La cacería de las bestias salvajes Capítulo 21. #2
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Capítulo 21. #2

—Timothy estaba acampando ilegalmente y haciendo fuego con total negligencia. Va a pasar la noche con nosotras y mañana me acompañará a la oficina para formalizar su multa si no quiere empeorar la lista de faltas que ha cometido.

—Solo estaba haciendo mi trabajo —se defendió él—. Trabajo de campo. En esta temporada vamos a incorporar grabaciones reales.

—Y ¿por qué estabas acampando aquí? —La curiosidad de Abi había vencido a su recelo inicial.

—Es obvio, ¿no? He venido a capturar el primer testimonio audiovisual del Wendigo. Va a ser primicia mundial. Este año ganaremos un People’s Choice con este episodio.

—Sabes que es tan solo una leyenda, ¿verdad? —Kelsey replicó.

—Ah, ¿sí? ¿Y si no existe cómo es que tengo sus gritos por la noche y su imagen corriendo por el bosque?

—¿¡Qué!? ¿Cuántos días llevas aquí acampado? —reclamó Kelsey.

—Oh, acampar solo esta noche. Quería grabar piezas en la localización. Le da un tono más realista. Me has jodido la parte final, por cierto.

—¿Cómo has conseguido las imágenes entonces? —preguntó Abi.

—Tecnología, baby —dijo con aire socarrón en un intento de aparecer seductor—. Instalé cámaras de fototrampeo hace dos semanas. Hoy he recogido las tarjetas de memoria.

—¿¡Has instalado cámaras en mi parque!? —Kelsey se enojaba por momentos.

Abi vio la oportunidad que necesitaban.

—¿Puedes enseñarnos lo que tienes? No tengo la menor idea de qué es el Wendigo.

—Estás quedándote conmigo, ¿no? —Abi negó con un gesto de indiferencia— La bestia sobrenatural en la que los hombres se convierten como castigos por sus perversiones y vaga por el bosque reclamando víctimas para saciar su hambre eterna de carne humana.

¿En serio no has oído las historias antes de venir aquí?

—Abi negó nuevamente y Tim resopló indignado.

Se aclaró la voz y asumió su tono de locutor— Según las leyendas, el Wendigo recorre el bosque con un viento frío de invierno que le precede y oculta el olor a putrefacción que desprende.

Incluso en el calor del verano, sentirás su gélida presencia.

Este monstruo de tres metros de alto y cornamenta de ciervo camina como un cadáver viviente, los huesos sobresalen de la piel desecada y su corazón es puro hielo.

Las cuencas de sus ojos están hundidas y sus ojos te persiguen con su brillo espectral.

Sus colmillos amarillos están cubiertos de sangre, al igual que sus garras con las que despedaza brutalmente a sus víctimas en medio del bosque.

Su aullido causa terror a cualquier criatura.

Es el mejor cazador, el ápex predator , cuya hambre nunca podrá ser saciada.

Mientras más carne devora, más atroz es su apetito.

Es su castigo eterno. Una maldición de los nativos americanos.

¿No lo has oído antes? Lo grabé para el anuncio de este programa.

—Me temo que no. No soy muy creyente en general para este tipo de historias —respondió Abi.

—¡Lo flipo! Ya veo, eres de esas que si la ciencia no lo prueba, no creen en nada, ¿no?

Pues vas a alucinar —anunció Tim sacando su ordenador— hoy vas a convertirte en una fan más y me vas a dar las gracias por abrirte los ojos a la verdad.

Este es el sonido del Wendigo por la noche.

La imagen está borrosa porque la función de infrarrojos tiene mala calidad, pero escuchad.

Kelsey se sentó al otro lado de Tim. Los tres escucharon con atención unos gritos y gruñidos en el bosque. Unas ramas sobre los árboles se agitaban en la oscuridad. Nada más sucedió.

—Eso no es prueba de nada —adujo Kelsey.

—Key, fíjate en la fecha estampada en la imagen —la mano de Abi alcanzó el hombro de Kelsey, apretando impulsivamente.

—Es la noche siguiente… —murmuró Kelsey— ¿Qué más tienes, Tim? Dijiste que lo viste correr.

—Aún no he visionado todos los clips, pero en este no podéis negar que la bestia está persiguiendo algo.

Al darle al play vieron una figura atravesando los árboles a toda prisa entre la hojarasca.

—A decir verdad, eso podría ser cualquier animal, Tim —comentó Abi—. ¿Podrías continuar con los videos posteriores al del alarido?

Juntos visualizaron los cinco clips siguientes. En el último de ellos, ya de madrugada, una sombra roja se alejaba torpemente, dejándose caer en los árboles.

—Key, esa es la sudadera de Erin…

—Está viva…

* * *

La combustión de adrenalina entraba en conflicto con la frialdad del suelo. Abi se giró por enésima vez. Kelsey abrió la cremallera de su saco y procedió con el de Abi.

—Ven aquí —le ordenó, agarrándola por la cintura hasta pegarla contra ella dentro de su saco.

El calor que Kelsey desprendía reactivó su circulación. Abi buscaba la postura perfecta para aprovechar la temperatura corporal de Kelsey cuando esta le susurró al oído.

—Quítatelo —dijo enganchando la mano en la cinturilla del pijama—. Hay una forma más rápida de que entres en calor — un escalofrío recorrió el cuerpo de Abi de la cabeza a los pies y regresó provocando una ola abrasadora—. Si quieres… —añadió Kelsey ante su pausa para asimilar la proposición.

Abi maniobró con dificultad para deshacerse de las mallas con las pulsaciones aceleradas por el simple roce de sus piernas desnudas con las de Kelsey y su mano sobre el abdomen.

—Sabía que te gustaría el plan —murmuró sigilosa acariciando su oreja con los labios—. Ahora sé una buena chica y no hagas ruido o pararé.

La mano de Kelsey se deslizó entre su ropa interior, aventurándose entre sus muslos. Abi se concentró en la respiración acelerada de Kelsey junto a su oído y abrió ligeramente las piernas para facilitarle el acceso.

A un ritmo agónico y cadencioso con la yema de los dedos, Kelsey la convirtió en una lengua de lava, reptando candente hacia su liberación mientras luchaba por contener los gemidos que amenazaban con escapar de su garganta.

Con la otra mano, Kelsey cubrió su boca para ayudarla en su intento de permanecer callada.

—No seas avariciosa, sé que estás aguantando —dijo Kelsey con voz entrecortada—. Podemos repetir las veces que quieras. Déjate llevar, Abi…

Abi esperaba que Kelsey aumentase la velocidad y emitió un quejido cerrando los ojos.

—Iba en serio lo de parar —amenazó Kelsey con picardía—, tendrás que esperar a mañana.

Abi se removió en protesta para diversión de Kelsey.

—Está bien. Última oportunidad, Abi —pegó sus labios para susurrar en un atisbo de voz—. Ahora.

El cuerpo de Abi se tensó y, por un instante, dejó de respirar. Al relajarse, cayó profundamente dormida.