Capítulo 18. #2
—Esto debería de haber sido acordado bajo votación, al menos, no como una medida dictatorial —dijo a pesar de ser consciente de que el resultado habría sido el mismo.
—Creo que estamos todos de acuerdo que será beneficioso para Beaumont —aseguró Armand—.
Y tengo que admitir que me hace mucha ilusión que mi cumpleaños sea el día en el que le pase el bastón de mando a Mary Jane.
Lo que me lleva al siguiente y último punto del orden del día, anuncios varios y cambios de personal.
Buck, aún de pie, dio dos palmadas en el hombro del superintendente.
Rick correspondió con una sonrisa y Doug comentó algo entre ellos en voz baja.
Kelsey los observaba sin ocultar su desaire.
El perfume almendrado de Mary Jane unido a la sombra sobre ella la obligó a girar la cabeza.
Mary Jane apoyaba una mano en su butaca, mirando hacia los tres hombres en una clara señal de que sabía qué había estado haciendo.
—No quiero que pienses que fue algo personal, pero no voy a negar que disfruté redactando el siguiente punto. No lo mereces, Key. No insistas —susurró antes de marcharse.
Kelsey miró de reojo el movimiento en el pasillo, Buck también se marchaba y Spencer terminaba de hablar. Algunos aplausos siguieron al anuncio. Doug Landry estaba en pie. Adelaide y Nora tenían su atención en Kelsey, aturdida con lo que acababa de suceder.
—¡Gracias! —exclamó el Sheriff— Será todo un honor reemplazar a mi amigo Rick en la supervisión de Wawasayg y las ocho zonas naturales protegidas del condado de Lester.
Quiero agradecer al Ministerio de Recursos Naturales y, en especial, a este ayuntamiento, el apoyo a mi candidatura.
Y —se volvió satisfecho hasta el público— ahora que mi nombramiento es oficial, me gustaría anunciaros que la mina va a patrocinar el centro de visitantes del lago Walleye que tanto necesitábamos.
Buck y Osprey Mining & Co apuestan por la mejora de Beaumont y la conservación de su naturaleza.
—Enhorabuena por tu nuevo jefe —alguien, una mujer, se dirigió a Kelsey.
Kelsey salió a trompicones hasta el pasillo, empujando la puerta del salón de actos con fuerza y con la única idea en mente de llegar al exterior y respirar aire fresco.
Las alarmas que anunciaban el fin de la clase saltaron a su paso, el correteo de los estudiantes en tropel la siguieron hasta alcanzar la puerta principal.
Se echó a un lado y tomó una bocanada de aire, clavando las manos en la cintura.
El ruido del gentío bajando las escaleras exteriores en una mezcla de alumnos y vecinos la alertó y recuperó una posición aparentemente calmada.
Saludó con la cabeza a varios asistentes y, al seguirlos con la mirada, divisó la camioneta de Jeremy parada frente al instituto.
Junior bajó del vehículo y cruzó renqueante la acera para reunirse con su abuelo, quien conversaba agitadamente con Mary Jane.
En cuanto Junior los alcanzó, la camioneta se marchó.
Kelsey se acercó para averiguar qué asunto alteraba tanto a Buck Terrance, un hombre de negocios que jamás había levantado la voz en público.
—¡Kelsey, hola! —Steve se interpuso entre el grupo y ella.
—¿Qué pasa, Steve? —preguntó por cortesía mirándolo brevemente.
No recordaba haber visto a Steve en el salón de actos y tampoco tenía ganas de socializar.
El grupo fijaba su mirada en la entrada del instituto, Rick tenía alguna desavenencia con Armand.
El director, Richard Wilkins, apareció con el Sheriff tras ellos y amonestó al alcalde por encender un cigarrillo.
Doug lanzó una carcajada cuando su hermano apagó la colilla en la placa de la entrada y se alejó hasta llegar al coche patrulla en la calle.
—Tengo aquí la crema que me pediste —Steve sacó una pequeña bolsa de su bandolera—. Supongo que ya tienes experiencia en cómo aplicarla, pero si experimentas cualquier tipo de picazón avísame. Podría estar causando una reacción alérgica.
Kelsey le dirigió su atención y tomó la bolsa.
—¡Gracias! Se me había olvidado.
Mary Jane se dirigió hacia su coche en el aparcamiento con aire de enfado. El claxon del coche patrulla sonó al pasar a su lado y se volvió para despedir a su tío.
—No te olvides de ponértela. Es muy común que las heridas abiertas en el campo se infecten —Steve señaló hacia el apósito que Abi le colocó en el brazo—. Continúa cuidándotelo así.
Kelsey siguió los movimientos de Mary Jane y volvió a mirar hacia Buck y Junior. Steve se giró para averiguar a quién miraba.
—Precisamente tengo que continuar con las entregas con el señor Terrance, si me disculpas… Oh —volvió sobre sus pasos—, ¿podrías compartirla con tu padre? Me la pidió por una mordedura de perro, pero esta semana he vendido todas las que tenía y hasta el jueves que viene no me llegan más.
—Sin problema, Steve. ¡Gracias de nuevo!
—¡No hay de qué, Key! Tu farmacéutico favorito, siempre a tu servicio —añadió nervioso.
Steve se aligeró hasta Buck y Junior, interrumpiendo su conversación y entregando la bolsa de medicamentos. Kelsey aprovechó para marcharse antes de que alguien reparara en ella.