló.

—¿Qué más puede haber? —Kelsey insistió.

Abi rebuscó entre su mochila y volvió al sofá mostrando la pulsera que recuperó de la cabaña.

—En un cajón encontré todo tipo de objetos… Creo que son recuerdos de sus víctimas. Esta pulsera me recordó a la tuya —dijo tímidamente señalando la pulsera de Kelsey.

Kelsey tomó la pulsera con dedos temblorosos. Dos lágrimas recorrieron sus mejillas y un sollozo desgarrador encogió el corazón de Abi.

—Key, ¿qué pasa? —exclamó preocupada, forzándola a mirarla con las manos en el rostro.

—Annie…

—¿Quién es Annie?

—Annie. Aniibish. Esta era su pulsera. Me enseñó a hacerlas el primer verano de instituto, fuimos inseparables desde entonces —levantó la cabeza, mirando hacia el techo, tratando de controlar las lágrimas—.

Desapareció hace doce años, la noche… La noche de la celebración del campeonato provincial de baloncesto.

—¿Qué pasó? —Abi pasó su brazo por el hombro de Kelsey y la acomodó para que apoyase la cabeza en su hombro mientras lloraba desconsolada.

—Discutimos. ¡Dios fue una tontería! No sé por qué no le hice caso.

Tuvimos una pelea por culpa de Mary Jane.

Jeremy se suponía que iba a ser el conductor sobrio, pero no paró de fumar hierba y beber.

Annie había bebido y quería irse a casa.

Intenté que se quedase en la fiesta… No volví a verla nunca más —un sollozo estremeció a Kelsey y rompió a llorar de nuevo—.

Pensé que había tenido un accidente. Pero Jeremy llegó bien a casa —hizo una pausa para calmar el hipo y tranquilizarse—.

La policía no quiso investigar. En la Reserva nadie quería entrometerse en los asuntos del jefe de policía. A nadie le importó.

—¿Y su familia? —preguntó Abi pasándole la mano por la espalda para reconfortarla.

—Solo quedó su hermano pequeño. Eran huérfanos —se secó las lágrimas con el dorso de la mano—. El anterior Jefe de la Reserva era su tutor legal. Según él, se quitó un problema de encima.

—Lo siento mucho, Key.

—No es tu culpa.

—Quizá es todo un error. Esa pulsera podría haber terminado en el cajón con las demás fortuitamente. Quizá alguien la encontró. Quizá… —Abi se quedaba sin teorías para consolar a Kelsey.

—Es suya. Debí haber sabido que nos mintieron. No huyó como nos hicieron creer.

—Lo siento muchísimo, debería haber esperado antes de soltar toda esta información sobre ti sin tener en cuenta el pasado.

—No podías saberlo —Kelsey murmuró cabizbaja, cerrando el puño con la pulsera de Annie.

—Tienes razón, tenemos que hablar con Daniel —Abi propuso tras una pausa—. No podemos permitir que se deshagan de pruebas.

—Necesito hablar con Mike —Kelsey se puso en pie y recogió su ropa del suelo ante la mirada confusa de Abi—, el hermano de Annie.

—¡Espera, Key! —Abi la siguió hasta la puerta— Si los Landry descubren que hemos encontrado la cabaña podríamos perder la ventaja y la única posibilidad de encontrar a Erin.

—¡Mike no va a decirles nada! Tiene que saber qué ocurrió con su hermana.

—¡Y te creo! Pero no tenemos ni idea de quién más está involucrado o si monitorizan nuestras conversaciones. Deberíamos ser precavidas, mantener un perfil bajo y no comentar nada sobre lo que hemos descubierto.

Se miraron en silencio, rebosantes de incertidumbre e inquietud y después a su alrededor.

Nick dormía sobre la alfombra a los pies de la cama.

Kelsey se aproximó en silencio a la puerta principal y echó el seguro.

Repitió la operación con la puerta de atrás y, al llegar al salón, sacó un rifle del armario. La noche iba a ser larga.