Capítulo 27.
El día amaneció reflejando el humor de Kelsey, gris, lluvioso y sin esperanza de mejorar en las horas siguientes.
El sofá de la casa de su padre era cómodo, no obstante, compartir el reducido espacio con un perro melancólico y encariñado con ella había dificultado la tarea de encontrar una buena posición en la que descansar.
Apenas había podido dormir y prefería culpar al mobiliario en lugar de la morena engreída que se había largado con su sudadera tras insultarla.
Kelsey aceptaba su parte de culpa en mantener a Abi al margen de su propia relación con Daniel.
¿Qué otra cosa hubiese podido hacer? Le pidió que continuara con el secreto hasta avanzar en la investigación.
Si hubiese sido al revés, ¿le habría mentido Abi o habría aclarado la situación?
En cualquier caso, por más que Kelsey trataba de no pensar en ella, lo que más le dolía era la insinuación de que todo hubiese sido una distracción intencionada.
¿Seducirla? ¿Verdaderamente pensaba Abi que había sido un juego?
Detrás de sus preguntas internas se escondía su mayor temor, ¿había sido algo insignificante para Abi?
Kelsey se debatía entre necesitar una respuesta o dejarlo pasar como una duda infinita.
Estaba hecho. Había sucedido de esa forma y no podía cambiarse ahora.
Abi se había marchado y, probablemente en un futuro, volverían a encontrarse en uno de sus fines de semana en la ciudad cuando visitara a su hermano.
Bill le reprocharía entonces haberse hecho ilusiones demasiado pronto y encariñado con la primera persona que le proporcionaba un poco de atención.
Kelsey miró hacia Nick, recostado en el asiento del copiloto y apoyando la cabeza en su muslo.
—Somos iguales, chico —le rascó detrás de la oreja con la mano derecha—. No te preocupes, permaneceremos juntos, pase lo que pase.
Era consciente de que intentaba consolarse a sí misma y de que el can dormitaba apaciblemente oyendo la lluvia golpear contra los cristales y el ritmo hipnótico del limpiaparabrisas.
Kelsey continuó el camino hasta la comisaría con la mano sobre la cabeza del animal, centrándose en un único pensamiento: al menos se tenían el uno al otro.
* * *
La tormenta rechazó dar una tregua y continuaba azotando con fuertes ráfagas de viento y lluvia.
Kelsey aparcó junto a los coches patrulla y esperó que amainara en el interior de la camioneta.
El perro se puso en pie de repente, pendiente de la puerta de la comisaría con el cuerpo en tensión.
Alguien salió del edificio y Nick comenzó a ladrar.
La lluvia impedía la visibilidad, pero Kelsey no necesitaba ver sus caras para reconocer quienes estaban despidiéndose en la puerta.
La silueta del menor de los hermanos Landry era fácil de identificar y el uniforme de su todavía jefe a su lado.
El Sheriff volvió al interior, no sin antes girarse para echar un vistazo a la camioneta de Kelsey, y el superintendente Anderson corrió dando pequeños saltos para llegar al ayuntamiento.
Nick se relajó momentos después y Kelsey decidió dejarlo en el vehículo. Tuvo un mal presentimiento cuando Doug Landry la llamó por la mañana para hacerle ‘un par de preguntas sobre el asunto del presentador de radio en persona’ y la reacción del can había certificado las sospechas de Kelsey.
Tomando aire y soltándolo despacio para calmarse se adentró en comisaría. La mirada inquisitiva de Maureen Sylar la recibió desde su escritorio.
—¡Buenos días, Maureen! El Sheriff está esperándome… —dijo entre pregunta y afirmación.
—Buenas tardes, ya y no tienen nada de buenas. El jefe Landry está en su despacho. El felpudo está ahí por algo, guardabosques.
Kelsey miró hacia sus pies. Sus botas estaban ligeramente embarradas, nada alarmante para ella, pero aparentemente inaceptable para Maureen. Restregó las suelas brevemente y se dirigió a la oficina del jefe de policía.
—¡Aquí estás, Harvey! Me preguntaba si iba a tener que llamar al viejo Mac para traerte hasta aquí. A partir de la semana que viene hablaremos de tus horarios —comentó señalando hacia la silla frente a su mesa.
—Es mi día de descanso —aclaró Kelsey al tomar asiento—, pensaba que esto iba a ser una conversación informal…
—No es más que una charla entre buenos amigos y vecinos de Beaumont —se recostó en la silla y cruzó los brazos, apoyando las manos sobre su barriga—. Quería repasar lo que contaste sobre el rescate de Timothy Brennan.
—Claro, ¿qué más necesita? —Se agarró a los reposabrazos de la silla para detener el movimiento nervioso de sus manos.
—No me ha quedado claro qué hacía Timothy Brennan en el Parque y cómo llegasteis hasta él. Rick me ha informado que no había ninguna reserva de travesías y las zonas de acampada en esa área llevan inhabilitadas un par de años.
Kelsey mantuvo la sonrisa mientras pensaba en su respuesta.
—El señor Brennan acampaba ilegalmente, además de encender una hoguera en zona no establecida, acceder al Parque sin registrar y almacenar atrayentes de animales salvajes en su tienda entre otras faltas punibles —dijo firme con tono profesional.
Doug la observó antes de hablar, estirando sus rechonchos dedos cruzados.
—¿No estabas tú haciendo lo mismo? Entiendo que quieras enseñarle a tu nueva… novia de ciudad la… vida en naturaleza, pero, ¿no debería multarte a ti igualmente?
—Estaba investigando la presencia de furtivos y estudiando el estado de esa zona del Parque, es parte de mi trabajo como guardabosques.
—Y aun así te acompañaba una visitante cualquiera, la señorita —miró una hoja de papel— Sood.
—Señora —corrigió Kelsey.
—Ah, sí. La señora Sood. Eso es más tu tipo de compañía. Dime, ¿dónde está ahora? ¿Sigue en tu cabaña? Me gustaría hablar con ella personalmente.
La conversación había tomado el rumbo equivocado e inquietante que Kelsey temía. Peor que centrarse en lo que Kelsey o Tim podrían haber visto, el Sheriff indagaba sobre Abi. No era una buena señal.
—Abigail se marchó de vuelta a Toronto. No creo que sea necesario que haga declaración. Tim está recuperándose a buen ritmo en el hospital y yo puedo aportar el resto de información sobre el incidente.
—El incidente, sí. Hablemos de ello. Dijiste que Brennan había pisado una trampa. Un equipo de rangers y Cory han supervisado la zona sin dar con ninguna. ¿Estás segura de que era una trampa? Es posible que el señor Brennan esté confundido, quizá debería hacerle una visita…
Kelsey reconoció las ramificaciones que su respuesta tendría. Las mentiras le harían ganar tiempo y mantener una fachada amistosa. La verdad la enfrentaría al jefe de policía y acercaría el final de su carrera en Wawasayg.
—Yo misma tuve que forzar el mecanismo para extraer la pierna de Tim.
Es extraño. Quizá me equivoqué al delinear la zona en el mapa.
Revisaré las coordenadas con Marcus —se levantó para acortar el interrogatorio—.
Si me disculpa, he de llegar antes de que termine el turno de día al camping, los rangers me están esperando.
—Ten cuidado, Harvey —enunció Doug. Con la mano agarrando el pomo de la puerta, Kelsey se dio media vuelta, manteniendo el semblante neutro—. Si estuvieras en lo cierto podría haber más trampas. Sería una tragedia que pisases una mientras haces tus rondas —aclaró el Sheriff.
Kelsey aceleró la camioneta hasta salir del pueblo. La tormenta apretaba y con ella su preocupación.
* * *
«…en casa y encended esas chimeneas, amigos.
Parece que la lluvia va a continuar hasta la madrugada y los servicios meteorológicos mantienen la alerta por vientos.
Nos han enviado fotos de la tormenta eléctrica de ayer y tengo que deciros que son espectaculares.
Uno de los rayos se estrelló en el pararrayos de la iglesia de Beau…
» el locutor anunciaba por la radio mientras Kelsey avanzaba sin rumbo por la carretera.
Cuando encendió el intermitente se dio cuenta de dónde se encontraba.
Las luces del motel se agitaban por efecto del viento y el cartel resistía a duras penas el envite.
Kelsey avanzó por el aparcamiento buscando inútilmente el coche de Abi.
Se detuvo frente a la oficina y, tomando aire, marcó su número.
El teléfono de Abi estaba apagado o fuera de cobertura.
Lo más probable era que ya estuviese en la ciudad o a mitad de camino, si había sido prudente y parado durante el temporal.
Kelsey apagó la radio y decidió llamar a Daniel para resumir su encuentro con el jefe de policía.
Su walkie-talkie recibió un aviso en ese momento.
«Aquí Debbie. Chicos, ¿alguna idea de si el dueño de la miniván azul en el arcén de la carretera a la Reserva ha contactado con la grúa? El cielo tiene mala pinta por aquí y el coche está en una mala posición. Cambio.»
—¡Abi! —exclamó Kelsey en solitario. Tomó el walkie-talkie a toda prisa— Debbie, guardabosques Harvey al habla. ¿Dónde se encuentra el vehículo exactamente? ¿Puedes darme el kilómetro? Cambio.
—¡Oh, jefa! Creo que sobre el kilómetro diecisiete aproximadamente. Tiene el morro metido entre los árboles, casi no se ve.
—¡Gracias, Debbie! Yo me encargo de él. Aviso para todos los rangers: poneos a cubierto y asegurad el acceso del camping. Mantenedlo libre de obstáculos. Corto.
La camioneta aceleró sobre la grava y rugió al adentrarse en la carretera. Nick reaccionó a su intranquilidad poniéndose en pie y buscando un culpable.
—¿Qué haces ahí de nuevo, Abi? ¿Por qué no te fuiste a casa? —Se preguntó en voz alta.